La inteligencia de un loro suele despertar admiración. Mucho menos frecuente es preguntarse qué supone convivir cada día con un animal capaz de recordar rutinas, anticipar situaciones, reclamar atención o frustrarse cuando su entorno deja de ofrecerle estímulos.

Cristina Mora de Aragón, veterinaria especializada en animales exóticos y directora veterinaria de Kivet Parque Corredor, sabe que muchas veces el problema empieza precisamente ahí: “en mirar al loro por lo que hace y no por lo que necesita”.

Porque detrás de una palabra aprendida, una llamada de atención o un comportamiento que sorprende a la familia hay un animal con una forma propia de comunicarse.

En la práctica clínica, esas señales abren muchas preguntas sobre la convivencia, desde un loro que empieza a gritar sin motivo aparente hasta otro que cambia de actitud o deja de interactuar como antes. Entender qué hay detrás de esos cambios es, para Mora de Aragón, una parte esencial del cuidado de estas aves.

"Hay un aspecto que muchas veces se pasa por alto: su longevidad"

-¿Qué es lo primero que suele descubrir alguien cuando empieza a convivir con un loro y que probablemente no esperaba?

-Lo que más sorprende es que un loro no es una mascota independiente. Son animales con una vida emocional y cognitiva muy compleja, con unas necesidades sociales enormes. Necesitan interacción diaria de calidad, estímulos constantes y una rutina estable.

Cristina Mora de Aragón es veterinaria especializada en animales exóticos. Foto: Cedida/La Vanguardia

Además, hay un aspecto que muchas veces se pasa por alto: su longevidad. Algunas especies pueden acompañarnos durante varias décadas, por lo que convivir con un loro implica asumir un compromiso a muy largo plazo. No es una decisión puntual, sino una relación que puede acompañar a una persona durante una parte muy importante de su vida.

-Muchas personas se fijan en que hablan, imitan sonidos o interactúan con ellas. ¿Se suele conocer más la parte llamativa del loro que la realidad del animal?

-Sí, ocurre con frecuencia. La capacidad de hablar o imitar sonidos es probablemente lo que más llama la atención, pero es solo una pequeña parte de lo que son. Detrás de esa conducta hay un animal con una inteligencia enorme y con unas necesidades muy concretas.

Cuando alguien se queda únicamente con esa faceta más divertida o sorprendente, puede pasar por alto que esa misma inteligencia requiere enriquecimiento, interacción, estabilidad y una convivencia adaptada a sus características. El problema aparece cuando la imagen que tenemos del loro no coincide con el animal que realmente tenemos delante.

-Siempre se habla de la inteligencia de los loros. ¿Cómo se manifiesta en el día a día?

-Se nota constantemente. Son capaces de aprender rutinas, reconocer a las personas con las que conviven, anticipar situaciones y comunicarse a través de vocalizaciones y de un lenguaje corporal muy elaborado. Pero esa inteligencia también implica una responsabilidad.

Un loro necesita tener la mente ocupada, explorar, jugar, relacionarse y encontrar estímulos adecuados. Cuando no tiene esa posibilidad, pueden aparecer frustración, gritos excesivos, destrucción de objetos o incluso conductas dirigidas hacia sí mismo. La inteligencia no es el problema. El problema aparece cuando no sabemos responder a ella.

"Muchas familias pasan muchas horas fuera de casa y un loro no lleva bien la soledad prolongada"

-¿Qué conductas deberían hacer sospechar a un tutor que su loro no está bien?

-Hay señales que todavía se interpretan como algo normal y no deberían serlo. La más conocida es arrancarse las plumas: nunca es una conducta normal y suele indicar que existe un problema de estrés, aburrimiento o incluso de salud.

También debemos prestar atención a los gritos constantes, a los movimientos repetitivos, a los cambios bruscos de comportamiento o a una agresividad que aparece de repente. Muchas veces pensamos que el animal se ha vuelto "malo" o que tiene mal carácter, cuando en realidad está intentando comunicar que algo ocurre.

-¿Un loro puede encajar en una vivienda actual, con horarios laborales, vecinos y poco tiempo disponible?

-Puede hacerlo, pero hay que ser muy conscientes de lo que implica. Los loros son animales muy vocales, especialmente en momentos concretos del día como el amanecer y el atardecer. Esa comunicación forma parte de su naturaleza, pero en un piso puede convertirse en un problema de convivencia.

También está la cuestión del tiempo. Muchas familias pasan muchas horas fuera de casa y un loro no lleva bien la soledad prolongada. Necesita interacción, compañía y estímulos. No basta con que la casa sea segura; tiene que ser un entorno donde pueda desarrollar sus comportamientos naturales.

-¿Cuál es el error más habitual al convivir con un loro?

-Pensar que sus necesidades se cubren con una jaula adecuada, una alimentación correcta y algunos juguetes. Todo eso es importante, pero no es suficiente. Un loro necesita formar parte de la vida de la familia, tener momentos de interacción, salir de la jaula, explorar y recibir estímulos variados.

También cometemos el error de interpretar sus comportamientos desde nuestra perspectiva humana sin intentar entender primero qué nos está comunicando el animal.

Los loros son animales longevos, que pueden acompañarnos varias décadas. Foto: Pixabay

-En consulta, ¿encuentran más problemas físicos o problemas relacionados con la forma en la que viven?

-Cada vez vemos más casos en los que el entorno tiene un papel importante. Muchos problemas de comportamiento están relacionados con falta de estímulos, estrés o una rutina poco adecuada. Además, algunas alteraciones físicas pueden estar relacionadas con factores como una mala alimentación o un estrés mantenido en el tiempo.

El bienestar de un loro no depende únicamente de tratar una enfermedad cuando aparece sino de entender cómo vive ese animal cada día.

-¿Qué le diría a alguien que quiere convivir con un loro porque le fascina que hable, aprenda palabras e interactúe con las personas?

-Le diría que esa parte es fascinante, pero que es solo una pequeña parte de la historia. Son animales con una capacidad enorme para aprender, comunicarse y crear vínculos, pero precisamente por eso necesitan mucho de nosotros. Mucha gente quiere un loro porque habla e imita sonidos, pero olvida que también necesita una vida a la altura de su inteligencia.

Antes de dar ese paso hay que preguntarse si tenemos tiempo, si nuestro estilo de vida encaja con sus necesidades y si estamos preparados para un compromiso que puede durar muchos años. Un loro puede ser un compañero extraordinario, pero no es un animal adecuado para cualquier hogar.

Por Pau Allué, La Vanguardia.