Mientras la mayoría de los adolescentes recién comienza la escuela secundaria, Alisa Pham ya obtuvo una licenciatura en Ciencias de la Computación y trabaja en proyectos de inteligencia artificial. Con apenas 14 años, la joven se convirtió en una de las graduadas universitarias más jóvenes del mundo y ahora tiene un objetivo claro: desarrollar tecnología que ayude a diagnosticar enfermedades y mejore la vida de las personas.
Desde muy pequeña, quienes la rodeaban advirtieron que tenía capacidades poco comunes. A los 3 años ya leía y escribía con fluidez. A los 6 comprendía conceptos avanzados de computación y programación básica.
Su camino universitario comenzó a los 9 años, cuando empezó a cursar materias universitarias de forma virtual. A los 12 años fue admitida en la Licenciatura en Ciencias de la Computación de la Universidad Tecnológica de Auckland (AUT), tras superar evaluaciones académicas y emocionales.
Los reconocimientos que recibió
Durante la carrera asistió a clases en modalidad híbrida y rápidamente se destacó por su rendimiento académico. “Ella tiene una mente naturalmente analítica y una disciplina rara. Es el tipo de estudiante que absorbe y aplica el contenido al instante”, declaró el profesor Tim Bell, referente en educación computacional en Nueva Zelanda.
La niña no se considera un “genio”, sino alguien muy curioso. Foto: Vietnam.VN
Mientras cursaba la carrera participó en proyectos de investigación sobre inteligencia artificial y aprendizaje automático. Esa experiencia definió el tema de su tesis, centrada en el uso ético de los algoritmos de IA.
Tras graduarse, diversos medios internacionales difundieron su historia y destacaron su logro como uno de los casos más llamativos de los últimos años. Además, el gobierno de Nueva Zelanda la mencionó durante una conferencia sobre educación como ejemplo del potencial de las nuevas generaciones.
También fue incorporada, junto con su hermana Vicky, a Mensa, organización que reúne a personas con un coeficiente intelectual excepcionalmente alto. Hoy colabora con investigadores del Canterbury Human Interface Lab (centro de investigación multidisciplinario) en el desarrollo de aplicaciones de inteligencia artificial con enfoque en la accesibilidad e inclusión digital.
Alisa y su hermana Vicky ingresaron a Mensa dentro del 1% de jóvenes con el CI más alto del planeta. Foto: Tuoi Tre
Una vida más allá de los estudios
Pese a sus logros académicos, Alisa asegura que lleva una vida similar a la de cualquier adolescente. En su tiempo libre disfruta dibujar, tocar el piano y jugar videojuegos, actividades que, según explica, la ayudan a equilibrar el estudio. No se considera un “genio”, sino alguien muy curioso. “Me gusta entender cómo funcionan las cosas. Creo que esa curiosidad me hizo aprender más rápido”, afirmó a la BBC News.
Actualmente combina investigaciones, estudios de posgrado, conferencias y colaboraciones en programas que promueven las carreras STEM entre niñas y jóvenes.
Después de graduarse fue aceptada en programas de maestría en inteligencia artificial y ciencia de datos. Su objetivo es desarrollar herramientas capaces de ayudar al diagnóstico de enfermedades mediante aprendizaje automático.
“Quiero usar la IA para mejorar vidas. La tecnología debe ser hecha para servir a las personas, no al revés”, afirmó. Además, participa en foros internacionales dedicados al desarrollo responsable y ético de la inteligencia artificial.
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