Tras estar en busca de su primera experiencia laboral de verano, un chico de 15 años tuvo que tomar la decisión de alejarse de su entorno familiar para conseguirlo. El problema fue que, en Nueva York, las oportunidades para adolescentes de esa edad eran limitadas y muy competitivas.
Por eso, la familia terminó buscando una alternativa lejos de casa: una heladería en un pueblo turístico de Minnesota, cerca de familiares de la madre del joven.
Por qué no consiguió trabajo en Nueva York
Ambos padres del menor tuvieron empleos de verano cuando eran adolescentes y querían que su hijo viviera una experiencia similar. Para ellos, ese primer trabajo no era solo una forma de ganar dinero, sino una manera de aprender independencia, responsabilidad y el valor concreto de un salario.
Así, cuando le preguntaron a su hijo qué quería hacer durante el verano, su respuesta fue directa: “trabajar”. Pero la familia se encontró con un obstáculo frecuente para muchos adolescentes urbanos: a los 15 años, no todos los comercios contratan y los pocos puestos disponibles suelen recibir muchas solicitudes.
“Mi hijo de 15 años no pudo encontrar trabajo de verano donde vivimos en Nueva York. En cambio, lo contrataron en una heladería en Minnesota”. Foto: Marie Holmes/YahooLife.
La oportunidad apareció por una conexión familiar. La familia de la madre es originaria de la costa norte del lago Superior, en Minnesota, y un primo tenía contactos en un pueblo que se llena de turistas durante el verano.
Ese primo preguntó en la zona y Max, tal es el nombre del menor, consiguió su primera entrevista formal, por Zoom, con el dueño de una heladería local. Poco después, recibió una oferta de empleo.
Qué aprendió Max en la heladería
La logística no fue menor. Mientras la hija menor de la familia se quedó en Nueva York con el padre, la madre manejó con Max unas 1.300 millas hasta Minnesota. Ella trabajó de forma remota desde un alquiler económico y visitó familiares, mientras el adolescente cumplía sus turnos en la heladería.
Max no empezó sirviendo helado. Sus primeras tareas fueron lavar platos y retirar mesas. Sin embargo, el joven afirmó que los nervios del primer día se le fueron rápido cuando le asignaron una tarea clara. “Entré en el ritmo de lavar platos y retirar mesas, y me gustó porque era algo meditativo”, contó.
La experiencia también le permitió relacionarse con compañeros y clientes. Aunque todavía no estaba detrás del mostrador sirviendo helados, entendió que estaba desarrollando habilidades de atención al público que le servirían más adelante.
Sus primeras tareas fueron lavar platos y retirar mesas. Foto: Pexels.
El resultado fue tan positivo que Max decidió regresar este verano al mismo local. Esta vez, según contó su madre, volverá con una promoción: pasará a servir helados como “scooper”.
La historia, en definitiva, muestra una paradoja del mercado laboral juvenil: a veces, conseguir el primer empleo requiere mucho más que voluntad; también exige contactos, movilidad y una familia capaz de acompañar el proceso.
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