Los gatos tienen una particularidad que puede jugar en su contra durante los meses de calor: rara vez muestran de forma evidente que algo no va bien. Pueden dormir más, buscar rincones frescos o cambiar sus rutinas sin que eso signifique necesariamente un problema. La dificultad está en distinguir cuándo simplemente se están adaptando al verano y cuándo están intentando avisar de que necesitan ayuda.

Para Eva Sánchez-Paniagua, veterinaria de Clinicanimal, la respuesta está en mirar más allá de los cambios evidentes. Un gato no siempre avisa con señales claras, y por eso conocer su comportamiento habitual resulta clave para detectar cuándo algo se sale de la normalidad. En verano, explica para La Vanguardia, cuidar bien de un felino pasa por ofrecerle opciones y entender sus necesidades, no por imponer soluciones.

En verano muchos gatos cambian sus rutinas: duermen más, juegan menos o buscan zonas frescas. ¿Cómo puede saber un cuidador si simplemente se están adaptando al calor o si hay algo que debería preocuparle?

Es normal que durante los meses de calor los gatos reduzcan su actividad, duerman más horas o busquen superficies frescas donde descansar. Si siguen comiendo, bebiendo, utilizando el arenero, acicalándose y respondiendo a estímulos habituales, lo más probable es que estén adaptándose a las altas temperaturas.

Es normal que durante los meses de calor los gatos reduzcan su actividad, duerman más horas.

Lo que debe alertarnos es un cambio respecto a su comportamiento normal: que estén más apáticos, se escondan más, pierdan el apetito o aparezcan signos como debilidad, vómitos, respiración acelerada, babeo o jadeo. En gatos, respirar con la boca abierta no debe considerarse una forma normal de combatir el calor y requiere atención veterinaria. La clave está en conocer cómo es cada animal cuando está bien. Un gato que tiene calor puede cambiar sus hábitos, pero sigue conectado con su entorno.

Muchas personas intentan ayudar a sus gatos a refrescarse en verano. ¿Qué medidas, aunque se hagan con buena intención, pueden no ser adecuadas?

Uno de los errores más frecuentes es intentar refrescar al gato como haríamos con una persona: mojarlo entero, meterlo en la ducha o aplicar frío intenso. Para muchos gatos esto supone estrés y no siempre les ayuda. Tampoco es recomendable utilizar hielo directamente sobre el cuerpo, hacer baños con agua muy fría o rapar el pelo sin una indicación veterinaria. El manto felino cumple una función protectora y participa en la regulación de la temperatura. Con los gatos suele funcionar mejor ofrecer que imponer. Agua fresca, zonas de sombra, ventilación suave y libertad para elegir dónde estar suelen ser las mejores herramientas.

Una ventana segura y fresca puede convertirse en una fuente diaria de estimulación en verano.

El calor suele hacer que muchos gatos reduzcan su actividad. ¿Cómo debería adaptarse el juego durante los meses de verano?

Conviene ajustar tanto el momento como la intensidad. Las mejores horas suelen ser a primera hora de la mañana o al final del día, cuando la temperatura es más agradable. Es preferible hacer sesiones más cortas y utilizar juegos que estimulen su comportamiento natural de caza, como cañas, juguetes ligeros, juegos de búsqueda o dispensadores de alimento. El objetivo no es agotarlo, sino mantenerlo activo física y mentalmente de forma segura. Si pierde interés, se aleja, se tumba o empieza a respirar más rápido de lo habitual, es momento de parar.

Para Eva Sánchez, veterinaria, los gatos modifican sus rutinas con el calor

A muchos gatos les cuesta beber agua. ¿Qué puede ayudar a mejorar su hidratación en verano?

Lo más eficaz suele ser facilitarles el acceso al agua y hacerla más atractiva. Colocar varios bebederos en zonas tranquilas, alejados del comedero y del arenero, y renovarla con frecuencia puede ayudar. Muchos gatos prefieren recipientes anchos y bajos, donde los bigotes no rocen los bordes. Las fuentes también pueden funcionar bien porque el movimiento del agua despierta su interés, aunque deben mantenerse siempre limpias. El alimento húmedo, siempre que sea adecuado para su dieta y estado de salud, también puede contribuir a aumentar la ingesta de líquidos. Lo importante es no forzarles.

Para preparar la casa en verano, ¿qué necesita realmente un gato y qué cosas son más prescindibles de lo que pensamos?

No hace falta llenar la casa de accesorios. Lo importante es que tenga agua disponible, lugares tranquilos y zonas frescas donde pueda descansar. Medidas sencillas como bajar persianas en las horas de más sol, ventilar a primera hora o por la noche y permitirle acceder a las habitaciones más frescas suelen ser más útiles que muchos productos. También es fundamental revisar ventanas, balcones y terrazas. En verano aumentan las aperturas y con ellas el riesgo de caídas o escapes.

En hogares con varios gatos, ¿puede el calor modificar la convivencia entre ellos?

Sí, porque durante el verano algunos recursos de la casa pueden ganar importancia. Las zonas frescas, los lugares elevados, las sombras o los puntos de agua pueden convertirse en espacios más valiosos y generar tensión si no hay suficientes. Además, los conflictos no siempre aparecen en forma de peleas. A veces son más discretos: un gato que bloquea el paso al otro o que ocupa siempre la zona más cómoda. La prevención pasa por repartir los recursos y permitir que cada gato tenga sus propios espacios de descanso. Que dos gatos prefieran dormir separados no significa necesariamente que exista un problema entre ellos.

¿Cómo deben utilizarse el aire acondicionado y los ventiladores para que ayuden al gato y no le generen molestias?

Pueden ser herramientas útiles, siempre que el gato pueda elegir. No conviene dirigir el aire frío directamente hacia él ni obligarle a permanecer en una zona concreta. Lo ideal es mantener un ambiente estable y confortable, con posibilidad de acceder a espacios con diferentes temperaturas. También hay que observar su comportamiento. Si evita una habitación, se muestra incómodo o cambia sus rutinas, probablemente haya que ajustar la intensidad o la ubicación del aparato.

Fuente: Pau Allué / La Vanguardia