Bill Kellogg tenía apenas 14 años cuando empezó a trabajar en el campo en Ohio. Décadas después, aquella explotación de unas 700 acres —283 hectáreas— se convirtió en una operación familiar de alrededor de 8.000 acres, más de 3.200 hectáreas, que hoy es reconocida por sus prácticas de conservación.
El cambio no comenzó con un programa gubernamental ni con la búsqueda de un premio. Kellogg veía cómo el agua abría una y otra vez cárcavas en los terrenos ondulados de la familia y comprendió que debía modificar la forma de trabajar el suelo.
De 700 a 8.000 acres
Kellogg comenzó muy joven después de que su padre dejara la actividad para cuidar a su esposa enferma. Para su último año de escuela secundaria ya administraba unas 700 acres, en parte gracias a acuerdos con productores mayores de la zona.
Con los años, la superficie aumentó hasta alcanzar aproximadamente 8.000 acres: 1.800 son propiedad de la familia y el resto se trabaja bajo alquiler. Pero la expansión fue acompañada por un cambio progresivo en el manejo de la tierra.
Las primeras medidas estuvieron orientadas a controlar la erosión mediante vías de agua cubiertas de pasto y estructuras para retener agua y sedimentos. Luego llegaron tecnologías más sofisticadas.
La familia en Kellogg Farms.
Actualmente utilizan análisis de suelo en cuadrículas, siembra directa y labranza en franjas o strip-till, manejo de nutrientes de precisión, cultivos de cobertura, franjas de protección, drenaje subterráneo y espacios destinados a polinizadores. La explotación mantiene además unas 60 acres de vías de agua.
La incorporación de Shane Kellogg, hijo de Bill, aceleró el uso de agricultura de precisión. En 1999 comenzaron a realizar muestreos del suelo en cuadrículas para determinar con mayor exactitud cómo se distribuían los nutrientes.
Una de las principales modificaciones fue dejar de aplicar fertilizantes uniformemente sobre todo el lote. Con el strip-till, los nutrientes se concentran en franjas donde pueden ser aprovechados por los cultivos. En experiencias anteriores de la familia, esta estrategia permitió reducir aproximadamente un tercio el uso de fertilizantes.
Estuvo a punto de perder la granja
El crecimiento no fue continuo. Durante la crisis agrícola estadounidense de comienzos de los años 80, Kellogg quedó cerca de una ejecución hipotecaria y tuvo que vender pertenencias para sostener el establecimiento.
La ayuda familiar y una inversión en certificados del programa federal payment-in-kind le permitieron finalmente reducir las deudas. Aquella experiencia marcó la manera en que administraría el negocio durante las décadas siguientes.
Esa lógica también explica por qué los Kellogg no aplican una receta única de conservación. Los cultivos de cobertura, por ejemplo, se utilizan especialmente en terrenos ondulados donde existe mayor riesgo de erosión. Tampoco eliminaron completamente la labranza: cuando es necesaria, suele mantenerse a poca profundidad.
Una granja que se convirtió en modelo de conservación
Los cultivos de cobertura, por ejemplo, se utilizan especialmente en terrenos ondulados donde existe mayor riesgo de erosión
La experiencia familiar adquirió mayor visibilidad después de la crisis del agua de Toledo de 2014, cuando una proliferación de algas vinculada al exceso de nutrientes obligó a restringir el consumo de agua potable.
Los Kellogg se incorporaron entonces a la red Blanchard River Demonstration Farms, impulsada por Ohio Farm Bureau y el Servicio de Conservación de Recursos Naturales del Departamento de Agricultura estadounidense. El proyecto convirtió explotaciones reales en espacios donde probar y mostrar prácticas destinadas a reducir la pérdida de nutrientes y mejorar la calidad del agua.
Durante una década, las granjas participantes recibieron a productores, científicos, funcionarios y estudiantes. La familia también se incorporó posteriormente al programa estatal H2Ohio.
Recientemente recibió el Ohio Conservation Farm Family Award por su trabajo en conservación agrícola.
Ese recorrido terminó por convertir una preocupación que comenzó con simples surcos provocados por el agua en un proyecto que atraviesa generaciones.
Bill, Shane y Jacinta Burd, junto con sus familias, continúan vinculados a la explotación, que recientemente recibió el Ohio Conservation Farm Family Award por su trabajo en conservación agrícola.
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