WASHINGTON (AP) — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, preferiría que los votantes no se preocuparan por la inflación. Pero les resulta difícil ignorarla.
Llenar el tanque de una camioneta básica Ford F-150 ahora cuesta unos 100 dólares, 30 dólares más que hace un año. Las tasas hipotecarias han saltado a niveles que han deprimido las ventas de viviendas. Y durante los últimos 12 meses, los precios al consumidor han subido más rápido que los sueldos, empobreciendo a la familia promedio.
A una semana de las elecciones de mitad de mandato, que servirán como un referéndum sobre su segundo mandato, Trump tiene dificultades para cumplir su promesa de campaña de bajar los costos, aun cuando insiste en que el país ha entrado en una “edad de oro” económica. La misma frustración que impulsó su regreso hace dos años ahora podría costarles a los republicanos el control del Congreso.
“Nuestra nación está mejor ahora que nunca”, insiste Trump durante la campaña, prometiendo que las tasas de interés y los precios del petróleo se desplomarán una vez que la guerra con Irán —que él inició— llegue a su fin.
La palabra “asequibilidad”, sostiene, no es más que “una estafa de los demócratas”, y agrega que “no significa nada para nadie”.
La retórica optimista de Trump choca con la realidad de los votantes Esa retórica llega mientras los votantes dicen que les cuesta pagar lo básico, como el combustible y los alimentos, y mientras culpan a Trump por los precios más altos, señalando las agresivas políticas arancelarias del presidente republicano y la impopular guerra en marcha con Irán.
Los precios récord del diésel, en particular, han elevado los costos de transporte y agrícolas, creando problemas para los republicanos en estados de tradición conservadora como Iowa, Kansas, Ohio y Texas, donde los demócratas parecen inusualmente competitivos en contiendas que definirán los dos últimos años de Trump en el cargo.
“Los costos de las cosas son absolutamente lo primero de lo que habla la gente, pero también está el hecho de que su salario no está siguiendo el ritmo del costo”, afirmó la presidenta de la AFL-CIO, Liz Shuler. “Es un doble golpe”.
Los precios en las gasolineras se han convertido en un tema primordial para los votantes.
“A la gente le molesta pagar más por la gasolina, y los precios han subido mucho”, señaló Stephen Moore, quien anteriormente asesoró al presidente en temas económicos. “Es frustrante porque Trump ha hecho muchas cosas buenas por la economía. Pero con la situación de Irán, eso realmente ha tenido un gran efecto en la economía, y los republicanos pueden pagar un precio alto por eso”.
Misty Reeder, de 48 años, dijo que se considera “en el medio” políticamente, pero que marcó a todos los demócratas en su boleta en Easley, Carolina del Sur.
“He notado que las cosas se han ido poniendo mucho más difíciles”, comentó Reeder, quien recibe pagos por discapacidad. “Lo oyes en todas partes a donde vas”.
En los seis años que ella y su esposo han estado alquilando su vivienda, Reeder dijo que el alquiler les había aumentado en cientos de dólares.
“Algo tiene que ceder”, expresó. “Es como una represa: la presión es demasiada y se va a romper”.
Sandra Capell, de 69 años, dijo que quiere “ver algún cambio” en lo que respecta a la economía, aunque votó republicano en Easley, que forma parte de la conservadora región Upstate de Carolina del Sur.
“Creo que todo el mundo está sufriendo un poco cuando se trata de los comestibles, la gasolina, todo en realidad”, manifestó. “Estoy mirando al Partido Republicano para que se suba al carro, se ponga en la silla y recuperemos esto”.
Beti Rosales, de 47 años, dijo que los precios más altos han afectado el restaurante mexicano de su familia en Allentown, Pensilvania, parte del Valle de Lehigh, que ha oscilado entre los partidos en los últimos años. Las limas y los aguacates cuestan más que antes. También el plomero que a veces necesitan.
Hace dos años, Rosales decidió darle una oportunidad a Trump y a los republicanos, con la esperanza de alivio frente a la inflación.
“La realidad ahora es que en realidad no mejoró”, dijo. “De hecho, empeoró. Los precios de todo han aumentado”.
Rosales ahora está considerando votar demócrata en las elecciones de mitad de mandato.
“¿Tal vez caras nuevas y frescas podrían marcar la diferencia?”, planteó.
Trump prometió que bajaría los precios En su campaña de 2024, Trump arremetió contra el presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris, su rival demócrata en la elección, por la alta inflación, que llegó a subir hasta el 9,1% en junio de 2022. Prometió a los votantes que bajaría los precios de la gasolina y activaría un crecimiento vigoroso.
“Con su voto en esta elección, acabaré con la inflación”, prometió.
