Hace unos 14.400 años, en el Paleolítico Superior, un pequeño grupo de cazadores-recolectores se adentró en una cueva del norte de Italia acompañado por un cánido. La travesía quedó registrada en huellas fosilizadas, rastros de carbón y marcas conservadas en el interior de la cueva de Bàsura, uno de los yacimientos prehistóricos más importantes de Europa.

Ahora, una nueva investigación permitió reconstruir cómo lograron desplazarse por la oscuridad absoluta de ese entorno subterráneo. Lejos de utilizar grandes antorchas, los exploradores recurrieron a un sistema mucho más simple y eficiente: pequeñas ramas de pino encendidas.

El hallazgo aporta información inédita sobre las capacidades técnicas y la organización de los grupos humanos del Paleolítico Superior. También muestra que estos exploradores conocían perfectamente los recursos necesarios para moverse con seguridad en espacios complejos y sin iluminación natural.

Qué encontraron en la cueva que permitió reconstruir todo

La investigación se centró en la cueva de Bàsura, ubicada cerca de Toirano, en la región italiana de Liguria. Allí se conservan huellas humanas, rastros de un cánido, marcas de carbón en paredes y techos, además de restos de osos de las cavernas.

Estudios anteriores ya habían determinado que el grupo estaba formado por dos adultos, un adolescente y dos niños que avanzaron varios cientos de metros dentro de la cueva durante una única expedición ocurrida al final de la última glaciación.

La investigación se centró en la cueva de Bàsura, ubicada cerca de Toirano, en la región italiana de Liguria. Foto: EFE/cedida por Maxime Aubert.

La novedad surgió a partir del análisis de 56 fragmentos de carbón encontrados en la llamada Sala de los Misterios. Los investigadores comprobaron que más de la mitad pertenecían a pinos silvestres o especies similares y que procedían principalmente de ramas jóvenes de pequeño diámetro.

Ese dato cuestionó la antigua idea de que los habitantes prehistóricos utilizaban grandes antorchas para internarse en las cuevas. Para verificar la hipótesis, el equipo realizó experimentos en otra cueva con condiciones ambientales semejantes.

Los resultados mostraron que las pequeñas ramas de pino proporcionaban suficiente luz para desplazarse con seguridad y generaban menos humo que las antorchas de gran tamaño.

Cómo funcionaban exactamente esas pequeñas ramas encendidas

Los experimentos permitieron entender con bastante precisión cómo funcionaba este método de iluminación utilizado hace más de 14 milenios.

Entre los principales hallazgos se destacan:

Las ramas utilizadas tenían entre uno y tres centímetros de diámetro.

  • Procedían principalmente de pino silvestre.
  • Dos fuentes de luz eran suficientes para iluminar a todo el grupo.
  • La visibilidad alcanzaba aproximadamente diez metros una vez adaptada la vista a la oscuridad.
  • Las llamas producían poco humo y menor deslumbramiento.
  • El recorrido completo habría durado cerca de dos horas.
  • Para la ida y vuelta se necesitaron alrededor de veinte ramas de unos treinta centímetros de largo.
  • El grupo estaba integrado por cinco personas y un cánido.

Según los investigadores, este sistema ofrecía ventajas prácticas en galerías estrechas, donde una antorcha grande podía resultar incómoda y consumir más oxígeno.

El nivel de organización que nadie esperaba encontrar

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es el nivel de planificación que revela. Los experimentos mostraron que la disposición más eficiente consistía en ubicar una luz cerca del frente del grupo y otra en la parte posterior. De ese modo, todos podían orientarse mejor durante el recorrido.

Los participantes de las pruebas también comprobaron que avanzar en fila y mantener contacto con la persona de adelante facilitaba la circulación por los sectores más estrechos y oscuros de la cueva.

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es el nivel de planificación que revela. Foto: EFE / INAH

El análisis del polen encontrado en los sedimentos permitió además reconstruir el paisaje exterior de la época. Los investigadores identificaron un entorno dominado por vegetación de estepa y bosques dispersos de pinos, una fuente accesible de combustible para estas incursiones subterráneas.

Aunque todavía se desconoce qué motivó exactamente aquella expedición, la investigación ofrece una imagen mucho más concreta de cómo vivían y se organizaban estos grupos humanos.

Las pequeñas ramas carbonizadas halladas en la cueva revelan que los habitantes del Paleolítico Superior no improvisaban sus desplazamientos bajo tierra: contaban con conocimientos precisos sobre iluminación, movilidad y aprovechamiento de los recursos disponibles en su entorno.