Cuando se piensa en una buena combinación gastronómica, la mayoría de las personas presta atención al vino, la cerveza o las gaseosas. Sin embargo, el agua también tiene características que pueden influir en la percepción de los sabores, en la sensación que deja una comida y en el impacto en el organismo cuando se comen alimentos grasos.

La catadora de agua y sommelier española Carmen Garrobo aseguró que no todas las aguas son iguales y que algunas resultan más adecuadas para determinados alimentos, especialmente aquellos que contienen una alta cantidad de grasa.

Según la especialista, las aguas con mayor mineralización, es decir, aquellas que contienen más calcio, magnesio y otros minerales, poseen más "cuerpo" y "estructura". Estas características ayudan a limpiar el paladar después de cada bocado y permiten volver a percibir con mayor intensidad los sabores de la comida.

Qué agua conviene tomar con comidas grasosas

Garrobo explicó que, si una persona no consume alcohol y elige beber agua durante una comida abundante o grasosa, debería optar por una variedad más mineralizada.

Algunos restaurantes de alta gama ya cuentan con cartas especializadas de agua. Foto: AP

Las aguas con mayor presencia de minerales generan una sensación más intensa en la boca y ayudan a eliminar la película grasa que dejan algunos alimentos, como:

  • Carnes asadas.
  • Hamburguesas.
  • Quesos curados.
  • Empanadas fritas.
  • Pastas con salsas cremosas.
  • Comidas rápidas y frituras.


Por el contrario, las aguas de mineralización débil o muy suaves suelen ser ideales para beber a lo largo del día o para acompañar platos más livianos, ya que tienen un sabor más neutro y menos persistente.

Por qué el agua tiene sabor

Aunque muchas personas creen que el agua es completamente insípida, la realidad es que su sabor cambia según el origen y la composición mineral.

Los expertos explican que las diferencias dependen de factores como el tipo de suelo por el que circula, la cantidad de calcio y magnesio, la presencia de sodio y bicarbonatos y el proceso de filtrado y tratamiento.

Por ese motivo, dos aguas embotelladas diferentes pueden ofrecer sensaciones muy distintas en la boca. Algunas se perciben más ligeras y frescas, mientras que otras dejan una sensación más densa y persistente.

Según una experta española, no todas las aguas minerales son lo mismo. Foto: AFP

De hecho, en varios restaurantes de alta cocina ya existen cartas de agua, de la misma manera que hay cartas de vino. La intención es ofrecer distintas opciones según el plato elegido y lograr un mejor equilibrio entre la bebida y la comida.

Cómo elegir un agua según la comida

Los especialistas recomiendan algunas pautas simples para elegir el agua según la comida:

  • Para comidas grasosas: aguas con mayor mineralización y más cuerpo.
  • Para pescados o platos suaves: aguas ligeras y de mineralización débil.
  • Para degustaciones o catas: aguas neutras que no interfieran con los sabores.
  • Para el consumo diario: cualquier agua potable segura que se adapte al gusto de cada persona.

La conclusión de los expertos es que el agua mineral puede cumplir un rol similar al del vino en la gastronomía. Elegir la adecuada no solo ayuda a hidratarse, sino que también puede mejorar la experiencia de cada comida, limpiar el paladar y potenciar los sabores de los alimentos.