Importantes países de Asia, como India e Indonesia, dan gran importancia a la diversificación de sus relaciones internacionales, como instrumento para aumentar su autonomía relativa y potenciar su desarrollo.

Así, para Indonesia: “un enemigo es demasiado, 1000 amigos son pocos”. Pero la política exterior argentina parece, en su actuación y votaciones en foros internacionales, y en su relación con importantes vecinos como Brasil, dar la impresión de que “dos amigos son suficientes, y 100 enemigos son pocos”.

Dado el contexto internacional actual -marcado por la invasión rusa de Ucrania, y el conflicto entre EE.UU./ Israel e Irán-, es necesario ampliar y profundizar nuestra red de países amigos.

Que “dos amigos son suficientes”, se verifica en el alineamiento incondicional con EE.UU. e Israel. Pero es una estrategia que conlleva el peligro de seguir ciegamente a un líder norteamericano, difícil de predecir y/o controlar, con los riesgos económicos y de prestigio que ello implica.

A su vez, este apoyo incondicional llevo a una cierta sobreactuación en la ONU, al oponerse a mociones contra la tortura, la esclavitud y los derechos de las mujeres, difíciles de defender a nivel doméstico e internacional. Está llegando el tiempo de conducir una política exterior más pragmática, no tan afectada por visiones ideológicas o religiosas.

Después de haber dado claras muestras de apoyo a estos dos importantes amigos, es necesario adicionalmente diversificar nuestras relaciones, condición necesaria para potenciar nuestro desarrollo. Un poderoso primer paso ha sido la entrada en vigor del tratado Mercosur-Unión Europea, que nos posiciona inequívocamente como parte de Occidente. Podemos proveer seguridad alimentaria y energética a Europa, que sigue con intranquilidad el conflicto en Ucrania, y sus consecuencias económicas. Así, son esperanzadoras las oportunidades que se presentan para aquellos que las quieran/puedan aprovechar, como los ejemplos iniciales del GNL, miel, huevos, pesca y carne bovina.

Prioritarios focos de actividad diplomática deberían ser China, India y el sudeste asiático, donde se da suma importancia a la diplomacia presidencial. Con China debe definirse con claridad una estrategia de largo plazo, que precise el rol de China más allá del acuerdo SWAP existente.

Un objetivo debe ser llegar a tener un superávit comercial, como lo tienen Brasil, Chile y Perú. Por su parte, India presenta la oportunidad de proveerle seguridad alimentaria y energética, siendo el quinto destino de nuestras exportaciones, que han crecido un +39% en 2025. Argentina es el principal proveedor de aceites comestibles —soja y girasol—, que van reemplazando al aceite de palma en ese mercado. Pero también India muestra interés por nuestro GNL, ya ha importado gas licuado de petróleo, e invierte en minas en Litio. Los países del sudeste asiático —ASEAN— aumentan diariamente su relevancia, a pesar de no existir tratados comerciales con Argentina. Destacados destinos comerciales como Vietnam (sexto destino), Indonesia y Malasia consumen nuestra soja, maíz y trigo. Pero se debe llegar a acuerdos de preferencias comerciales con estos países en el contexto de Mercosur, que Argentina y Brasil puedan implementar a diferentes velocidades.

Esto daría mayores posibilidades a productos como vinos, carne bovina y cerdo, y frutas y alimentos procesados. También hay que convertirse en socio de desarrollo o sectorial de ASEAN, como lo son Chile y Brasil.

Vale notar que las exportaciones a India, China y ASEAN representaron el 25 % del total de las exportaciones argentinas en los primeros 5 meses de 2026. Y que las exportaciones al ASEAN (9.5% del total), casi alcanzaron a las exportaciones a China (9.6%), mientras que India representó el 5.9%. Pero si el comercio con India representó un 17% del superávit comercial argentino y con ASEAN un 18%, existe un déficit con China.

A su vez, es vital mantener buenas relaciones con los países vecinos por lo menos por dos razones. La primera es el comercio bilateral, ya que Brasil es el primer destino de exportaciones, Chile el cuarto, Perú el octavo y Uruguay el décimo, sumando el 27% del total. La segunda es que Chile y Perú pueden ayudar a acercarse al Asia-Pacífico, con sus estrategias de proyección a Asia y sus puertos. De hecho, Perú ya invitó a Argentina a participar en la reunión de APEC en Lima en 2024, lo que no se aprovechó.

A su vez, Brasil nos da escala al negociar con los países de ASEAN. También es importante tener relevancia en el G20, un gran y útil instrumento para diversificar nuestras relaciones. Así, Argentina tomó la iniciativa en Sudáfrica en 2025 de recomendar que se reduzcan de 25 a 3 los grupos de trabajo, enfocándose en desarrollo económico, humano y ambiental.

EE.UU. ha tomado la idea de la reducción a 3 grupos, pero adaptándola a sus prioridades: seguridad energética, innovación tecnológica/IA y prosperidad económica/ comercio internacional. De esta manera, se ha sacrificado cantidad por calidad, y concentrado en temas ligados al desarrollo.

En definitiva, se debe diversificar más la política exterior, que mas allá de unas pocas pero claras directrices, sigue siendo una política exterior en construcción. Por otro lado es importante dar elementos de certidumbre y dirección, en momentos de gran incertidumbre global.