Durante décadas, millones de mujeres sostuvieron hogares enteros sin recibir un salario, sin acumular aportes jubilatorios y sin que su trabajo apareciera reflejado en ninguna estadística. Cocinar, limpiar, criar hijos, organizar la casa y cuidar familiares fue considerado una obligación cotidiana.

Esa realidad, que durante mucho tiempo permaneció naturalizada, vuelve hoy al centro del debate a través de historias personales que reflejan el costo de una vida dedicada al trabajo doméstico no remunerado.

Una de esas voces es la de Ana María Gutiérrez, una ama de casa española de 66 años que decidió contar públicamente cómo vive después de haber dedicado gran parte de su vida al cuidado de su familia.

Una vida entera dedicada al hogar

"A mí nadie me ha pagado un sueldo. Si mi marido me quiere dar algo para mis gastos personales, tendré. Si no, no tengo nada", afirma al sitio Noticias Trabajo Ana María al describir una situación que considera injusta y que, según explica, comparten muchas mujeres de su generación.

Limpiar y no ganar nada. Foto: Freepik.

Su historia es la de una mujer que nunca tuvo un empleo remunerado fuera de casa porque se ocupó de las tareas domésticas y de la crianza de los hijos. Durante años, asumió responsabilidades que permitieron el funcionamiento del hogar sin percibir ingresos propios.

"Somos administrativas, somos cocineras, somos limpiadoras, somos cuidadoras. Lo hacemos todo", señala al intentar explicar la magnitud del trabajo que implica sostener una casa durante décadas.

Ana María sostiene que el problema no es solamente económico. También tiene que ver con el reconocimiento social. Considera que muchas veces se minimiza el esfuerzo que requiere el trabajo doméstico porque ocurre puertas adentro y no genera una remuneración visible.

A sus 66 años, reconoce que una de las mayores preocupaciones es no contar con una jubilación propia derivada de su trabajo en el hogar.

Mientras otras personas construyeron carreras profesionales y derechos previsionales, ella dedicó su tiempo a una actividad indispensable para su familia pero que no fue considerada empleo.

"Yo he trabajado toda mi vida", afirma. Y lo dice con la convicción de quien siente que el esfuerzo realizado nunca fue valorado de la misma manera que un trabajo formal.

Su testimonio también pone sobre la mesa la dependencia económica que muchas mujeres experimentaron durante décadas. La posibilidad de disponer de dinero para gastos personales dependía, en gran medida, de los ingresos administrados por sus maridos.

Aunque reconoce que las nuevas generaciones viven situaciones diferentes y que existe una mayor participación femenina en el mercado laboral, considera que todavía queda mucho por discutir sobre el valor económico de las tareas de cuidado.

Diversos estudios coinciden en que el trabajo doméstico no remunerado representa una contribución enorme a la economía de los países, aunque rara vez aparece reflejado en las cuentas tradicionales.

El trabajo doméstico, en observación. Foto: Pexels.

Un informe de la Organización Internacional del Trabajo destaca que las mujeres continúan realizando la mayor parte de las tareas de cuidado y trabajo doméstico en el mundo.

Para Ana María, el reconocimiento de ese trabajo no pasa únicamente por una cuestión financiera. También implica visibilizar una tarea que permitió que millones de familias funcionaran durante generaciones.

Porque detrás de cada comida preparada, cada hijo criado y cada hogar organizado hubo horas de trabajo que muchas veces nunca fueron consideradas como tales. Y Ana María cree que llegó el momento de que eso empiece a cambiar.