“Yo pasaba cada día por la portería donde Horacio trabajaba y acepté enseguida cuando él me invitó a un café. A los tres meses ya estábamos casados, casi sin conocernos. En aquel tiempo pensé que, si no lo hacía, me quedaría “solterona”.

Me casé por prejuicios y terquedad, y hoy lo digo sin rodeos: es de lo poco que me arrepiento en la vida”. Así lo confesó Pepita Bernat, de casi 107 años —muy conocida en Barcelona— en una entrevista concedida a Longevity. Una confidencia nada fácil, como tantas que muchas personas sénior hacen, al repasar su balance vital.

Hay una verdad ineludible: cuantos más años de vida vivida, más posibles arrepentimientos. “Con el paso de los años, muchas personas empiezan a mirar su vida con una perspectiva distinta; a partir de los 60, se produce un proceso de revisión vital, se repiensan relaciones, decisiones y conflictos que han marcado nuestra historia personal”, explica la doctora en Psicología Esther Verdaguer.

Pepita Bernat, de casi 107 años —muy conocida en Barcelona— en una entrevista concedida a Longevity. Foto: Sofía Amadori/La Vanguardia

“En la madurez es frecuente revisar la vida y preguntarse qué habría ocurrido si hubiéramos elegido otro trabajo, otra relación o hubiéramos dedicado más tiempo a determinadas personas”, añade el psiquiatra Fernando Mora, jefe de Sección de Psiquiatría en el Hospital Universitario Infanta Leonor, y autor del libro Haz que tu cerebro tome buenas decisiones (Zenith).

Si Pepita Bernat lamenta una decisión íntima espoleada por los prejuicios de su época, Juan, a sus 79 años, desde un pueblo de Valencia, encarna un conflicto más contemporáneo: el desequilibrio entre el éxito laboral y el afecto doméstico. “Yo me dediqué demasiado a mi trabajo y poco a la familia”, reconoce. “En su momento, con mi mujer, decidimos trabajar mucho para ahorrar y conseguir un patrimonio. Estuve poco con mis hijas. Por suerte, antes de que falleciera mi pareja, los últimos años hice vacaciones con mis amigos y algunos viajes, y lo pasábamos muy bien. A veces me arrepiento de no haber dedicado un poco más de tiempo a mi familia, pero yo tenía muy interiorizada la idea de trabajar sin parar”.

El lamento de Juan no es un caso aislado. Según el célebre Estudio de Harvard sobre el Desarrollo Adulto —la investigación más longeva de la historia sobre la felicidad, con más de 85 años de seguimiento a cientos de individuos—, el arrepentimiento más común al final de la vida, de manera casi unánime entre los hombres, es haber invertido demasiadas horas en el entorno laboral a expensas de la presencia familiar.

Se han llevado a cabo muchas otras investigaciones interesantes en este sentido. El proyecto Legacy de la Universidad de Cornell, que encuestó a más de 1.200 octogenarios, determinó que el 82% de los mayores no se arrepiente de los errores cometidos, sino de lo que dejó de hacer: no haber viajado más, no haber asumido más riesgos profesionales o haber malgastado el tiempo en preocupaciones innecesarias.

La doctora en Psicología Esther Verdaguer. Foto: FB/centrodepsicoterapiaitersia

Carmen, a sus 59 años, también responde a uno de esos arrepentimientos comunes. “De joven no hice muchas cosas que ahora pienso que ojalá hubiese hecho. Mis padres me dieron una educación muy conservadora, me inculcaron el miedo, una responsabilidad excesiva porque el dinero no sobraba... Era el “mejor quédate en casa”, “no te arriesgues”. Me quedaron ganas de tener aquella experiencia que alguna amiga me proponía, o algún viaje”, relata. “También he lamentado, cuando me ha faltado alguien de forma prematura, no haber estado más presente en las vidas de esas personas, haberles llamado más, haberlas visto más. Como dice Bad Bunny, 'debí tirar más fotos, las veces que pude'”, añade.

