A pocos kilómetros de Taos, en el estado de Nuevo México, una comunidad desafía el modelo tradicional de vivienda. Allí, unas 100 casas permanecen parcialmente enterradas, funcionan sin conexión a la red eléctrica, no dependen del suministro público de agua y aprovechan los recursos naturales para cubrir las necesidades diarias de sus habitantes.

Desde la carretera, el conjunto casi pasa inadvertido. Las viviendas se integran con el paisaje gracias a terraplenes de tierra compactada. Sus paredes utilizan neumáticos reciclados, botellas de vidrio y otros materiales reutilizados, mientras que los techos captan el agua de lluvia para abastecer el consumo doméstico.

La comunidad, conocida como Greater World Earthship, lleva tres décadas demostrando que una vivienda puede funcionar de forma autosuficiente gracias a la energía solar, la lluvia y un sistema de reutilización del agua.

Cada gota que consumen los residentes comienza su recorrido sobre el techo de la casa. Según Eco Portal, después de la recolección, el agua pasa por distintos procesos de filtrado, abastece las necesidades del hogar, sirve para el riego de jardines y finalmente vuelve al suelo como parte de un ciclo continuo.

El sistema energético también elimina la necesidad de conectarse a la red pública. La comunidad utiliza energía solar activa para generar electricidad y energía solar pasiva para mantener una temperatura agradable dentro de las viviendas durante todo el año.

A pocos kilómetros de Taos, en el estado de Nuevo México, una comunidad desafía el modelo tradicional de vivienda. Foto: Wikipedia.

El diseño arquitectónico resulta clave para el funcionamiento

Según Eco Portal, tres de las paredes permanecen enterradas a casi dos metros de profundidad y están construidas con tierra, arena, adobe y cemento. Durante el día almacenan el calor del sol y, por la noche, lo liberan lentamente hacia el interior de la vivienda, sin necesidad de calefacción convencional.

En la fachada sur, los invernaderos permiten cultivar especies poco habituales para una zona desértica de gran altitud. En esos espacios prosperan plátanos, tomates, higos y papayas, protegidos del frío gracias al efecto del vidrio y al calor acumulado por la construcción.

Una nueva etapa del proyecto, denominada Pangea Biotecture, incorporó espacios comunes para los residentes. El complejo suma senderos, canchas deportivas, un anfiteatro y una piscina natural que terminó sorprendiendo incluso a sus propios creadores.

Sus paredes utilizan neumáticos reciclados, botellas de vidrio y otros materiales reutilizados. Foto: SAH Archipedia.

Lejos de parecer una piscina tradicional, el espacio recuerda más a una laguna rodeada de vegetación. El agua permanece limpia sin utilizar cloro ni otros productos químicos.

¿Cómo funciona esta piscina natural?

  • El agua circula de manera permanente entre la zona de baño y una zona de regeneración.
  • La filtración ocurre de forma biológica mediante grava, arena y raíces de plantas.
  • Las bacterias beneficiosas descomponen la materia orgánica de manera natural.
  • El sistema elimina la necesidad de utilizar cloro y reduce el consumo de agua.
  • El mantenimiento se basa en el cuidado de las plantas y el equilibrio del ecosistema.

La mayor sorpresa apareció poco después de llenar la piscina. Sin intervención humana, comenzaron a llegar insectos acuáticos, libélulas, escarabajos, caracoles y otras especies propias de humedales. Según informó Eco Portal, con el paso del tiempo también aparecieron ranas y aves, entre ellas martines pescadores, que encontraron allí un nuevo hábitat en medio del desierto.

Las viviendas funcionan sin conexión a la red eléctrica y no dependen del suministro público de agua. Foto: clui.org.

Según especialistas en lagunas naturales, este tipo de ecosistemas suele atraer fauna silvestre apenas se completa la plantación de la vegetación acuática. En pocos años, el espacio alcanza un equilibrio biológico capaz de mantener el agua limpia y favorecer una gran diversidad de especies.

Además del beneficio ambiental, este modelo también reduce costos. A largo plazo desaparece el gasto en productos químicos, el consumo de agua puede disminuir entre un 40% y un 60%, y la demanda energética baja entre un 20% y un 30%, según Eco Portal.