Candidatos “clave”, “naturales” y “por default”

La tensión preelectoral anima las roscas y reparte roles. La suerte del Gobierno sigue dependiendo del apoyo del PRO-macrismo. Un factor volátil para Milei que insiste en confrontar con el voto moderado. Mauricio Macri es el candidato “clave” -ni “natural” ni “por default”-, el único que merece esa categoría en la taxonomía del oficio.

Lo que decida sobre una postulación reordena el tablero. Necesita evitar que un colapso de Milei lo arrastre a él y a su partido, pero tampoco parece querer disputar en paridad con el Presidente, por ejemplo, en una PASO. No jugará si no tiene seguridad de ganar -no es un candidato para perder-.

Atento a este horizonte, Macri interrumpe esta semana sus responsabilidades FIFA en los Estados Unidos y regresa para estar el viernes en Mar del Plata. Importará mucho el recuento de adherentes de su fuerza. Es imaginable que estén Cristian Ritondo y María Soledad Martínez -autoridades del partido en el distrito Buenos Aires-.

No lo esperen a Diego Santilli, que actúa como un cripto-macrista desde el Ministerio del Interior. Ayuda a la distancia y responde a las demandas del partido, pero en la superficie es mileísta. El “Colorado” fue candidato el año pasado del PRO en coalición con La Libertad Avanza y ganó las elecciones, aunque por un pelo.

Rótulos odiosos

A Cristina de Kirchner le cabe la misma calificación odiosa que hizo su hijo sobre Kicillof como candidato "por default" en el acto del Parque Lezama. Si Axel lo es, también lo es Cristina, a quien el infante lanzó a la carrera presidencial. Estos extremos verbales encubren prejuicios que intoxican la interpretación.

La Argentina es el país de los "candidatos naturales" que nunca llegaron a mucho. Postulantes a quienes las encuestas y la publicidad ubican en la grilla por haber sacado turno para ocupar la candidatura. Candidato natural que nunca llegó fue, en el peronismo, Antonio Cafiero, que se gastó todo para ser presidente en 1989 pero fue víctima de una interna suicida en 1988. Tan suicida como lo fue la PASO bonaerense de 2015 entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez por la gobernación. A las PASO las carga el diablo.

Las primarias llevan demolidos dos proyectos en una década, el del peronismo en 2015, que estalló en divisiones que lo llevaron a la derrota ante Juntos por el Cambio, y en 2023, cuando una PASO letal hizo estallar a Cambiemos con la diferenciación entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta. Eligieron a la peor candidata, tanto que ni entró en un balotaje que tenían ganado desde 2021. Más errado no se consigue.

Destino fatal

Otro candidato natural que había sacado turno fue Eduardo Duhalde. En 1999 le tocaba en cumplimiento de un pacto de alternancia con Carlos Menem. Tampoco se le dio y fue derrotado por La Alianza UCR-FrePaSo de Fernando de la Rúa.

Siguió el radical Julio Cobos. Después de la proeza de la 125 caminaba por las peatonales del país con la banda presidencial ya colocada. Figuraba primero en las intenciones de voto en todas las encuestas para 2001. Ni entró en las PASO, y Cristina reeligió con mayorías chinas (por la desmesura).

Otro candidato natural fue Rodríguez Larreta, socio paritario de Mauricio Macri en el PRO, que han gobernado por 20 años la CABA en gloria y majestad. Habían ganado las elecciones de 2021 y tenía alfombrada la escalera al éxito. Quedó afuera en otra PASO letal en 2023.

Deciden los electorados, no la rosca

La centralidad de los candidatos "naturales" es producto de una discapacidad cognitiva de analistas y pollsters, que buscan profecías con la mirada puesta en las roscas y la puja de dirigentes en la cúpula de los partidos. Dejan de lado la otra dimensión de la política agonal: la identificación de los electorados con esa dirigencia.

Los electorados en la Argentina son estables contra viento y marea. Un análisis de las invariables de los últimos 43 años demuestra que más del 70% del voto se concentra en dos familias políticas que se han identificado con el pejotismo multimarca -PJ, Frente para la Victoria o Unión por la Patria, etc.- y la alianza que se acuñó en 2015 como Juntos por el Cambio, Cambiemos y otros lemas.

Esa representación mayoritaria no cambia y ha quedado cristalizada en las últimas elecciones con el 41% del no peronismo, hoy cautivo de Milei, y el peronismo, con 34%. Los candidatos "naturales" pescan en estos dos estanques mansos de votos y, hasta ahora, han fracasado en su representación.

