El especialista en conducta canina Alejandro Flores advierte sobre distintas técnicas para educar a tu mascota.

Ni las órdenes largas ni los tonos paternalistas ayudan: Flores explica que el lenguaje debe ser claro, directo y adaptado al entendimiento del animal.

La educación de perros no es solo obediencia, sino convivencia armónica: un método correcto evita fricciones, garantiza bienestar y mejora la socialización canina.

En sus vídeos virales, el adiestrador identifica tres prácticas contraproducentes muy comunes y muestra cómo sustituirlas por refuerzo positivo, coherencia y paciencia.

Alejandro Flores, en acción.

Las 3 malas prácticas que no debes hacer con tu perro, según el adiestrador

Alejandro Flores se ha consolidado como una voz reconocida en el ámbito del adiestramiento canino gracias a su enfoque claro, directo y respetuoso con los animales. Su trabajo parte de la idea de que una buena educación canina no puede basarse en el exceso de ternura ni en un trato infantilizante, sino en establecer normas sencillas, comunicación clara y un vínculo basado en el respeto mutuo.

Como él mismo afirma: “Hablar a tu mascota como si fuera un bebé para educarla es un error que comete demasiada gente”.

Flores sostiene que muchos propietarios caen en la tentación de utilizar frases largas, tonos suaves o palabras cariñosas para dirigirse al perro, pensando que así fortalecen su vínculo. Sin embargo, este tipo de comunicación puede generar confusión en el animal, ya que no asocia dichos mensajes con acciones concretas.

En su lugar, propone órdenes cortas, consistentes y claramente diferenciadas, de modo que el perro pueda entender y responder con mayor eficacia.

Asimismo, el entrenador subraya que la educación canina no se trata simplemente de enseñar trucos o cumplir con el estándar de “obediente” para el dueño, sino que tiene una dimensión superior: favorecer la convivencia del perro con su entorno, evitar situaciones de riesgo y asegurar su bienestar.

Cuando un perro está bien educado, sabe relacionarse mejor, puede moverse con más seguridad y el vínculo con su persona será menos tensional.

Un perro bien educado, sabe relacionarse mejor.

Un tercer aspecto fundamental del método de Flores es evitar tanto el exceso de exigencia como el castigo. Según él, imponer disciplina mediante gritos, intimidación o correcciones severas no solo es innecesario, sino contraproducente: el perro puede terminar asociando la conducta del dueño con temor o rechazo.

“Si yo exijo a mi perro, va a odiar que lo eduque”, afirma. En cambio, una educación basada en el refuerzo positivo, el cariño y la paciencia genera mejores resultados y un ambiente más saludable.

Flores pone especial énfasis en que la clave está en el sistema. Si el dueño cuenta con un buen sistema educativo, en el que las órdenes se repiten de forma coherente, en el que las recompensas son oportunas y se controla el ambiente de aprendizaje, entonces “no hace falta ni exigir ni castigarlo”. Esta frase resume su filosofía: educación firme pero amorosa, amable pero estructurada.

Cuando un perro está bien educado, sabe relacionarse mejor, puede moverse con más seguridad y el vínculo con su persona será menos tensional.

En su trabajo con perros y sus humanos, Flores aborda también errores frecuentes en las rutinas domésticas: por ejemplo, creer que un perro “ya lo hace todo perfecto”, adelantarse al proceso de aprendizaje o no adaptarse al ritmo del animal.

Estos errores pueden provocar frustración tanto en el dueño como en la mascota, y pueden reforzar malos hábitos sin que el propietario lo note. Según él, la paciencia y la constancia son fundamentales: el proceso educativo es gradual.

Su presencia en redes sociales -en plataformas como TikTok- le ha permitido viralizar estas ideas, ayudando a muchos dueños a replantear su forma de comunicarse con sus perros y a entender que la educación canina es tanto un arte como una ciencia.

Su mensaje rompe con la suavidad excesiva y apuesta por una interacción más auténtica y comprensible para el animal. En resumen: no más “bebés” cuando se habla al perro, sino órdenes simples, coherencia, refuerzo y una buena dosis de respeto mutuo.