El cierre del primer semestre dejó un semáforo de resultados dispares para los principales indicadores económicos. La luz roja se la lleva el mercado laboral, con las dificultades para la creación de empleos de calidad y el atraso del poder adquisitivo de los salarios.
La luz amarilla se asocia a las alternancias de la inflación, que arrancó el año con un alza sostenida, y si bien en el segundo trimestre la fue moderando, terminará el 2026 termine con niveles similares al 2025.
La luz verde es para el Banco Central, que logró comprar US$ 11.204 millones sin que esto empuje al alza la cotizacipon del dólar.
El mercado laboral es uno de los eslabones más débiles del plan económico. En lo que va de la presidencia de Javier Milei se destruyeron 200.000 puestos de trabajo formales. Y si bien se crearon 530.000 empleos la mayoría son precarios y con sueldos deprimidos. Esto ocurre porque los sectores que más crecen -el agro, la energía y la minería- generan menos empleo que aquellos más perdjudicados, como la industria, la construcción y el comercio.
La débil creación de empleo se potencia con los ingresos deprimidos. Según el INDEC, el salario privado registrado aumentó en abril 1,4% y cortó una racha negativa de 7 meses. Pero LCG señala que todavía está 2,3% abajo del nivel que tenía hace un año y contra el nivel previo a la llegada de Milei cae 3,5%.
Hacia el segundo semestre se ven pocas chances de que esta situación se revierta. Mercer estima que las empresas prevén un incremento salarial general mediano del 27% para 2026. La inflación mediana esperada para el año es de 29,8%.
La consultora ACM proyecta una recuperación gradual del salario real en torno al 0,5% para el resto del año. Sin embargo advierte que "los riesgos se concentran, primero, en que no se consolide la recuperación de la actividad y persista la heterogeneidad sectorial, especialmente entre ramas más intensivas en mano de obra, lo que limitaría la capacidad de recomposición salarial en el segmento formal. En segundo lugar, una desinflación más lenta o episodios de mayor tensión cambiaria podrían acelerar el pass-through a precios y erosionar los aumentos nominales".
La inflación arrancó el año con el 2,9% de enero y se perfila a perforar el 2% en junio, algo que no ocurría desde agosto del año pasado. Pese a que volvió a desacelerarse, el envión de la primera parte del año determina que el 2026 cierre con un índice de precios al consumidor (IPC) en torno al 30%, apenas por debajo del 31,5% del 2025.
"Mantenemos nuestra proyección de inflación en torno al 30% para 2026, con una desaceleración paulatina en los próximos meses", señala la consultora Invecq. "El desafío de fondo, sin embargo, es romper la inercia que los precios vienen mostrando hace más de un año y medio. Bajar un escalón adicional, hacia un 1,5% mensual persistente, luce más difícil. La dirección es hacia la desinflación, pero la velocidad puede requerir un poco de paciencia".
El Banco Central se perfila a alcanzar, sin mayores sobresaltos, un piso de compras de al menos US$ 17.000 millones este año. El primer semestre lo pasó con mayor comodidad a la esperada, apoyado en el alto volumen de las exportaciones -con un aporte clave del sector energético- y la llegada de divisas por las colocaciones corporativas de deuda. Esto le permitió llevar las reservas a los US$ 44.783 millones sin meter presión sobre el tipo de cambio -el dólar solo subió 5% en el año-.
"El segundo semestre arranca con menos viento de cola: el agro liquida menos, los commodities retrocedieron y la demanda de cobertura vuelve a ganar protagonismo. El desafío pasa por sostener la sintonía fina entre tasas, tipo de cambio y reservas en un contexto que ya no regala márgenes", apunta GMA Capital.
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