Graham Stock conoce la Argentina de primera mano. En los últimos años 10 años, visitó Buenos Aires más de cinco veces para reunirse con funcionarios e inversores. Previamente integró el JP Morgan en Nueva York y Londres, cubriendo América Latina y África, enseñó inglés en Colombia y trabajó como economista para el gobierno de Papúa Nueva Guinea, al norte de Australia.

Desde Londres, mientras aguarda con ansiedad el partido de Inglaterra, el director general y estratega de deuda de mercados emergentes para el fondo RBC BlueBay, elogia el plan económico de Javier Milei y dice que ve un futuro "prometedor". Pero también alerta por el estancamiento de los sectores que generan empleo, los ahorristas argentinos y la dificultad para que baje rápido el riesgo país por las elecciones de 2027.

-¿Cuál es la percepción de los inversores en Londres sobre Argentina?

-Seguimos bastante positivos respecto de las perspectivas. El principal logro de la administración Milei es el equilibrio fiscal y creemos que es sostenible, lo cual es una muy buena noticia. El segundo es la mejora en la balanza de pagos, impulsada por el crecimiento de las exportaciones, especialmente de petróleo y gas, pero también de las exportaciones agrícolas. Además, hay perspectivas de un crecimiento aún mayor a medida que arranquen nuevas obras de infraestructura y por las exportaciones mineras, que durante mucho tiempo fueron una aspiración para la Argentina. El futuro es prometedor y el potencial todavía no está plenamente reflejado en el precio de la deuda soberana argentina.

-El dólar subió más de un 5% en un mes y superó los $1.500. ¿Qué opina de ese movimiento y la intervención el Banco Central sobre los bonos?

-La suba del tipo de cambio en las últimas semanas tiene sentido como consecuencia de la desaceleración de las exportaciones agrícolas y, quizás, de cierta presión derivada de la salida de dividendos que ahora está permitida. Eso representa una mejora para el balance externo de la Argentina, porque significa que hay menos dólares atrapados en el país. Al mismo tiempo, el movimiento desde $1.420 hasta $1.490 fue bastante ordenado. No vemos señales de estrés en el mercado ni una aceleración de las expectativas de inflación por esa suba. Probablemente, las autoridades estén bastante conformes. Inevitablemente, esto implica un poco más de intervención y una menor acumulación de reservas del Banco Central. Sin embargo, hicieron un trabajo extraordinario acumulando dólares en los primeros seis meses del año mucho más rápido de lo previsto.

-El equipo de Luis Caputo dice que tiene fondos suficientes para cubrir los vencimientos de deuda hasta las elecciones de 2027, ¿Lo comparte?

-No sabemos si cuentan con financiamiento suficiente para un período tan largo. Lo que sí sabemos es que tienen recursos suficientes para afrontar los pagos de cupones de la próxima semana y las amortizaciones del 9 de julio. Ese es un paso importante en el camino. Además, demostraron que cuentan con fuentes alternativas de financiamiento, como los préstamos garantizados de los bancos, los REPO y, potencialmente, nuevos préstamos de organismos multilaterales y bilaterales. Tiene sentido recurrir a las fuentes de financiamiento más baratas y a las emisiones domésticas de Bonar en dólares. Emitieron alrededor de US$4.000 millones en el mercado local. Si los rendimientos continúan bajando, los spreads siguen comprimiéndose y las tasas de los bonos del Tesoro de Estados Unidos se mantienen estables, también tendrá sentido volver a emitir deuda en los mercados internacionales. Pero entiendo la sensibilidad respecto del impacto que tendría sobre el flujo de caja.

-¿Y qué podría pasar si salen a los mercados?

-Si el Gobierno reemplaza vencimientos de deuda de bajo cupón con nueva deuda que paga cupones elevados, el efecto fiscal es inmediato. Y si el objetivo es mantener el equilibrio presupuestario, cuanto más se destine al pago de intereses, menos recursos quedarán para infraestructura, programas sociales, salarios o cualquier otro gasto. Eso obliga a realizar un ajuste interno aún mayor y, potencialmente, podría afectar la popularidad del Gobierno. Por eso, la estrategia tiene mucho sentido. Sin embargo, a medida que se acerquen las elecciones de 2027, los mercados y también los ahorristas argentinos se pondrán más nerviosos. Demostrar que el país tiene acceso al mercado internacional de capitales podría aportar un beneficio adicional que compense el impacto de corto plazo sobre el flujo de caja.

-La salida de Manuel Adorni por las denuncias de enriquecimiento ilícito y su reemplazo por Diego Santilli, ¿tuvo efecto en el mercado?

-La resolución tuvo un pequeño impacto positivo. Hubo algo de ruido político, pero, para ser sincero, no tuvo un impacto importante sobre el mercado. La clave ahora es si el Gobierno puede seguir adelante con parte de la agenda legislativa que aún está pendiente, por ejemplo el Súper RIGI. También será importante cuán coherente es la estrategia de cara a 2027, si La Libertad Avanza sigue siendo la fuerza política dominante. Eso daría tranquilidad respecto de que la dirección actual de la política económica se mantendrá, el ajuste fiscal, la agenda de liberalización, la atracción de inversión extranjera y el fortalecimiento de las relaciones con Estados Unidos, que están resultando muy beneficiosas.

