DublíLa presidenta irlandesa, Catherine Connolly, recibió este sábado en Dublín a su homólogo estadounidense, Donald Trump, en una breve y fría visita de cortesía, aunque entre honores militares, como parte del viaje informal de dos días del político republicano a Irlanda, donde también asistirá a un torneo de golf.
Pese a no tratarse de una visita oficial, el parque dublinés de Phoenix Park, cerrado a cal y canto para la ocasión, se engalanó para el mandatario estadounidense, que fue recibido por las autoridades irlandesas con una guardia de honor.
A su llegada al palacio presidencial de Áras an Uachtaráin, Trump recorrió la alfombra roja, estrechó la mano de Connolly y ambos líderes entraron al edificio momentáneamente, antes de volver a salir para escuchar, a cargo de una banda militar, los himnos de Estados Unidos e Irlanda.
No se difundieron imágenes de lo que ocurrió en el interior, ni tampoco de lo que ambos líderes hablaron durante esta denominada 'visita de cortesía' que duró unos 15 minutos, aunque sí se ha difundido que Trump firmó el libro de visitas de la residencia con el mensaje: "Es un gran honor estar aquí. Gracias".
Existía una enorme expectación por el encuentro entre Trump y la presidenta irlandesa, dadas las diferencias ideológicas entre ambos. En el pasado, Connolly, abiertamente propalestina, había tildado al mandatario estadounidense de "matón" y "misógino", ha criticado sus políticas y su papel en la guerra de Gaza e Irán, y ha participado en manifestaciones en su contra.
Pese a ello, la jefa de Estado irlandesa optó por un enfoque más diplomático y se limitó a cumplir formalmente su papel, pero -como bien anotaron los medios del país- no pudo ocultar su nula simpatía por Trump, ni tampoco su gélida sonrisa.
Tras verse con Connolly, el jefe de la Casa Blanca se dirigió a la residencia oficial de huéspedes de Farmleigh House para mantener una reunión bilateral con el 'taoiseach' (primer ministro irlandés), Micheál Martin.
Después presidirá un evento en la residencia del embajador estadounidense en Dublín, donde pronunciará un discurso frente a un centenar de invitados. Este será el último compromiso político de Trump en la capital irlandesa antes de desplazarse a su complejo de golf en Doonbeg, oeste del país, para asistir al Abierto de Irlanda.
Trump llega a la isla esmeralda en medio de "uno de los mayores dispositivos de seguridad" en la historia de Irlanda, y con multitudinarias protestas de corte antibelicista y en rechazo del presidente estadounidense convocadas tanto en Dublín, como en los alrededores de Doonbeg.
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