Después de un largo proceso iniciado hace unos ocho años, el Centro Cultural Lola Mora abrió sus puertas al público en San Salvador de Jujuy.

La inauguración se realizó en un acto encabezado por el gobernador de la provincia, Carlos Sadir. Se trata de una obra desafiante, por la complejidad de la topografía del terreno y los requerimientos estructurales de la cubierta de doble curvatura por un lado, y por la dificultad para el traslado de las enormes esculturas que alberga por otro.

Ubicado en Alto La Viña, sobre un lote de aproximadamente 5.000 m², el museo fue concebido para reunir seis piezas escultóricas de Lola Mora en un ámbito capaz de devolverles, simbólicamente, su relación con el aire libre.

El proyecto arquitectónico pertenece al estudio Pelli Clarke & Partners.

El proyecto arquitectónico pertenece al estudio Pelli Clarke & Partners y es considerado una de las últimas obras de César Pelli, quien imaginó el edificio como un sofisticado dispositivo vidriado para disfrutar de las obras inmersas en el paisaje jujeño.

Al ingreso, un puente salva el huaico.

Además de exhibir las esculturas, el espacio incluye salas inmersivas, áreas interactivas, mediateca, exposiciones temporarias, tienda de diseño y restaurante.

Una tucumana en Jujuy

Lola Mora (1867-1936) es considerada la primera escultora argentina. Nacida en Tucumán, Dolores Candelaria Mora Vega encontró en Jujuy la aceptación de su obra cuando Buenos Aires aún no podía asimilar su libertad creativa.

Al ingreso, el edificio se estrecha para atravesar un puente que salva la quebrada.

Desde hacía más de un siglo, seis esculturas concebidas inicialmente para presidir la fachada del Congreso Nacional ocupaban distintos espacios públicos en San Salvador de Jujuy, con riesgo de deterioro.

En 2018, el Gobierno provincial encargó a César Pelli el proyecto de un edificio para proteger y exhibir a los Leones, la Libertad, el Progreso, el Trabajo, la Paz y la Justicia.

El sitio elegido en el Barrio Alto La Viña, con vista hacia el centro de la ciudad y los cerros más lejanos, ocupa un terreno caracterizado por la vegetación de la yunga y una pequeña quebrada (huaico) que lo divide en dos.

Un ámbito pleno de luz natural que integra al entorno con el espacio interior.

"Estamos seguros de que este edificio va a colaborar para instalar a nuestra ciudad como destino en el norte argentino", expresa el arquitecto Ramiro Tejeda, exSecretario de Planificación del Ministerio de Infraestructura de la Provincia de Jujuy y actualmente concejal de San Salvador de Jujuy por el Frente Jujuy.

Para Tejeda, el museo nació con un doble propósito: patrimonial y arquitectónico. “La idea fue resguardar la obra de Lola Mora, contar su historia y su paso por Jujuy, y revalorizar lo que significó como escultora, artista y como personaje absolutamente disruptivo para su época. Y, desde la arquitectura, también se abrió la posibilidad de contar con una obra de autor”, señala.

El visitante elige el sentido del recorrido.

Luego agrega citando al arquitecto Alfonso Vegara Gómez, de la Fundación Metrópoli y en relación al efecto Bilbao: "queríamos que los arquitectos de Jujuy trabajen en el mundo; para eso, los arquitectos del mundo debían trabajar primero en Jujuy. Así se gestó lo que terminaría siendo la última obra de César Pelli y la única en el norte argentino: dos artistas tucumanos reunidos en Jujuy”.

Un no-edificio en la yunga jujeña

Tal es la contundencia de la obra artística y de la naturaleza circundante que los proyectistas decidieron que la arquitectura cediera protagonismo a las piezas escultóricas y al paisaje. El edificio pasa a ser un contenedor con límites indefinidos para acompañar al visitante en un recorrido sensorial.

El centro de interpretación soporta el techo liviano para liberar de columnas el perímetro.

