La voracidad literaria de Isabel Allende la hizo convertirse en una de las escritoras en lengua española más leídas del mundo. A los 84 años, la autora chilena sigue creando historias, personajes y sanando su propia historia a través de sus libros.
El éxito internacional la acompaña hace más de cuatro décadas, con más de 75 millones de ejemplares vendidos a nivel global y obras traducidas a más de 40 idiomas.
Tal como ella misma contó en muchas entrevistas, la escritura fue su método de sanación del alma, impulsada por la convicción de que escribir es una forma de trascender el tiempo, porque aunque cada libro tenga un punto final, parece no terminar nunca cuando queda en el corazón de los lectores.
Isabel Allende sostiene su nuevo libro, "La palabra mágica: Una vida escrita" (2026). Foto: IG @allendeisabel
"Paula", la obra epistolar del mayor dolor de su vida: la muerte de su hija
Paula Frías Allende, psicóloga de profesión, murió a los 29 años el 6 de diciembre de 1992. Era la primogénita de Isabel Allende y Miguel Frías -quien fue su esposo durante 25 años y padre también de Nicolás, el segundo hijo de la escritora- y falleció a causa de una crisis de porfiria combinada con un error en su medicación.
Aquella trágica pérdida, el peor de los temores de cualquier padre, hizo aflorar las palabras que luego se transformaron en el desgarrador libro "Paula", publicado en 1994.
El trasfondo de aquellas páginas lo refleja a la perfección la miniserie biográfica Isabel: La historia íntima de la escritora Isabel Allende, disponible en Amazon Prime Video. Los tres capítulos, de una hora cada uno, permiten acercarse a la mujer real detrás de la prodigiosa pluma.
Video
Entrevista a la autora chilena, sobre quien se filmó "Isabel", que se da en Amazon Prime
La escritora volcó su dolor en lo que al principio fue una obra epistolar, una sentida carta para su hija que esperaba leerle algún día cuando despertara del coma.
La propia Isabel contó que llegó a verla en la clínica minutos antes de que tuviera una convulsión. Su hija la miró con sus característicos ojos grandes y ante la mirada vidriosa de su madre, le preguntó: "¿Por qué llorás?".
Sin saberlo, la escritora derramaba ese océano de lágrimas porque veía al primer ser que dio a luz en sus últimos instantes de conciencia. El coma resultó irreversible y se perpetuó durante 150 días de internación hospitalaria.
Luego la familia optó por un complejo traslado aéreo a su casa en California, Estados Unidos, donde Paula permaneció en el mismo estado de salud vegetativo durante otros seis meses hasta su fallecimiento.
En una de las páginas dedicadas a su hija, la autora escribió: "Silencio antes de nacer, silencio después de la muerte, la vida es puro ruido entre dos insondables silencios".
En ese puñado de palabras plasmó lo efímera y azarosa que puede ser la existencia humana. Aquel libro fue una especie de himno y abrazo para cada familia que duelaba una desoladora ausencia y no tardó en convertirse en un fenómeno mundial.
Isabel Allende: "El dolor de haber perdido una hija se queda bajo la piel para siempre y emerge con cualquier disculpa"
En abril último, Isabel habló del momento más desgarrador de su vida en una conferencia dentro del ciclo Aprendemos Juntos 2030, de BBVA. "Lo que pasó con Paula es una de esas situaciones en las que uno no tiene ningún control", expresó.
"Hasta que Paula se enfermó, yo tenía la sensación de que cuando había una crisis, una situación violenta o mala en mi vida, siempre había una manera de escapar", explicó.
Y detalló: "En el golpe militar me podía ir de Chile. En un mal matrimonio, existía la posibilidad de separarse. Pero cuando Paula se enfermó, no había escapatoria. Ni opciones ni alternativas. Lo único que se podía hacer en ese momento era estar con ella. Y rezar", rememoró.
