Los vecinos de Capitán Sarmiento, una localidad bonaerense de apenas 16.000 habitantes que queda a 150 kilómetros de Capital Federal, están viviendo uno de los momentos más duros de su historia tras el despido de 700 trabajadores de la planta de faena de Granja Tres Arroyos.
Este hecho no solo afecta a los operarios desvinculados, sino a gran parte de la comunidad, que ve cómo el mayor empleador del pueblo cierra sus puertas, impactando en el nivel de ventas de los comercios locales y a la economía del grueso de sus familias.
Así, Capitán Sarmiento pasó de contar con una de las empresas líderes del país con más de 30 años en el pueblo y que empleaba a más de 1000 personas - de las cuales 850 eran locales -, a que hoy reine la angustia y la incertidumbre entres sus trabajadores y vecinos, con ollas populares para ayudar a aquellos que ya no tienen cómo mantenerse.
Es por eso que Clarín Rural habló con los empleados despedidos para saber de primera mano qué se está viviendo en la ciudad, más allá de que hoy haya una conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires por 15 días, que obligó a la reincorporación de los empleados desafectados.
Alberto tiene 62 años y hace 18 que trabaja en la planta. Con más de 30 años en el pueblo, sostuvo que la sensación común en los empleados de Granja Tres Arroyos es de “incertidumbre” y también de “sorpresa”, ya que “era una empresa que venía cumpliendo a rajatabla con los compromisos de pago y, de un tiempo a esta parte, viene tropezando”.
Granja Tres Arroyos: empleados despedidos de la planta de Capitán Sarmiento.
“El panorama es incierto, porque si bien se activaron todos los protocolos de ayuda, termina siendo poca. Somos, de un plumazo, 500 despedidos en el pueblo. Yo estoy intentando ver si me puedo jubilar, pero hay mucha gente joven que tiene que reinventarse. Esto que pasó es tremendo, pero a la vez una lección para todos. El panorama es desolador, pero al mismo tiempo la gente está intentando salir adelante”, comentó a este medio.
Para Alberto, el impacto de lo sucedido repercutió tanto en los comerciantes de la ciudad, como en su propia familia: “se nota lo que pasó. Los que trabajábamos ahí éramos los que les compraban, los que gastaban y dejaban la plata en el pueblo, más allá de que hace tres meses de sueldo que nos deben, junto al aguinaldo. Algunos comercios han cerrado porque no se podían sostener. Y también se nota que hay mucha gente más dando vuelta buscando trabajo y, los que antes tenían una changuita, ahora tienen competencia”.
Un ejemplo es lo que le ocurrió a su hija: “ella tenía una escuela de danza, con 50 o 60 alumnas y lo tuvo que dejar, porque se fueron bajando (los clientes), debido a que tuvieron que priorizar los gastos principales de la economía familiar”.
Blanca tiene 55 años y nació en Santiago del Estero, pero se estableció en Capitán Sarmiento hace más de 20, cuando consiguió trabajo en la planta.
Trabajadores de noche en una olla popular.
Según comentó, hace meses que vienen con problemas para cobrar sus sueldos de manera completa y a término, llegando a percibir el salario en cuotas, siempre y en cuanto la empresa los depositara.
“Ya venimos hace meses con este tema: primero nos bajaron el sueldo, después nos iban pagando en cuotas, pero no lo pudieron sostener y se fue haciendo cada vez más larga la cosa. Cuando uno que tiene créditos, el banco te descuenta todo, si te ponen 80 o 100.000 pesos, te los saca. Y así, llega un momento en que te cortan la luz o el agua. Yo vivo con mi hija menor y mi nietito de 6 meses, entonces te imaginas peor la cosa, porque dependen de mí”, comentó Blanca.
Por otro lado, señaló que esta situación unió a los trabajadores. “Estuvimos juntos todo este tiempo al frente de lo que es nuestro trabajo, haciendo ollas populares, porque hay muchas familias con niños. Hay mujeres que tienen hijos con problemas de salud. Entonces, estamos compañándonos y conteniéndonos. A las noches, el que quería llorar, tenía un hombro para hacerlo. Es una situación muy angustiante”, relató.
Trabajadores despedidos a la vera de la ruta.
No obstante, Blanca está buscando una salida al problema: “como soy de Santiago del Estero, me dedico a hacer empanadas. Acá en el pueblo se vende bastante.
"De la angustia que tenía, le pedí a Dios que me encamine y la verdad que me levanté positiva. Lo vi a mi nieto, me sequé las lágrimas y dije, ‘listo, esto es lo mío’ y empecé a publicar en las redes lo que hago y estoy vendiendo desde ayer y hoy tengo pedidos”, concluyó.
Oscar tiene 48 años y trabaja hace 18 en la fábrica y, como sucede con todos sus compañeros, está atravesando un momento complicado: “nunca pensamos que una empresa número uno, que faenaba casi 400.000 pollos por día, de un día para el otro esté así. Además de que hay muchas granjas alrededor, que hoy en día están para arriba”
“Yo todavía la vengo pilotando porque mi señora tiene un trabajito o hace limpiezas en algunas casas y así estamos sobreviviendo. Capitán Sarmiento especialmente dependía prácticamente de Granja. Esto era una cadena, porque cuando nosotros cobrábamos, íbamos y lo gastábamos acá en el pueblo”, dijo Oscar.
Por último, sostuvo: “no veo futuro respecto a Granja Tres Arroyos. Por ahí viene algún inversor que ponga dinero ahí y salgamos a flote. Ojalá que sea así. Pero siendo sincero, no lo veo”.
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