Susana La Porta Drago y Axel Zemborain, responsables del proyecto por parte de Pelli Clarke & Partners, explican que el edificio se abre en forma de abanico para ganar las vistas hacia la ciudad, respetando los árboles existentes y el huaico, una grieta producto del desprendimiento de lodo y rocas que caracteriza al sitio.

"El proyecto arranca con la idea de César Pelli de que no teníamos que hacer un edificio, que las esculturas tenían que permanecer al aire libre", asegura La Porta Drago. Entendiendo que era inviable para su preservación, Pelli les pidió que viajaran a conocer el sitio para encontrarle la vuelta.

La sala principal del Centro Cultural Lola Mora con vistas a la ciudad de Jujuy.

A los proyectistas les quedó claro que el edificio debía desaparecer en el paisaje natural y las esculturas contar con ese fondo verde permanentemente.

Al ingreso, el edificio se estrecha para atravesar un puente que salva la quebrada. Luego, el espacio se abre gradualmente hacia el exterior, con un vestíbulo y una sala de exposiciones rodeados de vidrio de piso a techo. Un ámbito pleno de luz natural que integra al entorno con el espacio interior.

Con muy pocas columnas a la vista, el techo en voladizo crea espacios libres y de gran envergadura que sirven como protección para las esculturas de 3,50 metros de altura. Se recupera, de algún modo, la sensación de estar al aire libre recreando el ámbito natural de estas obras.

La galería presenta un diseño abierto para permitir vistas de las esculturas desde diferentes ángulos y distancias, mientras enmarca las vistas de esculturas individuales para crear una relación comprometida entre el arte y el espectador.

El bosque sirve como telón de fondo verde, visto a través de la amplia fachada de vidrio convexo que, junto con los tragaluces colocados estratégicamente cerca de las esculturas, inundan el espacio con luz natural.

El edificio ofrece diferentes escalas de aproximación a las obras y la oportunidad de apreciarlas tanto en conjunto como individualmente.

“El recorrido dentro del edificio es claro pero presenta opciones y enlaza al centro de interpretación y a la sala de exhibición con otros volúmenes que albergan los talleres de arte, la biblioteca, la tienda de regalos y el restaurante”, expresan.

El diseño abierto permite vistas de las esculturas desde diferentes ángulos y distancias.

Del volumen principal, de forma extendida y unos 100 metros de largo, se desprenden tres volúmenes pequeños de planta ovalada, y revestidos con piedra, para alojar un centro de interpretación, un restaurante, una biblioteca, una tienda y un taller, este último se puede utilizar para exhibiciones temporales.

A la horizontalidad del edificio se contrapone a un elemento vertical que señala la presencia del edificio a la distancia. Se trata de una torre que alberga turbinas eólicas destinadas a la generación de la totalidad de la energía que requiere el conjunto.

Además, hay células fotovoltaicas y colectores solares en la cubierta. Se trata de un edificio NetZero, es decir, que produce toda la energía que consume.

El respeto al entorno y a los recursos naturales se manifiesta tanto en los conceptos generales como en los detalles de diseño. Los proyectistas estudiaron particularmente el sitio de implantación del edificio para preservar las superficies de bosque nativo existente.

En el mismo sentido, la propuesta proyectual se basa en las características climáticas de la región en relación a la temperatura, las precipitaciones, la radiación solar y los vientos predominantes.

El edificio fue orientado para aprovechar al máximo la luz solar, las estaciones y los horarios que son beneficiosos, y controlar al máximo el ingreso de radiación solar en las condiciones más perjudiciales.

El diseño de paisajismo, a cargo de Balmori Associates, incluye áreas con vegetación para aprovechar su colaboración en el acondicionamiento térmico pasivo, reducir el escurrimiento de agua de lluvia a los desagües públicos y promover la biodiversidad.

El Centro Cultural Lola Mora cuandtodavía estaba en obra.

La selección de la vegetación abarca especies nativas y adaptadas para reducir la necesidad de agua para riego y favorecer un ambiente que promueva la biodiversidad, preservando y regenerando el bosque de yungas.

Otra parte del agua de lluvia se controla para evitar erosión del terreno a través de una serie de muros de contención que crean pequeños diques en el huaico.