“Hace meses que no vienes”. “Nunca tienes tiempo para nosotros”. “Después de todo lo que hicimos por ti, podrías visitarnos más”.
Es fácil comprender qué hay detrás de esas frases: muchas veces son maneras torpes de expresar que alguien extraña a su hijo. El problema es que quien las recibe puede escuchar algo diferente: una obligación.
La explicación psicológica se remonta a Jack Brehm, quien formuló en 1966 la teoría de la reactancia psicológica. Su idea central era que, cuando una persona siente amenazada una libertad que daba por sentada, aparece un estado motivacional desagradable dirigido a restaurarla. Por eso una orden puede generar resistencia incluso cuando pide hacer algo que originalmente queríamos hacer.
Por qué la culpa es una mala estrategia
Una amplia revisión reciente aporta evidencia experimental sólida: investigadores de la Hong Kong Baptist University realizaron un metaanálisis en el que encontraron que los mensajes con lenguaje que amenaza fuertemente la libertad generaban más enojo, más pensamientos negativos y mayor reactancia que las versiones formuladas de manera menos controladora. Esas respuestas, además, se relacionaban con una menor capacidad del mensaje para persuadir.
Hay un detalle del metaanálisis especialmente útil para las relaciones familiares: el efecto de la presión fue mayor cuando se pedían conductas repetidas, no una acción única.
Según la psicología, cuando los padres presionan a sus hijos adultos para que los visiten puede ocurrir el efecto contrario. Foto: Adobe Stock.
La investigación sobre padres e hijos adultos
Los vínculos entre padres e hijos adultos también pueden verse atravesados por tensiones relacionadas con la autonomía. Un equipo liderado por Kira Birditt, del Institute for Social Research de University of Michigan, encontró que los desacuerdos son normales en estas relaciones y que las tensiones ligadas al propio vínculo se asocian con menor solidaridad afectiva y mayor ambivalencia.
Esto permite entender por qué la culpa puede conseguir una visita y, al mismo tiempo, deteriorar lo que esa visita significa. El hijo quizá vaya, pero ya no siente que está yendo porque quiso hacerlo. La elección se convirtió en pago de una deuda emocional.
No existe un experimento que haya demostrado literalmente que “presionar a los hijos adultos para visitar hace que dejen de ir”. Esa frase aplica la teoría general de la reactancia a una situación familiar plausible.
Conflictos padres e hijos. Foto Shutterstock
Por eso, pedir contacto no es el problema. La diferencia está entre “nos encantaría verte si puedes” y “nunca vienes a vernos”.
Ambas frases expresan el mismo deseo. Solo una deja intacto el derecho a decir que no. Y la investigación sobre reactancia sugiere que preservar esa libertad puede hacer que la respuesta sea menos defensiva y más genuina.
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