No se trata de una tábula rasa formal ni explícita, como la que propuso Javier Milei de cara al balotaje que lo llevó a la Casa Rosada. Pero, en el lenguaje libertario, los movimientos que desde la salida de Manuel Adorni impulsa Karina Milei con el aval del Presidente se le parecen mucho. La reconstrucción del vínculo con los gobernadores y sectores de la oposición dialoguista, una estrategia distinta con el PRO y un intento por bajar la tensión con los medios de comunicación forman parte del camino que empezó a recorrer el Gobierno tras el desembarco de Diego Santilli, un recambio que también involucra al flamante secretario de Medios, Fabián Fernández, y al vocero Adrián Ravier, quienes en sus primeros pasos buscaron marcar otro estilo.
“Si tenemos que comer, masticar o tragar sapos para que el Presidente sea reelecto, lo vamos a hacer”, es el mantra con el que una pieza clave de la cúpula libertaria explica la lógica de la nueva etapa. Si en los 107 días que duró el affaire Adorni el Gobierno se esforzó por redoblar la apuesta ante las críticas y cada revelación judicial, la idea hasta las próximas presidenciales es elegir mejor las batallas. “León hay uno solo, es Javier. Y tiene que seguir siendo el único león porque es al que vota la gente. El resto va a tener que entender que no pueden ser leones y, mucho menos, hienas como venían siendo varios”, complementa otra fuente de peso de la mesa política.
Por eso, comienza a verse un acercamiento con los medios y periodistas. Un ejemplo: tras la jura de Santilli, el canciller Pablo Quirno accedió a notas con los acreditados en Casa Rosada y se evalúa reducir las restricciones en forma paulatina. Por la interna con Santiago Caputo, Karina no descarta empezar a llevar ella el diálogo con los dueños de los medios, a quienes hasta ahora evitaba recibir.
A donde ya empezó a intervenir es en el Senado. Como contó Clarín días atrás, Karina quiere que Patricia Bullrich deje de ser el único puente con la tropa libertaria pero también con la oposición. Con este último sector, se apoyará en el trabajo de pinzas del tándem Santilli-Lule Menem, mientras que con los propios eligió de nexo al presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, quien supo ser cercano a Victoria Villarruel. La desconfianza con Bullrich es total y sólo la certeza de que no hay margen para abrir un nuevo conflicto evitó que pase a mayores su rebelión en torno a Adorni. Se verá ante un eventual segundo mandato.
Eso no quita que en el primer anillo de confianza de los Milei están convencidos de que, además de las complicaciones judiciales, Adorni terminó condicionando la gestión y le imprimió un estado de crispación incluso superior al que elige Milei para marcar diferencias. “Para dar vuelta la página había que descomprimir con la salida de Manuel. Esto iba a seguir escalando y no íbamos a poder sacar ni una ley porque el Congreso estaba virtualmente paralizado y en los medios no se hablaba de otra cosa”, apuntan.
Javier Milei en la fiesta del 4 de julio por el día de la independencia de Estados Unidos. Foto Maxi Failla.
Sin Adorni en el medio, los primeros en reaccionar fueron los gobernadores. La presencia de 13 mandatarios en la jura de Santilli no solo obedeció a un guiño a su figura sino a la decisión de Milei de apostar a una figura con vocación de diálogo, como ponderó Ignacio Torres, de Chubut, quien si bien no pudo asistir por cuestiones de agenda pasó el jueves por el despacho de Santilli y se mostró abierto a discutir la reforma electoral.
En el Gobierno lo anotan en el lote de la decena de gobernadores con los que les gustaría trazar un acuerdo electoral para 2027, en el marco de un esquema que contemple la eliminación de las PASO, una iniciativa que muchos daban por caída pero sobre la que se insistirá hasta diciembre. Santilli, siempre bajo la tutela de Karina, intentará que se apruebe entre agosto y septiembre y hay quienes se entusiasman con empezar a tratarla en julio en el Congreso.
Con el rechazo del kirchnerismo, en cualquiera de sus vertientes, una porción del radicalismo y una escisión de lo que fue Juntos por el Cambio, la apuesta es a persuadir a peronistas no K y partidos provinciales, aunque en el Ejecutivo admiten que la eliminación total “hoy está muy difícil”. Incluso entre los dirigentes más alineados con el oficialismo advierten que las primarias fueron una herramienta que sirvió para aglutinar a la oposición en tiempos kirchneristas y dudan porque entienden que en algún momento la van a volver a necesitar, como le explicó un gobernador a un integrante de la mesa política en las últimas horas.
En ese escenario, la principal opción que tiene el Gobierno es conseguir una nueva suspensión “por única vez”, como en 2025. La quita de la obligatoriedad tendría sabor a poco para un espacio que especula que en caso de conseguir la eliminación de las PASO estaría muy cerca de asegurar un triunfo en primera vuelta para Milei, sobre todo por la fragmentación de la oposición y las cruentas internas entre Axel Kicillof y Cristina Kirchner.
En el Gobierno saben que el PRO puede aportar la llave para destrabar el debate. Es, junto a la necesidad de no dividir el voto antikirchnerista, el motivo por el que Karina delineó una nueva estrategia para explorar un acuerdo también con la Ciudad. “Es más simbólico y de discurso que por los votos que nos restarían si presentan un candidato propio”, argumentan. Eso sí, aclaran que no solo depende del acercamiento que se evidenció con Jorge Macri, presente el martes en Casa Rosada y a quien la referente porteña de La Libertad Avanza, Pilar Ramírez le dio algo de respiro en la gestión tal vez porque Karina Milei le reconoce que no se ensañó con Adorni: “Estamos abiertos a un acuerdo pero primero van a tener que resolver sus internas los primos, porque el acuerdo tiene que ser con Mauricio”.
Todavia no hay comentarios aprobados.