El diésel, el combustible que impulsa la economía y la agricultura de gran parte del mundo, ha alcanzado precios récord a medida que se alarga la guerra en Oriente Medio, lo cual tiene consternados a los candidatos del Partido Republicano de Estados Unidos, quienes contemplan recurrir a medidas extremas que, según advierten los economistas, sólo aumentarían el perjuicio para los consumidores.

Los republicanos de estados como Iowa y Michigan han pedido que se ponga fin a las exportaciones de diésel refinado en Estados Unidos para aumentar el suministro interno.

El presidente Donald Trump indicó que respalda esa medida, aunque su secretario de Energía dijo el miércoles que no se implementará una “prohibición general”. Estados Unidos ha consumido 4,1 millones de barriles de diésel diariamente este año y ha exportado 1,5 millones diarios hasta la fecha, según datos de la empresa de inteligencia de mercados y consultoría S&P Global Energy.

El impacto es evidente para cualquiera que conduzca un vehículo con motor a diésel o dependa de un generador de ese tipo para obtener electricidad. El miércoles, el precio del galón de diésel llegó a los 6,52 dólares (1,72 dólares por litro), lo que supone un aumento del 73% respecto a los 3,77 dólares (99 centavos de dólar por litro) que costaba poco antes del inicio de la guerra con Irán, según la asociación automovilística AAA.

Pero es muy probable que el problema se extienda a todos los consumidores, lo que da impulso al intento de los demócratas de retomar el control del Congreso al capitalizar el malestar entre los votantes por los costos desbocados y un conflicto en el extranjero que es impopular.

“El precio del diésel afecta todo lo que requiere transporte en nuestra economía”, dijo Joseph Brusuelas, economista en jefe de RSM, una firma global de servicios de auditoría, consultoría fiscal y asesoría de negocios. “Eso incluye los productos que más compramos: los alimentos”.

Los precios del diésel se convierten en el nuevo tema de campaña Aunque los precios de la gasolina convencional suelen acaparar una mayor atención, el diésel rápidamente se ha convertido en un tema relevante en la campaña electoral. Adam Hamilton, un candidato demócrata al Senado que ha planteado un desafío sorprendentemente fuerte al senador republicano Roger Marshall en Kansas, dijo a sus partidarios en una cafetería de Topeka esta semana que los agricultores temen cada vez más no poder llegar a fin de mes.

“Una guerra ha disparado el precio del diésel”, expresó Hamilton. “Estos hombres dijeron: ‘No sabemos si podremos conservar la granja’”.

Elaine Luria, una demócrata que aspira a un escaño en la Cámara de Representantes por el sureste de Virginia, mencionó el alto precio del diésel durante una mesa redonda celebrada el miércoles en Virginia Beach.

“Irán no está más lejos de tener un arma nuclear. Y los grupos respaldados por Irán —como los hutíes, en Yemen—, están ampliando ahora su radio de acción”, declaró en una entrevista, y añadió que el conflicto se convierte en “una crisis económica en expansión”. Luria es una excongresista que intenta recuperar su escaño frente a la representante republicana Jen Kiggans.

Republicanos como la representante Ashley Hinson, quien es candidata al Senado por Iowa, han pedido el fin inmediato de la guerra y la prohibición de vender diésel al extranjero, con la esperanza de que el excedente de combustible reduzca los precios para los estadounidenses.

“Los habitantes de Iowa están sufriendo una presión económica enorme, y no deberían tener que pagar la factura de la guerra en Irán en la gasolinera o en la caja del supermercado”, dijo Hinson. “Debemos utilizar todas las opciones a nuestro alcance para aliviar un poco el peso de los precios elevados”.

La idea ha dividido a los republicanos. John Thune, de Dakota del Sur y líder de la mayoría del Senado, manifestó estar abierto a la propuesta. El senador Chuck Grassley, también de Iowa, se ha convertido en su mayor defensor, y ha rechazado las críticas de sus colegas de estados productores de combustible.

“Si se puede embargar la venta de chips, se puede embargar la de diésel", publicó Grassley en redes sociales, en referencia a los controles de exportación de tecnología informática.

Trump declaró a los periodistas el martes que “yo he pedido esa medida también”, aunque Scott Bessent, secretario del Tesoro, afirmó que el gobierno aún estudia cómo podría reducir los precios del diésel. El secretario de Energía, Chris Wright, hizo eco de eso el miércoles al exponer en una conferencia sobre el clima en Nueva York que “nadie quiere una prohibición total de cero exportaciones de diésel. Eso no es lo que se está discutiendo”.