Este tipo de dilemas no son un tema secundario. De hecho, los arrepentimientos condicionan nuestra calidad de vida, sobre todo a medida que vamos cumpliendo años. “La cantidad e intensidad de los arrepentimientos está relacionada con menor salud física y bienestar”, leemos en el libro ¿Qué quieres ser de mayor?, del bioquímico y divulgador Pere Estupinyà, que en su obra plasmaba algunas reflexiones interesantísimas sobre esta cuestión.

¿De qué se arrepienten más las personas mayores?

  • No haber pasado suficiente tiempo con los hijos y haberse perdido etapas o actividades importantes.
  • No haber reparado peleas, no pedir perdón a tiempo.
  • No haber cuidado suficientemente las relaciones de pareja ni expresado más amor.
  • No haber estudiado lo suficiente o de no haber seguido una carrera deseada.
  • Haber trabajado demasiado, no haber cambiado de empleo, no haber tenido el coraje de perseguir una vocación.
  • No haber sido fieles a sí mismas por miedo a la opinión de los demás.
  • No haber cuidado la alimentación ni haber hecho ejercicio o desatendido revisiones médicas.
  • No haber disfrutado suficiente de planes de ocio como viajar, invertir tiempo en una afición determinada o tomarse tiempo libre para uno mismo.

​​Fuente: '¿Qué quieres ser de mayor?', Pere Estupinyà.

Esto aumenta la ansiedad, la tristeza y la sensación de haber desperdiciado oportunidades. Foto: FB/centrodepsicoterapiaitersia

Los pensamientos recurrentes sobre decisiones mal tomadas o arrepentimientos pueden afectar gravemente a la salud emocional. “Esto es algo que sucede con frecuencia. Es habitual que, cuando cometemos un error o tomamos una mala decisión, aparezcan los pensamientos rumiativos sobre ello. Empezamos a darle vueltas y vueltas, repasando los errores cometidos —sin que esto cambie nada— y haciendo que aparezcan los sentimientos de culpa. Esto aumenta la ansiedad, la tristeza y la sensación de haber desperdiciado oportunidades”, advierte Mora.

Son aprendizajes útiles para quienes comienzan a transitar por la segunda mitad de vida. Según los especialistas, no se debe conceder un excesivo protagonismo mental a esa sensación de no haber hecho lo correcto. “Arrepentirse es culpabilizarse por algo del pasado y no sirve de nada. Son pensamientos que todos podemos albergar porque jugamos con la imaginación y el deseo de tener las mejores condiciones personales y sociales. Pero esto no nos puede obsesionar, ya que nos puede generar una gran inseguridad vital”, apunta Àngel Guirado, doctor en Psicología y presidente de la delegación de Girona del Col·legi Oficial de Psicología de Catalunya.

La clave reside en “ser capaces de convertir el arrepentimiento en algo útil, es decir, en una emoción que nos ayude a sacar un aprendizaje de lo sucedido para tomar mejores decisiones en el futuro”, según el psiquiatra Fernando Mora.

Para gestionar los posibles arrepentimientos, según este especialista y divulgador, lo primordial es discernir entre lo que todavía podemos modificar y lo que ya no se puede cambiar. “Si podemos hacer algo, conviene transformar el arrepentimiento en acción, como pedir perdón, retomar una relación, cambiar una prioridad o empezar un proyecto. Si ya no podemos modificarlo, toca trabajar la aceptación y la autocompasión. Como decía el psiquiatra Viktor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido, “cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”, apunta.

A modo de conclusión, Mora ofrece una última reflexión. “Es importante recordar que todas las decisiones que tomamos implican hacer renuncias. Elegir una opción supone dejar otras atrás, y eso no significa necesariamente que nos equivoquemos, sino que hemos elegido nuestro camino”.

Rosanna Carceller