En los bosques montañosos de Hawái, una escena que resume las consecuencias que puede tener la extinción de una especie mucho tiempo después de su desaparición.

Allí, algunas flores evolucionaron durante miles de años para ser visitadas por aves con picos largos y especializados, pero ellas ya no existen. Y las que ahora ocupan su lugar cumplen una función algo diferente.

Un nuevo estudio publicado en Ecology and Evolution analizó el Iiwi (Drepanis coccinea) y el Amakihi hawaiano (Chlorodrepanis virens) y tres flores denominadas Cyanea shipmanii, Clermontia pyrularia y Clermontia lindseyana. Las aves todavía habitan los bosques mientras que las plantas están bajo amenaza.

La historia evolutiva de estas plantas está vinculada a unos visitantes que ya no existen: los llamados honeycreepers hawaianos de pico largo. Tras su desaparición, las redes de polinización de los bosques hawaianos perdieron complejidad y las aves que todavía viven allí comenzaron a compartir recursos que antes estaban repartidos entre una comunidad de especies más diversa.

¿Cómo es la nueva relación entre aves y flores?

Para averiguar cómo es la relación entre esas plantas y las aves, los científicos colocaron cámaras trampa activadas por movimiento que registraron las visitas de las aves a las flores. Luego, establecieron una serie de estadísticas basadas en los hábitos de las aves.

El Amahiki hawaiano es una de las especies analizadas durante el estudio. Foto: Birds of the World.

Llegaron a la conclusión de que en el 43% de las visitas, las aves entraron en contacto con las estructuras reproductivas de la flor (anteras o estigma), una condición que puede permitir la transferencia de polen. En el 39% de los casos registrados ocurrió el denominado robo de néctar.

Es decir, en lugar de acceder al néctar de la manera para la que la flor está adaptada, el ave puede perforar la corola o dividirla para llegar directamente al líquido azucarado. La diferencia es fundamental. Una visita normal puede favorecer la reproducción de la planta, pero una visita destinada únicamente a conseguir néctar puede beneficiar al ave sin proporcionar necesariamente el mismo servicio a la flor.

Para comprobar las consecuencias de este comportamiento, los investigadores fueron un paso más allá. Construyeron mediante impresión 3D un modelo del pico de un Amakihi hawaiano y lo utilizaron para reproducir las perforaciones y cortes que realiza el ave en las flores.

Los científicos también registraron los hábitos del Iiwi. Foto: Birds of the World.

Así descubrieron que el daño modificaba la capacidad de las flores para reponer su néctar. Pero el efecto no era igual en las tres especies, ya que la reposición se redujo de forma marcada en Clermontia lindseyana, disminuyó moderadamente en Cyanea shipmanii y, en uno de los métodos utilizados, incluso aumentó en Clermontia pyrularia. El experimento demostró que el robo de néctar puede alterar la dinámica posterior de los recursos biológicos de la flor.

En su estudio, los investigadores describen el ecosistema como post-extinción porque la desaparición de los polinizadores especializados modificó las relaciones entre las especies. La conclusión del estudio es precisamente que mutualismo y antagonismo pueden coexistir dentro de la misma relación entre aves y flores.