Hay transformaciones estructurales de fondo en la economía argentina que la vinculan de una manera distinta con el sistema mundial, caracterizado por constituir una estructura integrada transnacional de producción cuyos protagonistas son unas 88.000 empresas transnacionales con sus 600.000 asociadas o afiliadas.

Esto se manifiesta a través de la transnacionalización de los sistemas productivos que consiste en la integración de las actividades económicas de un país o de una región con las grandes cadenas transnacionales de producción que poseen las tecnologías, los capitales, y las capacidades gerenciales para competir en los grandes mercados internacionales.

Es lo que está ocurriendo en Córdoba, Santa Fe y el Norte de la provincia de Buenos Aires donde la compañía “Mexicana de Industrias y Marcas” / MIYM, que se ha convertido en una de las grandes productoras de lácteos de la economía norteamericana (EE.UU/México/Canadá), se ha dispuesto a adquirir la firma San Ignacio de Córdoba, que es la principal productora de “dulce de leche” de la Argentina, el producto que es un símbolo de la identidad nacional de los argentinos.

Los sectores lácteos y frutihortícolas son los grandes ganadores de la producción agroalimentaria mexicana en el tratado de libre comercio de América del Norte/NAFTA-1994; y que en ese carácter se han convertido en los sectores más competitivos del amplio mercado norteamericano.

Ahora, la producción láctea mexicana/norteamericana se ha lanzado a la fase de transnacionalización de su producción; y en este camino su instinto estratégico le ha indicado que la Cuenca Lechera Argentina es la que reúne las mejores condiciones ecológicas del sistema mundial; y que su ubicación geográfica es verdaderamente privilegiada, y que se encuentra en la Región Centro de la Argentina con eje en Villa María, Córdoba.

Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) en la Región Central de la Argentina se encuentran 13 cuencas lecheras de categoría internacional. Agrega la BCR que el producto lácteo por su propia naturaleza está estrechamente vinculado a la fase industrial.

El núcleo de este archipiélago productivo se encuentra en el oeste de Córdoba y en el Centro-Oeste de Santa Fe, especialmente – en esta última provincia – en los departamentos de Castellanos, Las Colonias, San Cristóbal y San Martín: este es el corazón de la Cuenca Láctea de la Argentina, la mejor región del mundo para producir leche de alta calidad.

Esto, en definitiva, significa que exportar cada vez más exige participar de esta tendencia mundial, porque en el mundo de hoy más de 85% del comercio internacional se está realizando a través de los eslabones del sistema integrado transnacional de producción.

El “dulce de leche” de la Argentina tiene un renombre internacional (algo semejante a lo que ocurre con las carnes argentinas, que ya se sabe, ante todo en EE.UU, que son las “mejores del mundo”) y es lo que permite vender con marca en los grandes supermercados norteamericanos en los 50 estados de la Unión.

Hay un tratado de comercio e inversiones entre la Argentina y EE.UU vigente desde 2025; y que es de comercio para EE.UU y de inversiones para la Argentina; y que puede canalizar con inversiones estadounidenses la exportación en gran escala del “dulce de leche” producido en la Cuenca Láctea central de la Argentina con epicentro en Córdoba y Villa María.

En este momento 15% de la producción de “dulce de leche” de San Ignacio, la empresa santafesina fundada en Rosario en 1939, se exporta a EE.UU, Canadá Y Japón; y al mismo tiempo coloca su producción de quesos, cremas especiales, y leche fluida en 18 países; y en el caso de los “quesos azules” el 85% de su producción se destina al exterior.

Todo esto puede multiplicarse por 10 o por 20 si se transnacionaliza la producción con capitales mexicanos/norteamericanos.

Lo que el ”holding” mexicano-norteamericano tiene a la vista es más que el “dulce de leche” o el “queso azul”, es el inmenso potencial de la Cuenca Lechera argentina de Santa Fe, Córdoba, y el Norte de la Provincia de Buenos Aires.