-El próximo 9 de julio vencen US$ 4.300 millones con los bonistas, ¿ese capítulo ya está resuelto?

-Todos están convencidos de que el Gobierno tiene los dólares necesarios para realizar esos pagos. No siempre fue así en el pasado. Pero ahora, con la acumulación de dólares que hizo el Banco Central, la emisión de Bonar por parte del Tesoro y los préstamos garantizados, cuentan con suficientes dólares para afrontar esos vencimientos. El Gobierno ya dejó atrás la etapa en la que debía preocuparse por la disponibilidad de dólares en el corto plazo y ahora está en una posición mucho mejor para pensar en una estrategia de mediano plazo.

-¿Por qué el riesgo país todavía no logra perforar el nivel de los 400 puntos básicos?

-Creo que se dirige hacia ese nivel. Pero todavía existe cierta incertidumbre respecto de la sostenibilidad de los cambios de política económica. Esto nos lleva a las elecciones de 2027 y al riesgo de que pueda producirse algún tipo de reversión. Eso depende de dos factores. En primer lugar, si la oposición logra reconstruirse como una fuerza política creíble. En segundo lugar, de si la coalición oficialista logra mantenerse unida. El ruido en torno a la posición de Adorni y la postura que adoptó Patricia Bullrich generan incertidumbre y ponen algo nerviosos a los mercados. No demasiado, porque todavía queda mucho tiempo para que el Gobierno vuelva a consolidar la estabilidad política. Ese será precisamente el principal desafío de Diego Santilli en las próximas semanas y meses. Por eso creo que será difícil que el riesgo país continúe bajando rápidamente mientras persistan esas dudas sobre el escenario político.

-¿Y la economía cómo juega?

-Parte de esa incertidumbre también tiene que ver con la salud de la economía, existe una recuperación en forma de "K": algunos sectores evolucionan muy bien, como petróleo y gas, el agro, la minería y el sistema financiero, que parece estar recuperándose. Sin embargo, sectores como la industria manufacturera y la construcción, que son grandes generadores de empleo, siguen bastante deprimidos. Existe el temor de que, si la popularidad del Gobierno no mejora —algo que depende del crecimiento económico y de la creación de empleo—, en 2027 vuelvan a surgir dudas sobre el rumbo de la política económica.

-Entonces, el estancamiento de sectores clave preocupa afuera...

-Sí. Sin duda. Pero tampoco es una sorpresa. Con el tiempo deberían verse los beneficios de los dólares que están ingresando gracias al petróleo y el gas, la agricultura y las inversiones mineras, terminarán derramándose hacia otros sectores. La construcción probablemente crezca en distintas partes del país. Quizás en una escala menor, pero igualmente generará empleo y absorberá mano de obra. Es posible que algunas personas tengan que trasladarse desde el Gran Buenos Aires hacia provincias como Neuquén, San Juan u otras regiones. Ya estamos empezando a observar una mejora. Probablemente el nivel de préstamos en mora de los bancos ya haya alcanzado su punto máximo. Eso abrirá espacio para una mayor expansión del crédito del sistema financiero, lo que ayudará a las pequeñas y medianas empresas, que son fundamentales para la industria y la construcción. Las señales son alentadoras. Con una inflación que continúa bajando, las condiciones económicas deberían seguir mejorando. Pero no está garantizado.

-Wall Street parece esperar una emisión de bonos en los mercados...

-Es cierto. Pero, nuevamente, en la medida en que el Gobierno pueda encontrar fuentes alternativas de financiamiento, no necesariamente tiene que regresar al mercado. Lo que sí necesita es demostrar que cuenta con esas alternativas.

-¿El mercado ya está incorporando en los precios el riesgo político asociado a las elecciones de 2027 y un posible levantamiento del cepo?

-Una de las lecciones de la época de Macri es que ser cuidadoso y conservador respecto de los controles de capital es una buena política. Lo ideal es que los controles cambiarios se eliminen desde una posición de fortaleza, cuando haya una importante entrada de dólares, como ocurrió con la flexibilización del giro de dividendos. Pero no conviene levantarlos de una sola vez, porque eso puede convertirse en una profecía autocumplida. Los ahorristas argentinos, más que los de cualquier otro país, son extremadamente sensibles al nivel del tipo de cambio. Si el dólar empieza a subir, eso genera todavía una mayor demanda de dólares. En Argentina, el dólar no es un producto como cualquier otro: cuanto más caro se vuelve, más atractivo resulta y más gente quiere comprarlo. Por eso tiene sentido actuar con prudencia. En el largo plazo, una economía abierta y con una cuenta de capital plenamente normalizada es algo positivo. Pero debe estar respaldado por la confianza en las perspectivas de largo plazo de la economía.

-¿Cuáles son las medidas o pasos que los inversores esperan del Gobierno?

-No creo que haya demasiadas cosas específicas que el mercado espere del Gobierno. Lo principal es que continúe avanzando en la reducción de la inflación, que logre bajar las tasas de interés para que el crédito pueda expandirse con mayor rapidez y, posiblemente, que impulse algunas medidas adicionales para seguir liberalizando la economía y hacer a la Argentina más competitiva para atraer inversiones. No diría que existe una larga lista de tareas pendientes que el mercado esté esperando ver. Más bien, lo importante es que siga demostrando que tendrá acceso a financiamiento suficiente para afrontar sus necesidades hasta 2027.