En dieciocho meses el presidente electo el año próximo estará hablando a la Asamblea Legislativa. Hoy por hoy los principales candidatos al cargo serían Javier Milei y Axel Kicillof, esto pese a las aspiraciones de Patricia Bullrich y Sergio Massa.
Milei y Kicillof son dirigentes de la misma generación. Economistas. Porteños. Pero también creyentes acérrimos de ideas económicas en las antípodas y oriundas de un mundo que yo no existe, el del siglo XIX. Y la Argentina ahí va, buscando su lugar en el siglo XXI entre libros de otra época y una configuración política que intranquiliza al mercado por más que Luis Caputo tuitee que las exportaciones agroindustriales sean récord, hable delante de inversores en Nueva York esta semana o la próxima en París, o YPF anuncie este miércoles un crédito con apoyo de Washington para financiar proyectos de energía.
Nada de esto parece importarle al mercado. Este martes el riesgo país cerró en 555 puntos. Mientras que en los últimos días el índice de JP Morgan para América latina cayó de 252 puntos básicos a 173, el de Argentina subió de 500 a 555.
Es cierto que un inversor podría pensar que está delante de una oportunidad. Si cree que ganará Milei en 2027 o, más arriesgado, si Kicillof abraza la cultura de la estabilidad macroeconómica y el respeto al cronograma de los pagos de la deuda (este martes se reunió con inversores y empresarios en Nueva York), podría hacer suculentas ganancias.
Pero para esa recompensa hay que estar preparado para soportar una volatilidad alta.
Hoy por hoy el consenso del mercado piensa que la actividad económica mostrará un desempeño mediocre hacia adelante, disminuyendo no solo las chances electorales de Milei. Y además, que Kicillof no es Lula 2003 sino Zohran Mamdani 2026.
Los economistas de la city no están construyendo escenarios de crisis cambiaria, financiera o fiscal para el año próximo. Pero sí admiten que la actividad marcha por debajo de lo esperado, como lo hizo el propio Banco Central. El relevamiento del mercado del BCRA espera un crecimiento de 2,1% para este año cuando. A principio de año era 3,5%.
Ya no se trata de que la economía crece a un ritmo menor que hace un año atrás. Ahora se proyecta que en 2026 crecerá a una velocidad menor a la que se esperaba. Y eso volvería a ocurrir en 2027.
Esta aritmética obliga al Gobierno a hacer aquello que los economistas más subestiman de los políticos: capacidad de reaccionar. Milei piensa todos los días cómo conduciría la economía en caso de que Scott Bessent no actúe como prestamista de última instancia como sucedió en 2025.
¿Y cómo lo haría? Con una política económica más maleable a las ideas que traía en 2023, es decir, con más margen de maniobra en caso de que no vengan los mejores 18 meses como anticipó Caputo en abril.
Hay dos hechos que dan testigo de esto.
Primero, el énfasis que han puesto Milei y Caputo en el último tiempo en que tienen los dólares suficientes para afrontar los pagos a los bonistas y las demandas de las empresas y las personas. Según estimaciones privadas, la compra de divisas de estas últimas podría rondar los US$30.000 millones el año próximo. Lo cierto es que ya sea por el manejo de la política cambiaria y el programa financiero vía préstamos Repos, venta de dólar futuro y acumulación de reservas, el Gobierno asegura que no tiene necesidad de salir al mercado para financiarse en 2027.
Segundo, con el Presupuesto el Gobierno busca algo parecido: desindexar gastos como las asignaciones familiares y la AUH -revirtió de hacerlo en discapacidad-, es lo que le permitiría contar con un mayor margen de maniobra en caso de que los números no resulten como los presupuestados, esto es, que la economía crezca menos a lo esperado. Lo ideal para un secretario de Hacienda no solo es tener grados de libertad para negociar sino también para un manejo anticíclico del gasto público. Un criterio que, en la medida que baje la inflación -Fernando Marull proyecta 1,6% para septiembre- comparte el FMI.
¿Frente a qué shock adverso se prepara el Gobierno?
El internacional no pareciera ser uno. La Reserva Federal subió las tasas y los mercados emergentes no lo sintieron.
“En el caso de la Argentina hoy está mucho mejor parada”, dice el economista Alberto Ades, que llegó a Buenos Aires a presentar su nuevo ensayo Lo que se desvanece. “Hay dos diferencias entre 2018 y hoy: primero, de magnitud. Aquella vez la Fed habló de normalizar la tasa y empezó a hacerse ‘pelota’ la Argentina. Hoy no haría falta mucha más suba. Segundo, Argentina tenía déficit gemelos y hoy tiene déficits fiscal financiero y de cuenta corriente, poco significativos. La vulnerabilidad es mucho menor”.
JP Morgan en un documento de esta semana señaló que “un aumento de la recaudación por debajo de lo esperado requeriría un ajuste adicional en el gasto para preservar el equilibrio fiscal”. Y acá están precisamente las dudas de la sostenibilidad del modelo: cómo calibrará esa aritmética Milei en un momento que, como advierte el economista de Fiel, Daniel Artana, el riesgo electoral vuelve a pesar.
Esas fueron algunas de las preguntas a Caputo en Nueva York en el encuentro con JP Morgan, pero también las que se harán los analistas e inversores del banco Barclays que vendrán lunes y martes próximo a Buenos Aires. Al día siguiente el equipo económico irá a París a seguir respondiendo las mismas preguntas. Estarán empresarios que tenían pensado ir al Coloquio de Idea en Mar del Plata y cambiaron La Feliz por la Ciudad Luz para explicar por qué los próximos 18 meses serán los mejores y no los peores. Pero también habrá inversores europeos que escucharon de boca de Milei decir que sus países “se hunden”. ¿Vendrán más inversiones, por fuera de los anuncios oficiales?
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