En 2023 quedaron fuera de juego los candidatos Massa y Bullrich, dos aparatistas de la región metropolitana atados al sistema institucional y a los intereses de los 7 grandes distritos que deciden las elecciones -Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, CABA, Mendoza, Tucumán y Entre Ríos-.

De león a gatopardo

En aquellas elecciones, perdieron los candidatos de las grandes coaliciones. Pasaba por ahí Javier Milei, vio tirada en el suelo la bicicleta del balotaje, se subió y fue presidente con el voto de la coalición no peronista. Llegó a los 55,65%, con el apoyo del ala macrista de Cambiemos que le dio fiscalización, fondos, funcionarios y programas.

El mandato recibido fue que no ganase el peronismo, que en primera vuelta había quedado a 2,5 puntos de triunfar. Se inventó la misión de hacer una revolución. Su gestión hasta ahora ha sido un festival del conformismo. Sus memes lo pintaban rugiendo como un león, pero se le cruzó el gatopardo y termina impulsando la continuidad de la administración de la Hidrovía y de los aeropuertos por los mismos concesionarios heredados de los gobiernos menemistas.

Son los dos negocios de Estado más grandes de la Argentina, que han asegurado los papeles para continuar durante muchas décadas más. Era eso, no te quejés.

Candidatos “por default”

Los candidatos "por default" del oficialismo y el peronismo son Milei de un lado, y Kicillof y Cristina por la oposición. El arco mileísta no tiene conducción unificada y crece la debilidad ante el electorado que lo ha sostenido hasta ahora.

Cristina, lanzada por su hijo, tiene problemas de representación. El peronismo del interior nunca le reconoció liderazgo por su extracción duhaldo-bonaerense. Es la razón de la jibarización del partido, que hoy tiene el punto más bajo de su representación.

Cristina recorta, como repite Gildo Insfrán, presidente del Congreso del PJ. También divide Axel Kicillof, alambrado en Buenos Aires, con problemas de territorialidad y una puja con el cristinismo de su propio distrito. Tiene valencias personales de candidato, pero no quiebra el cerco que le impide salir a buscar aire afuera.

Pichetto, a solas con Cristina

La tensión entre los dos polos impide percibir la otra variable, que es el crecimiento de candidatos que no salen de la rosca de cúpula, sino que pueden salir de la identificación con el electorado de su partido. En el peronismo hay un solo dirigente que puede hablar con todos y nadie le sale a confrontar, que es Miguel Pichetto.

Se entrevista con gobernadores, intendentes, peronistas opositores y peronistas pro-Milei. No hay nadie que se niegue a reunirse con él, ni Cristina, que lo recibió el martes pasado en San José 1111. No hay dirigentes del peronismo que puedan hacerlo.

En la reunión con Cristina conversó sobre la posibilidad de que avance en el Congreso un proyecto de ley que modifique la dosificación de las penas y reduzca el plazo de la inhabilitación especial perpetua que la ha sacado de por vida de la política. Los argumentos son de índole penal que consideran que una inhabilitación vitalicia va contra los derechos individuales.

Pichetto, que se niega actuar como abogado de la expresidenta, argumenta con antecedentes con el proyecto aprobado en Brasil como “Lei da Dosimetria” (nº 15.402, de 8 de mayo de 2026), que modifica la duración de las condenas y sus accesorias, como la inhabilitación. Esa ley está detenida por el juicio en marcha con el expresidente Jair Bolsonaro.

Si baja la graduación de la pena, el causante puede ampararse en la vigencia de la ley más benigna. En el caso Bolsonaro, saldría antes. En el caso de Cristina, se le acortaría la inhabilitación y podría ser candidata a cargos electivos. Hoy no hay contexto político para que este Congreso habilite algo así. Pero Pichetto dice que si el peronismo gana y recupera el control del Congreso se vuelve posible. Es difícil no ver que este planteo de Pichetto es una herramienta electoral que no es para nadie que no sea él. Pero niega que esté en carrera.

Rosca radical

En el radicalismo Mario Negri tiene el mismo carácter de dirigente con identificación indiscutible con su electorado. Dejó el Congreso en 2023 después de coordinar un interbloque de Juntos por el Cambio que llegó a tener 117 diputados. Pero habla con todos los sectores del partido. Hace giras por el interior y tampoco nadie se niega a hablar con él.

Es uno de los pocos, si no el único, que tiene interlocución privada y pública con todas las tribunas de este electorado, y también -como es el caso de Pichetto en el peronismo- de otras fuerzas. En el último mes Negri participó de una reunión en CABA con más de un millar de dirigentes de todo el país.

