Era muy voluntariosa pero no demasiado eficiente. Con una cierta experiencia como secretaria consiguió empleo en el Texas Bank. Los 300 dólares mensuales de sueldo le resultaban imprescindibles para poder mantenerse junto a su pequeño hijo, de cuyo padre se había separado apenas él, soldado en la Segunda Guerra, volvió a casa. Apasionada por el arte y la pintura, en cuyos secretos la había iniciado su madre, Bette Mc Murray -nacida con ese apellido sería después, por casamientos. Bette Nesmith Graham- era consciente de no tener el talento suficiente como para vivir de ello. Pero la mecanografía, sobre todo con las nuevas máquinas de escribir electrónicas, no se le daba bien: sus textos estaban plagados de errores.
Fue entonces cuando recordó que los pintores corregían los errores pintando sobre ellos. Y puso manos a la obra. “Fui a casa, tomé un frasco, puse un poco de pigmento blanco en una solución, agregué otros ingredientes para que penetrara en el papel, llevé mi pincel de acuarela a la oficina y empecé a corregir mis errores de esa manera”, contaría años más tarde. “No planeaba inventar un producto a escala mundial. Sólo quería ser mejor secretaria”, explicó. Aunque no se llamó así en ese momento, acababa de nacer el Liquid Paper. Las otras secretarias, maravilladas, empezaron a pedir esa sustancia mágica. Hubo que mejorar el producto; se logró, no sin dificultades, con muchas horas en la biblioteca y los consejos de un profesor de química. Su hijo Michael Nesmith- futuro integrante de la banda de rock The Monkees- y sus amigos ayudaban, en la cocina familiar, al llenado de frasquitos, rotulado y hasta distribución.
El negocio creció y de la cocina se pasó a una casa rodante hasta llegar a una sede en el centro de Dallas y la distribución se extendió al mundo: en 1975 vendía 25 millones de frascos por año. Sobraron las peripecias y los disgustos -como el fallido matrimonio con Robert Graham y una disputa por el invento de Bette- hasta que ella pudo mantener el control de la empresa para venderla a Gillette por US$ 47, 5 millones. Creó dos fundaciones, para brindar apoyo a madres solteras, mujeres maltratadas y otras, mayores, interesadas en progresar. Tenía 56 años cuando murió de una embolia el 12 de mayo de 1980.
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