De alguna manera, dice la periodista y académica Eugenia Zicavo, el trabajo de relectura y edición que le demandó su nuevo libro, Primeras páginas. Los mejores 100 comienzos de la literatura, fue "un ejercicio curioso" que desafió a su biblioteca.

La académica y escritora Eugenia Zicavo. Foto: gentileza.

Durante semanas, la socióloga fue volviendo sobre sus lecturas favoritas con una premisa: las primeras cinco páginas debían ser capaces de contener la belleza y la potencia de la obra toda. Hubo éxitos y decepciones, hubo otras búsquedas e incluso descubrimientos y todo eso confluye en un volumen exquisitamente editado por Factotum que funciona como un mapa de la felicidad. "Toda historia comienza con una promesa", dice Zicavo en el prólogo.

–El libro presenta autores canónicos y otros contemporáneos. ¿Cómo te llevás con la idea de canon literario?

–Tomé muchas cosas en consideración porque hubo dos etapas en este libro. Una mucho más intuitiva en la que puse a prueba los libros que yo recordaba que arrancaban muy bien y que, además, me habían marcado como lectora. Son libros que están en el mismo sector de mi biblioteca. Los primeros cincuenta comienzos me hicieron pensar que este iba a ser un trabajo muy fácil de resolver porque todo coincidía con mi memoria, todo me devolvía una lectura exquisita. Pero, después, empezaron los problemas. Primero, porque me di cuenta de que esos cien tenían que ser representativos de mi formación como lectora, pero además que, si uno decidía ir detrás de esos buenos comienzos, la novela tenía que estar a la altura. Entonces, por ejemplo, en el caso de Sándor Márai, incluí El último encuentro, porque La hermana arrancaba muy bien pero la novela no me gustó tanto.

–Así el listado final también destaca por sus omisiones.

–Es que este canon está hecho más que nada de omisiones porque hay novelas perfectas que, para el alto impacto que yo buscaba en las primeras páginas, se demoran mucho más en plantear su universo o son ejercicios más vanguardistas... Entonces, primero quedaron afuera obras muy buenas que no tenían necesariamente muy buenos comienzos y luego, en esa primera selección, sucedió que había muchos asesinatos y muchos suicidios, así que busqué también obras más luminosas. Así, entraron novelas de ciencia ficción, pero con un muy buen sentido del humor y de la ironía como Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams, o Madre noche, de Kurt Vonnegut, que tienen esa picardía o ese tono irónico distanciado con el mundo.

–Hay autoras contemporáneas y argentinas.

–Claro, otra de las cosas que tuve que tener en cuenta fueron de dónde eran los autores y autoras y que la selección fuera bastante representativa de la literatura del mundo. Después, estaban los periodos históricos, por ejemplo, están desde la Biblia, La Ilíada o Las mil y una noches hasta novelas epistolares del siglo XVIII como Las relaciones peligrosas, de Choderlos De Laclos, o Justina o los infortunios de la virtud, del Marqués de Sade, e incluso Shakespeare. Cuando trabajaba con algunas épocas, me di cuenta de que primaba el eurocentrismo, pero la idea fue balancear. Y también en el caso de los varones y las mujeres, porque por supuesto son menos las escritoras que aparecen porque ahí tuve que ser honesta con mi propio recorrido lector. Yo, hasta hace diez años, casi que no leí autoras y fue el feminismo y las lecturas feministas las que me hicieron dar cuenta de ese tremendo cepo del que yo no era para nada consciente. Porque a mí me formaron escritores varones, salvo contadas excepciones, Patricia Highsmith, Marguerite Duras y Marguerite Yourcenar, y otras teóricas como Simone de Beauvoir, que vienen de mi formación como socióloga. Por eso, hay muchas más mujeres del siglo XX y sobre todo el siglo XXI porque también coincide con mi lectura de contemporáneas y con cierto boom de la literatura latinoamericana escrita por mujeres y con estéticas y propuestas literarias que a mí me llevaron puesta como lectora. Así, lo que empezó quizás como un gesto político o una manera de enmendar algo, terminó siendo una recompensa estética, porque lo que me dio la escritura de esas mujeres es una literatura que, para sorpresa de nadie, me interpelaba mucho más.

–Al final del proceso, ¿fue más difícil incluir en la lista o dejar afuera?

–¡Me pasé de los cien necesarios! La dificultad fue sacar y editar porque no se trataba de que tuvieran primeras frases geniales. Por ejemplo, Moby Dick, si bien arranca con tres primeros párrafos brillantes, después siguen unos diálogos que son bastante anodinos sin ese remate que yo quería antes de las primeras mil palabras. Entonces, también me di el lujo de ser editora de esas primeras mil palabras. Por eso, me pasé en unos 30 o 40 libros, porque además había más de un libro de algunos autores como Alessandro Baricco, Javier Marías o José Saramago, de quien era una tentación elegir Ensayo sobre la ceguera, aunque al final opté por Las intermitencias de la muerte. En el caso de Javier Marías, que arranca el libro con Corazón tan blanco, también tenía Mañana en la batalla piensa en mí, que tuve que resignar aunque los dos estaban a la altura.

La académica y escritora Eugenia Zicavo. Foto: gentileza.

–Buscabas inicios impactantes, esa idea ¿es individual o hay una condición de universalidad en ese impacto?

–No tengo cómo medir la universalidad del impacto, entiendo que es personal y como el libro es un gran homenaje a mi biblioteca, yo fui la medida de las cosas, fui mi lector ideal, pero no sé si se puede hacer de otra manera. Yo no pasé por la carrera de Letras, estudié primero periodismo y empecé a trabajar muy chica, estudié Sociología en la UBA y después hice mi doctorado en ciencias sociales. Ahora, soy profesora en Sociología de la cultura y en Gestión del arte y la cultura. Ahora bien, en paralelo, leí desde que aprendí a leer y nunca más paré. Y haciendo este libro, me sorprendió y me dio ternura retrospectiva pensar que era una suerte haber nacido en Buenos Aires para ser lectora porque pude acceder a los libros usados que compré a mis 17 o 18 años en la calle Corrientes, a la colección de compactos de Anagrama de los 90 y a los suplementos culturales y las revistas que leía. Este libro fue hecho con todo eso, con los ejemplares en papel que tengo en mi biblioteca, salvo muy poquitos que leí en el Kindle, de manera muy artesanal.


Primeras páginas. Los mejores 100 comienzos de la literatura, de Eugenia Zicavo (Factotum).