Hay hábitos en la cocina que pasan de generación en generación sin que nadie los cuestione. Lavar el pollo antes de cocinarlo es uno de ellos. Durante años fue una práctica habitual en muchos hogares, repetida por costumbre y con la creencia de que ayudaba a hacerlo más seguro.

Sin embargo, las recomendaciones actuales sobre manipulación segura de los alimentos demuestran que este hábito no solo es innecesario, sino que también puede representar un riesgo para la salud. Lejos de tratarse de un simple mito, los especialistas desaconsejan lavar el pollo antes de cocinarlo por un motivo muy concreto.

Manipular el pollo correctamente ayuda a prevenir contaminaciones. Foto: Archivo

¿Por qué antes era habitual lavar el pollo?

Durante décadas, lavar el pollo antes de cocinarlo fue una práctica habitual. En aquel entonces, la carne no se procesaba ni se envasaba como hoy, por lo que podía presentar restos de plumas, sangre o suciedad. En ese contexto, enjuagarla con agua parecía una forma lógica de limpiarla antes de llevarla a la cocina.

Era un hábito propio de la época, marcado por la forma en que se comercializaban los alimentos y por las costumbres familiares. Sin embargo, las condiciones cambiaron y también lo hicieron las recomendaciones de los especialistas. Hoy, seguir lavando el pollo antes de cocinarlo ya no solo es innecesario: puede aumentar el riesgo de contaminación.

¿Qué dicen los expertos?

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), una de las principales agencias de salud pública de Estados Unidos, recomienda no lavar el pollo crudo antes de cocinarlo. Según el organismo, lejos de mejorar la higiene, esta práctica puede aumentar el riesgo de contaminación cruzada.

El organismo explica que el pollo crudo puede contener bacterias como Salmonella, Campylobacter y Clostridium perfringens. Lavarlo con agua no elimina estos microorganismos. Por el contrario, las salpicaduras pueden dispersarlos hacia la bacha, la mesada, los utensilios e incluso otros alimentos, lo que aumenta el riesgo de contaminación cruzada.

Como respaldo de esta recomendación, el CDC cita un estudio del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) que reveló que una de cada siete personas que limpiaron la bacha después de lavar el pollo aún presentaba bacterias en esa superficie.

Cómo manipular el pollo de forma segura

Para reducir el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos, el CDC recomienda:

  • Lavarse las manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos antes y después de manipular pollo crudo.
  • Mantener el pollo y sus jugos alejados de alimentos listos para consumir.
  • Usar una tabla de cortar exclusiva para carnes crudas.
  • Lavar con agua caliente y detergente las tablas, cuchillos, platos, utensilios y mesadas después de utilizarlos.

Los jugos del pollo crudo pueden transmitir bacterias a otros alimentos. Foto Shutterstock.

  • Cocinar el pollo hasta que alcance una temperatura interna de 74 °C y comprobar que no queden zonas rosadas en su interior, especialmente en la parte más gruesa.
  • Refrigerar o congelar las sobras dentro de las dos horas posteriores a la cocción, o dentro de una hora si la temperatura ambiente supera los 32 °C.

La cocción completa es la medida más efectiva para eliminar las bacterias presentes en el pollo. Por eso, no es necesario lavarlo antes de cocinarlo.