"Yo no soy una persona muy creyente, pero en ese momento lo único que uno puede hacer es tratar de convocar fuerzas mágicas, divinas, para que ayuden, porque nada funcionaba. Y llega un momento en que hay que confrontar el hecho de que se va a morir", relató.
"Cada persona vive el duelo de manera personal. En el caso mío, me ayudó mucho la escritura. Poder escribir Paula me permitió recordar día a día lo que había sucedido en ese año de confusión", confesó.
"Paula se enfermó el 6 de diciembre de 1991 en España y yo pasé varios meses en el hospital con ella, después me la traje a la casa en California. Pero cuando Paula finalmente murió, exactamente un año más tarde, para mí todo había sucedido como en un solo magma", señaló.
La tapa de "Paula", el libro que Isabel Allende escribió tras la muerte de su hija. Foto: Archivo Clarín
"Escribir el libro Paula me ayudó a sanar. Uno nunca olvida, y el dolor de haber perdido una hija se queda bajo la piel para siempre y emerge con cualquier disculpa. Pero uno va sanando con el tiempo y con el proceso creativo, que para mí ha sido muy importante", aseguró.
Además de la escritura, se amparó en el amor de sus lectores, que en cada carta que le hacían llegar le nombraban cuánto los había ayudado leer "Paula".
"Cuando uno sufre un dolor muy grande, uno se va para adentro, te encierras así, te pones como aconchado. Es lo peor que uno puede hacer. Si uno se abre y lo comparte con otros, hay consuelo, hay sanación", recomendó.
"A veces en un texto no es que uno cambie, sino que uno se encuentra reflejado, encuentra una vía para expresar lo que siente o para actuar. Y eso es una cosa maravillosa de la literatura", definió.
El ritual que Isabel Allende cumple cada 8 de enero
Desde hace más de cuarenta años, cada 8 de enero la escritora, nacida en la capital de Perú y nacionalizada chilena, comienza un nuevo libro. Esa fecha en particular fue el día en que la llamaron para avisarle que su abuelo estaba muriendo.
Fue ese mismo día que empezó a escribir su bestseller "La casa de los espíritus" (1982). Una década más tarde empezó a escribir "Paula", con el mismo ritual de liturgia.
La escritora Isabel Allende sigue en plena actividad a los 84 años. Foto: FB/isabelallende
"La muerte de Paula la sentí como un fracaso, como que yo había fallado como madre al no poder protegerla de la muerte. Pero la verdad es que si tú no puedes proteger a tus hijos de la vida, ¿cómo podrías protegerlos de la muerte?", describió Isabel en otra entrevista con El Mercurio.
"Ese mismo año cumplí 50 y fue el fin de la juventud para mí. Entré en mi etapa de madurez porque yo había sido una adolescente eterna. Y después de que ella murió, siento que maduré, que me cambió todo. Eché por la borda todo lo que no es indispensable en la vida", expresó.
"Sentí una sensación en ese momento de tremendo fracaso. De haber fallado. Después, los años siguientes cualquier fracaso era poco frente a ese. Su muerte me cambió", admitió.
"Lo único indispensable son las relaciones humanas. Es el amor, la familia, la mamá, el hijo. De todo lo demás te puedes desprender. También cambió la forma en que enfrento la vida y mi trabajo, la escritura", agregó.
"Yo creo que me hizo mejor persona. A palos, pero me hizo mejor persona. Uno pierde de vista las tonterías: ambición, carrera literaria, nada importa. Te da sabiduría y te da desprendimiento", sostuvo.
"Desprenderte de la idea de que tú mandas. De que tú controlas las cosas, de que si tú lo haces bien, va a resultar. ¡No! Puedes ponerle todo el esfuerzo del mundo y puede que no resulte", explicó. "Lo único que puedo hacer es escribir con la mayor honestidad, con la mayor disciplina posible. ¡Y listo!", concluyó.
Todavia no hay comentarios aprobados.