Friedrich Merz lucha por su supervivencia como jefe del Gobierno alemán ante el ascenso de la ultraderecha de AfD, la resistencia de la izquierda y la calamitosa situación de su partido, la CDU conservadora.
Los lander de Pomerania y Berlín fueron este domingo a las urnas y el resultado, que ya apuntaban los sondeos, supone un golpe formidable para un Merz que ya salió temblando cuando AfD llegó al 44% el pasado 6 de septiembre en Sajonia-Anhalt. Por primera vez en Alemania se podía votar desde los 16 años.
AfD crece por todo el país, los sondeos le dan una media nacional por encima del 30% que la convierte en la primera fuerza política alemana, y sus líderes exigen que se pongan las urnas cuanto antes a pesar de que el gobierno actual lleva en el poder sólo un año y medio. Die Linke (extrema izquierda heredera del pasado comunista germano oriental) ganó y gobernará en Berlín. Los socialdemócratas seguirán gobernando en Pomerania.
La victoria de Die Linke en Berlín fue rotunda, subiendo 14 puntos con respecto a 2022 y llegando al 24,9%. Desbanca así como primer fuerza política en la capital alemana a la CDU, que cayó desde el 28,2% al 19,2%. La socialdemocracia se dejó 6,4 puntos, hasta 12,0%. Los verdes tres puntos, para quedarse en el 15,4% y AfD subió hasta el 15,8%. Parece poco en relación a su resultado de hace dos semanas en Sajonia-Anhalt y a lo que apuntan los sondeos a nivel nacional, pero Berlín es uno de los lugares donde nunca había llegado al 10% y donde se supone que la ultraderecha tiene peores expectativas. Casi un 16% es un resultado muy positivo para AfD.
Pero el gran estropicio para los conservadores de la CDU llegó en Pomerania. AfD subió 21 puntos para llegar al 38,1% y convertirse en la primera fuerza política. La socialdemocracia perdió su primera posición de 2022 para quedarse en un 35,5%, algo mejor de lo que le daban los sondeos hasta hace pocos días y suficiente para formar gobierno. En tiempos de caídas continuas de gobiernos de izquierda por toda Europa esta semana la familia socialdemócrata europea se lleva dos buenas noticias: esta de Pomerania y la victoria por la mínima del bloque de izquierdas en Suecia, confirmada el miércoles.
La hecatombe de la CDU en Pomerania es histórica. Cayó más de ocho puntos hasta el 5,0%, la barrera que exige la legislación electoral alemana para tener representación parlamentaria. Ese 5,0% es su peor resultado histórico desde 1945 en cualquier tipo de elección, una humillación para Merz y la gota que puede haber colmado el vaso de la paciencia de los barones de su partido, que le buscan sustituto desde hace meses. En Pomerania seguirá en el gobierno la socialdemócrata Manuela Schwesig, una de las caras políticas mejor valoradas de Alemania.
Elif Eralp, principal candidata del partido Die Linke (La Izquierda), habla tras el anuncio de los sondeos a pie de urna al finalizar la votación de las elecciones estatales de Berlín. Foto Reuters
AfD no gobernará en Pomerania porque los socialdemócratas se apoyarán en verdes y en Die Linke. Y Die Linke asumirá, salvo sorpresa, la presidencia del lander de la capital alemana, que tendrá una nueva presidenta en la muy popular Elif Eralp, nacida en Múnich un año después de que sus padres, sindicalistas turcos, huyeran de su país para refugiarse en Alemania tras el golpe de Estado de 1980. Los hijos de la migración empiezan tomar puestos de poder en un país donde el acceso a los altos cargos políticos les estuvo vetado hasta hace poco.
Die Linke se ha reformado en los últimos años, y sobre todo en Berlín, para dejar atrás su pasado comunista y el legado que heredó cuando se formó de los restos del Partido Socialista Unificado de Alemania, el partido único del régimen comunista de la Alemana oriental. Eralp es una de las dirigentes de la nueva generación, lejana a esa herencia comunista y más cercana al ecologismo y a políticas más clásicas de la izquierda europea. Europeísta crítica, pero no eurófoba. Atlantista crítica, pero no prorrusa.
El vaso medio lleno dice que de estas dos elecciones salen dos gobiernos de izquierdas, como estaba previsto en los sondeos. Pero el vaso medio vacío dice que AfD va dando saltos y nadie tiene la receta para frenarlos. Mucho menos Merz, que prometió que haría que perdieran la mitad de sus apoyos y desde que él llegó al Gobierno pasaron de menos del 20% nacional a más del 30%.
Merz compareció ante los medios incluso antes de conocerse los resultados oficiales. Había reunido este domingo a varios de los altos cargos de su partido en un intento de garantizarse que seguiría teniendo su apoyo. El jefe del Gobierno alemán dijo que el resultado era “un desastre” y que la confianza en las instituciones está disminuyendo por culpa de partidos radicales.
Defendió el trabajo de su partido en la coalición de gobierno nacional con los socialdemócratas y su voluntad de seguir en el cargo y de mantener la agenda de reformas económicas que según muchos analistas alemanes están detrás del auge de AfD porque golpean sobre todo a las clases más pobres. Merz llegó a decir que sus reformas, a pesar de la evidencia electoral, son “es el medio contra el veneno autoritario que penetra cada vez más en nuestra sociedad”.
Es muy raro que un jefe de Gobierno nacional en Alemania hable al cierre de unas urnas regionales, pero todo en la situación política de Merz es raro. Las críticas internas arrecian desde el resultado de Sajonia-Anhalt y arreciarán en los próximos días porque los líderes regionales del partido ven que la impopularidad de Merz arrasa con sus feudos.
Frank Werneke, líder del mayor sindicato del país, Verdi, dijo al diario ‘Süddeutsche Zeitung’ que espera que el Gobierno abandone los planes para exigir a los empleados que entreguen una nota del médico desde el primer día de enfermedad. Además, los sindicatos critican con fuerza que con la reforma de las pensiones no se permita cobrar la pensión completa antes de los 65 años incluso para quienes hayan trabajo 45 años.
PB
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