Por qué el precio del diésel es tan alto en comparación con el de la gasolina El precio del diésel se ha disparado debido a una confluencia de factores.

Oriente Medio produce una enorme proporción del petróleo utilizado para refinar diésel, lo que ha provocado que su precio suba más rápido que el de la gasolina desde que inició el conflicto en febrero. El cierre del estrecho de Ormuz durante la guerra retiró del mercado cerca del 20% del petróleo mundial, lo que elevó los precios del diésel, la gasolina y el combustible para aviones.

Parte de ese suministro se ha recuperado, pero está lejos de alcanzar los niveles previos a la guerra, explicó Debnil Chowdhury, responsable del equipo de combustibles y refinado para América y Europa en S&P Global Energy. Aunado a eso, hubo importantes ataques de Ucrania contra refinerías en Rusia, lo que retiró del mercado entre 800.000 y 1 millón de barriles diarios de diésel, según S&P.

“Estos ataques han sido bastante prominentes”, agregó Chowdhury. “Si hubiera una manera de lograr un pacto de paz o un acuerdo de paz que anunciara que ya no habrá más ataques a las refinerías rusas o a las refinerías de Oriente Medio... eso tendría, obviamente, el mayor impacto en el precio subyacente”.

“Los últimos meses agotaron el colchón de seguridad de todos, pero ¿y las últimas semanas? El precio del diésel pasó de menos de 6 dólares por galón (1,5 dólares por litro) a más de 6,53 dólares (1,72 dólares). Repito: eso ocurrió tan sólo en las últimas dos semanas. Dígame qué empresa, sea pequeña o incluso grande, había presupuestado algo así”, escribió en un correo electrónico William Stern, director general de Cardiff, una entidad crediticia para pequeñas empresas con sede en San Diego que ha visto cómo se disparan las solicitudes de préstamos debido al aumento de precios.

Una prohibición de las exportaciones podría tener cierto impacto, pero en sentido negativo. El American Petroleum Institute (Instituto Estadounidense del Petróleo) advirtió que, de llevarse a cabo tal medida, los precios del diésel podrían subir para la mayoría de los estadounidenses, una advertencia compartida por varios economistas.

“Eso resultaría en un golpe doble para los estadounidenses debido a precios de alimentos y de combustibles que no dejan de subir”, dijo Brusuelas.

Prohibir exportaciones podría acabar con la industria petrolera y provocar una recesión global Si las refinerías de Estados Unidos —las cuales transforman el crudo en gasolina, diésel y combustible para aviones— dejaran de exportar diésel, acumularían un excedente de producto y necesitarían lugares donde almacenarlo. Y una vez que los tanques de almacenamiento se llenen, advierten los analistas, las refinerías tendrían que dejar de producir diésel. Sin embargo, no pueden suspender la producción de diésel sin reducir el suministro de los otros combustibles y provocar así un alza en sus precios.

“Realmente no existe una forma sencilla de reparar el daño que eso causaría a la cadena de suministro mundial de diésel”, puntualizó Chowdhury. “De verdad tendrá un impacto en toda la economía global”.

Añadió que “las probabilidades de una recesión mundial aumentarían drásticamente también”.

Phil Verleger, un economista especializado en energía, quien asesoró al gobierno de Estados Unidos durante la crisis petrolera de la década de 1970, dijo que creía que una prohibición a las exportaciones de diésel podría reducir los precios, pero de todos modos conllevaría un costo extremo. “En un par de décadas”, advirtió, “la industria estadounidense de los combustibles fósiles habrá desaparecido”.

Eso se debe a que Estados Unidos ha sido un proveedor fiable de diésel para otros países, los cuales probablemente buscarían alternativas si les corta el suministro. Verleger y otros economistas citaron la prohibición del expresidente Richard Nixon de exportar soya en 1973, medida que llevó al resto del mundo a recurrir a Brasil como un proveedor más fiable. Ahora, el país sudamericano produce más que Estados Unidos.

No obstante, Verleger —quien proviene de una familia de agricultores de Iowa— expresó que entiende el dolor visceral que provoca un repunte en el precio del diésel, aunque también es consciente de los peligros de intentar solucionarlo mediante regulaciones.

“Es una pésima medida económica. Las consecuencias a largo plazo serán nefastas”, dijo Verleger. “Si yo fuera un político electo, lo haría”.