Ese encuentro redundó en la nota que presentó junto a Jesús Rodríguez, Ernesto Sanz y otros dirigentes al Comité Nacional reclamando un pronunciamiento a favor de las PASO. Una nota en un diario y un diálogo radial de la semana anterior provocó múltiples contactos. Esa identificación con el electorado es una herramienta que puede ser la base de una eventual candidatura que vaya de abajo hacia arriba.

El radicalismo de Buenos Aires, que acaba de renovar autoridades, ya avisó que para el año que viene va a presentar candidatos propios a gobernador y a intendentes en toda su geografía. Una candidatura nacional de la UCR debería abandonar la práctica que comenzó el año 2000 de alianzas con otras fuerzas de mayor capacidad competitiva.

En aquel año cedió la candidatura a jefe de Gobierno de la Ciudad a Aníbal Ibarra, que tuvo como vice a la radical delarruista Cecilia Felgueras. Se le atribuye a Nosiglia, Enrique, haber dicho que esa concesión disparó una caída del radicalismo como fuerza no sólo en CABA.

Una candidatura propia en el 2027 implicaría un cambio de esa tendencia del último cuarto de siglo. Empezó con Ibarra en CABA, y siguieron en el orden nacional detrás de: los Kirchner (2007), Lavagna (2011), después Macri (2015) y Milei (2023).

Adorni, la necesidad

El Gobierno insistirá esta semana en eludir la ejecución de Manuel Adorni en la sesión del Senado convocada para el próximo jueves 25. Prefiere, en todo caso, que lo vayan rebanando de a poquito. Si algo les conviene bien a todos hoy es que el martirio de Adorni se prolongue en el tiempo.

Al Gobierno, porque fideliza a los bloques, que no han perdido un solo legislador por defender al jefe de Gabinete. También sirve a los propósitos de disciplinamiento, algo imprescindible en un gobierno caudillista y supersticioso que exalta las virtudes del alcahuetismo.

En paralelo, les viene bien a los opositores aliados del Gobierno porque le hace perder fuerza a la gestión, que se empantana en el tratamiento de otros proyectos. A legisladores, gobernadores y empresarios -les sirve porque les facilita el bolsiqueo al gobierno, que reacciona con la piñata de adelantos financieros.

Para la oposición frontal del peronismo es un regalo tenerlo a Adorni en el patíbulo como emblema de las torpezas y, si se le demuestra, de la corrupción. La semana anterior el oficialismo había puesto en el menú del jueves 25 la ejecución de Adorni.

Villarruel dijo entonces "Hay que terminar pronto con esto". Coincidió con ella Patricia Bullrich, que destrató a Adorni ante senadores de la oposición. "No entiende nada, tengo que explicarle las cosas tres veces", bromeó Patricia, para regocijo de sus pares de otros partidos.

De a pedacitos

Esta demora expone a Adorni al martirio que describe el Inca Garcilaso de la Vega en los "Comentarios Reales" entre los primitivos preincaicos. Ataban a la víctima a un poste y, estando el prisionero vivo, le cortaban pedazos de carne y lo obligaban a comerse sus propios pedazos.

Despacito ya se le retiró a Adorni la vocería, para reducirlo con extrema lentificación -como hacía el mago René Lavand en sus destrezas con el naipe bajo el lema: "¡No se puede hacer más lento!"-. Total, es un funcionario insignificante que puede quedarse o irse sin efecto funcional alguno.

Olivos mandó a desbaratar la decisión de Villarruel y Bullrich de tratar esta semana la interpelación. Difícilmente haya una nueva reunión de Labor Parlamentaria: el Gobierno lo intentará en consenso con los bloques aliados que integran el acuerdo de "Los 44". El peronismo rechaza que se repita la Labor para dilatar el tratamiento de la moción de censura. No irá a la cita preparatoria de la sesión prevista para este jueves.

Cristina, la necesidad

Cristina es también una necesidad para todos los jugadores. Para el peronismo es necesaria porque es jefa del partido y controla el distrito más grande del país, que además gobiernan ellos. Para sus adversarios, Cristina es imprescindible como extremo de la polarización en la cual apalanca su fuerza.

El Gobierno sabe, que por más feo, sucio y malo que le resulte Adorni a su electorado, no hay nadie que vote a Milei que lo abandone por rechazo a Adorni y migre su voto al peronismo. Sabiendo esto, el peronismo no baja la defensa de Cristina y la sostiene, en el borde de la legalidad, como presidenta del PJ Nacional. No tiene funciones, pero aprovecha todas las dignidades de ese cargo, que ha delegado en José Mayans.