Durante décadas, un árbol de crecimiento rápido fue presentado como una solución para producir madera barata en menos tiempo. Su expansión avanzó con fuerza por Galicia y otros puntos del noroeste de España.
El negocio forestal creció, pero el cambio tuvo un costo menos visible. Una investigación realizada en 240 parcelas detectó que la presencia de aves disminuía a medida que aumentaba la superficie ocupada por estas plantaciones.
El árbol que prometía madera barata y terminó vaciando de aves los bosques de España
El eucalipto ocupa cerca del 30% de la superficie forestal del noroeste español. Su crecimiento veloz y su adaptación a distintos suelos lo volvieron atractivo para la industria de la madera, la celulosa y el papel, que puede cosecharlo en plazos más cortos que muchas especies autóctonas.
Ese rendimiento cambió el paisaje gallego. Donde antes predominaban robles, castaños y formaciones mixtas, avanzaron explotaciones dominadas por Eucalyptus globulus y Eucalyptus nitens. No son bosques surgidos durante décadas, sino cultivos forestales manejados para producir madera.
Fernando García-Fernández, María Vidal y Jesús Domínguez, de la Universidad de Santiago de Compostela, y Adrián Regos, del CSIC, midieron qué ocurría con las aves. Realizaron conteos y evaluaron la vegetación en 240 parcelas de bosques nativos y eucaliptales del noroeste de la Península Ibérica.
El árbol que prometía madera barata y terminó vaciando de aves los bosques de España.
Los resultados no mostraron una diferencia menor. La riqueza de especies y la abundancia fueron significativamente más bajas en las plantaciones. Además, los eucaliptos grandes no cumplieron la misma función que los árboles autóctonos maduros, decisivos para las aves especializadas en ambientes forestales antiguos.
Un roble viejo puede ofrecer grietas, huecos, corteza rugosa y ramas a distintas alturas. Allí encuentran refugio los insectos y aparecen cavidades que algunas aves usan para criar. En una plantación comercial, los ejemplares suelen cortarse antes de desarrollar buena parte de esa estructura.
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La diferencia también empieza en el suelo. Las hojas del eucalipto tardan en descomponerse y resultan poco aprovechables para numerosos invertebrados locales. Al caer la base de esa cadena alimentaria, disminuye el alimento disponible para las aves insectívoras.
En las Fragas do Eume, uno de los bosques atlánticos mejor conservados de Galicia, también se detectaron cambios físicos, químicos y microbiológicos en suelos ocupados por eucaliptos. El efecto alcanza a los microorganismos y a los procesos que sostienen la fertilidad del terreno.
La solución que permite conservar parte de la producción.
Tener arbustos debajo de los árboles tampoco resolvió el problema. El estudio comprobó que incluso un sotobosque desarrollado dentro de las plantaciones ofrecía un apoyo limitado para las aves generalistas. La vegetación baja aportaba cobertura, pero no reemplazaba los recursos de un bosque nativo maduro.
La solución que permite conservar parte de la producción
Los autores no plantearon talar de inmediato todos los eucaliptales. Propusieron dejar franjas sin manejo dentro de las explotaciones, donde puedan crecer árboles autóctonos, arbustos y vegetación espontánea.
Esos corredores sumarían alturas, refugios, insectos y sitios de alimentación sin detener por completo la actividad forestal. También permitirían que algunos árboles envejezcan, formen cavidades y recuperen funciones que desaparecen cuando toda la parcela se corta con el mismo calendario.
La recomendación coincide con una discusión abierta desde hace años. En 2017, el Comité Científico español aconsejó incluir varias especies naturalizadas de Eucalyptus en el catálogo de exóticas invasoras y extremar la precaución ante nuevas plantaciones.
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