En menos de dos años, Trump ha remodelado agresivamente la economía de Estados Unidos. Ha impuesto aranceles de dos dígitos a muchos socios comerciales —incluidos la Unión Europea, India, Japón, Canadá y México— y ha desatado guerras comerciales con aliados. El gobierno de Estados Unidos ahora tiene participaciones en varias decenas de empresas privadas. Ha promulgado amplios recortes del impuesto sobre la renta.
Pero el persistente desafío de la inflación ha continuado, eclipsando los aspectos positivos del crecimiento económico sostenido y una baja tasa de desempleo. La inflación era del 3% cuando Trump asumió el cargo y llegó al 3,7% el mes pasado.
El presidente ha minimizado la intensidad de la inflación, afirmando que está por debajo de 2% y “bajo control”.
Los demócratas han aprovechado el descontento, utilizando el mismo alto costo de vida que los hundió antes para presionar a republicanos vulnerables y poner en disputa distritos electorales que Trump ganó incluso por márgenes de dos dígitos.
“Ahora recuerden: prometieron bajar los precios desde el primer día. En cambio, bajo el fracasado presidente Donald J. Trump, cuesta más que nunca en la historia estadounidense llenar el tanque de tu camioneta, llenar tu refrigerador, ir al médico o dar energía a tu hogar”, dijo el senador de Georgia Jon Ossoff, un demócrata que se postula para la reelección, en un mitin reciente en Atlanta.
“Trabajas cada vez más duro, pero la cinta de correr va más rápido y se empina más, y las cuentas suben y suben”, le dijo a la multitud.
Cait Conley, una demócrata que compite en Nueva York contra el representante republicano Mike Lawler, uno de los titulares más vulnerables de su partido, evocó un tuit suyo de las últimas elecciones de mitad de mandato, cuando Biden era presidente. Lawler había aconsejado a los votantes: “Llenen el tanque y vayan a hacer compras al supermercado; eso informará su decisión”.
En un nuevo anuncio, Conley dijo que los votantes deberían seguir ese consejo este año “y luego díganme si el sistema está funcionando para ustedes”.
“Ustedes merecen algo mejor. No debería ser tan difícil”, dice.
Los demócratas le devuelven a Trump sus ataques Conley y otros candidatos han insistido en un tema que los demócratas creen que será especialmente eficaz en este ciclo: acusar a Trump y a otros republicanos de agravar de manera corrupta el dolor económico de los votantes al impulsar políticas que ayudan a sus donantes multimillonarios a costa de los estadounidenses de a pie.
“Sé que estás frustrado. Los políticos de Washington se enriquecen mientras tú sales perjudicado. Las corporaciones obtienen enormes ganancias mientras tus costos suben”, dice en un anuncio Roy Cooper, candidato demócrata al Senado por Carolina del Norte, que se emite en ese estado en disputa.
Eso ha incluido una visión particular de la guerra con Irán.
“La guerra de Trump en el extranjero les cuesta a los contribuyentes 1.000 millones de dólares al día en una guerra que no tenemos por qué estar peleando. Nuestras escuelas se desmoronan, nuestras fábricas cierran, nuestros precios de la gasolina se disparan. Pero cuando quieren guerra, cheques en blanco de miles de millones de dólares”, dice el candidato al Senado por Michigan Abdul El-Sayed en otro spot.
El presidente “cree que la economía va bien porque él y su familia se han enriquecido por varios miles de millones de dólares”, dijo Amy Richards, de 56 años, una exrepublicana que ha votado demócrata desde que Trump se convirtió en el nominado de su partido en 2016.
“No tiene ni idea de lo que es recibir un sueldo y tener que alimentarte a ti y a tu familia”, dijo Richards, de pie ante de un centro de votación en su ciudad de Round Rock, Texas, el viernes, “y no le importa”.
Los republicanos, por su parte, han intentado presentar a los demócratas como extremistas, señalando a un ala populista en ascenso que incluye a varios socialistas demócratas.
Moore, quien asesoró las campañas de Trump, dijo que le gustaría que los republicanos dedicaran más tiempo a hablar de las fortalezas de la economía, incluidos el aumento de los ingresos medianos y un mercado bursátil en niveles récord, aunque reconoció que esas cifras podrían no resonar entre los votantes.
“Lo que importa es cómo se siente la gente, y claramente la gente se siente estresada financieramente”, afirmó.
Algunos simpatizantes de Trump siguen satisfechos. Renee Blood, de 57 años, asistente ejecutiva en Round Rock, siente que la economía ha “mejorado bastante”.
“Por supuesto vemos los precios de la gasolina subir y bajar, pero las cosas son mucho más asequibles”, dijo.
Planea votar republicano porque le preocupa que las cosas empeoren si los demócratas regresan al poder.
La edad de oro de Trump quizá no haya llegado, dijo, pero “todavía estamos trabajando en ello”.
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