La soledad no deseada es un desafío después de los 60 años pero, muchas veces, la preferencia por el aislamiento (no cotidiano, sino esporádico) es una decisión personal por incomodidad. El testimonio de un lector invita a reflexionar sobre cómo uno cambia y, al mismo tiempo, el entorno también, para transformarse en algo distinto a lo que conoce.

En el mismo, la persona de 64 años indica que después de cancelar planes durante tres fines de semana seguidos, tuvo que afrontarlo: no estaba agobiado ni cansado, sino que se está "aislando", y el mundo que antes le era común y por el que solía moverse con facilidad, ahora le parece un lugar en el que no encajo del todo.

En la reflexión, publicada en un artículo del sitio Bolde, cuenta cómo de a poco se dio cuenta de que en conversaciones con su familia, se "quedaba afuera", tal como se dice cuando uno no puede seguir el ritmo ni entiende de lo que hablan.

Una confesión a los 64 años: "No estoy agobiado ni cansado, me estoy aislando". Foto: Shutterstock.

Asegura que se sorprendió por primera vez en la boda de su sobrina el año pasado, cuando en una mesa donde la conversación era amena y fluida, "se desarrollaba en una dirección a la que no podía unirme del todo", sintetizó.

Dijo que, por esta falta de entendimiento, se rió cuando todos lo hicieron y que volvió a sentirse la joven tímida de las fiestas de décadas atrás, algo que no esperaba hacer en una mesa llena de su propia familia.

"No estoy agobiado ni cansado: me estoy aislando"

La persona que cuenta lo ocurrido, comienza su relato diciendo que canceló planes los fines de semana, pero no porque estos sean poco atractivos, de hecho, destaca que habían sido pactados con gente interesante.

Los primeros dos fines de semana buscó los primeros motivos que se le ocurrieron para hacerlo, pero en el tercero "ni siquiera me molesté en inventar una excusa", definió.

Siguiendo con la reflexión acerca de la boda de su sobrina, entendió que antes se sentía que encajaba y "conocía las costumbres sin que me las enseñaran", pero que ahora se sorprendió sintiéndose ajena, buscando señales e imitando a la gente que lo rodea.

Un testimonio afirma que "el mundo por el que solía moverme con facilidad ahora me parece un lugar al que no encajo del todo". Foto: Shutterstock.

"El mundo no se ha movido. Soy yo quien se ha convertido en un visitante", destaca. Entonces, dice que la opción de no hacer planes cada vez le suena más lógica y segura. "Quedarme en casa ya no me exige nada: es la noche tranquila, el sillón cómodo, acostarme temprano", detalla.

Para esta persona, que pone en palabras lo que mucha gente post 60 años siente, salir exige más de lo que está dispuesto a pagar. Por ejemplo, prepararse, el viaje de ida y vuelta (sin más ganas de manejar de noche), y estar siempre disponible para charlas en las que no se siente cómodo.

Las sentidas palabras indican que se está "retirando" del mundo que pasó seis décadas, ya que este empieza a sentirse como un lugar de visita en lugar de un lugar conocido donde vive. "Y nada de esto parece un problema, se siente razonable", reflexiona.

La reflexión acerca de un sentimiento común después de los 60

Este sentimiento de sentirse ajeno a las nuevas costumbres, las charlas de gente más joven o sobre figuras que uno no conoce, es algo que se da comunmente con los cambios generacionales, donde la incomodidad tiende a ganar espacio en la vida de las personas. Así, mucha gente prefiere sentirse cómoda en su hogar que interactuar en un mundo que le parece extraño.

Asegura que no puede precisar el día en que notó el cambio, pero sí analiza que no fue de un momento al otro. "En estos últimos años, el mundo en el que siempre había sabido desenvolverme empezó a regirse por reglas que nadie me había impuesto", destacó.

Por último, también analizó por qué tampoco surgen planes en su casa, cuando antes solía -casi- permanentemente tener invitados. "En algún momento dejé de enviar las invitaciones y nadie dijo nada. El círculo se va reduciendo, aunque nunca de forma que se note de una semana a otra", concluyó.