Las hormigas rojas parecen un elemento habitual del paisaje texano, pero su presencia en el estado tiene una historia marcada por el impacto ambiental, las pérdidas económicas y una larga batalla científica. Esta especie invasora llegó a Estados Unidos desde Sudamérica en la década de 1930 y, con el paso de los años, se convirtió en una de las mayores amenazas para Texas.

Las consecuencias todavía afectan a miles de residentes. Lucy, una niña que sufrió el ataque de dos hormigueros durante un campamento de verano en Austin, recibió más de 60 picaduras en cada pie. "Intenté mantener la calma, pero creo que empecé a llorar", recordó, según informó Kut News. Su madre, Meghan Goddin, describió el largo proceso de recuperación: "Pasaron varias semanas antes de que cesara la picazón y muchos meses para que desaparecieran las cicatrices físicas. Todavía estamos esperando que se desvanezcan las cicatrices psicológicas".

Durante décadas, la expansión de las hormigas rojas alarmó a autoridades, agricultores y científicos. Los insectos dañaban cultivos, provocaban cortocircuitos en equipos eléctricos, atacaban animales y, en casos poco frecuentes, podían causar reacciones fatales en personas. En 1998, el Servicio de Extensión AgriLife de Texas A&M calculó que esta plaga generaba pérdidas de 1.200 millones de dólares al año para los texanos.

Larry Gilbert, profesor de Biología Integrativa de la Universidad de Texas en Austin, estudia esta especie desde 1981. El investigador recordó que la presencia de hormigueros era prácticamente incontrolable. "Podrías cruzar Texas caminando sobre hormigas rojas", afirmó, según Kut News. "Definitivamente tendrías que ir saltando y brincando. No querrías quedarte parado ahí".

Los intentos para eliminar la plaga mediante insecticidas no dieron resultado. Además, varios de esos productos fueron retirados del mercado tras comprobarse su potencial cancerígeno. Frente a ese escenario, el equipo de Gilbert optó por una estrategia distinta.

Los insectos dañaban los cultivos y provocaban cortocircuitos en los equipos eléctricos. Foto: Robert Peck/U.S. Fish and Wildlife Service vía AP.

El método que ayudó a combatir la plaga

Durante un viaje a Brasil, el científico descubrió que las hormigas convivían con un enemigo natural: las pequeñas moscas fóridas. Estos insectos depositan sus huevos dentro de las hormigas, alteran su comportamiento y reducen su capacidad para buscar alimento. Ese hallazgo impulsó un proyecto de varias décadas para introducir cuatro especies de estas moscas en Texas.

Según informó Kut News, con el paso de los días, la larva se desarrolla en el interior del insecto hasta provocar su muerte. Además de reducir la cantidad de hormigas, la presencia de estas moscas altera el comportamiento de las colonias, ya que las obreras dejan de buscar alimento con la misma frecuencia para evitar los ataques.

A partir de ese descubrimiento, el equipo de Gilbert impulsó un proyecto que se extendió durante décadas para introducir cuatro especies de moscas fóridas en Texas. El objetivo no era eliminar por completo las hormigas rojas, una tarea que los especialistas consideran imposible, sino mantener su población bajo control.

La expansión de las hormigas rojas alarmó a las autoridades. Foto: Freepik.

Según Gilbert, los resultados comenzaron a notarse con el tiempo. "Recibimos felicitaciones de los ganaderos que nos dicen: 'Desde que llegaron las moscas, veo más codornices, empiezo a ver lagartijas'". Aunque el investigador reconoce que otros factores también pueden influir, sostiene que el método ayudó a moderar la expansión de la plaga.

La presencia de las hormigas continúa

A pesar de esos avances, las hormigas rojas siguen presentes en patios, parques y campamentos de verano. La entomóloga Wizzie Brown explicó que muchas colonias poseen varias reinas, lo que dificulta su eliminación. "Si una reina muere, hay otras", señaló.

Para quienes viven en Texas, Brown recomienda actuar con rapidez si pisan un hormiguero. "Lo primero que hacen es morderte, y se aferran con fuerza con sus mandíbulas. No puedes simplemente sacudirlas". También aconseja no rascar las pústulas que dejan las picaduras para evitar infecciones y recuerda una advertencia para quienes llegan al estado: "Si eres nuevo en Texas, ten cuidado por dónde pisas".