No hay cuadra, esquina o pedazo de calle sin montículos de escombros o cascotes esparcidos que hay que esquivar para caminar. 72 horas después del terremoto que sacudió a Colombia, la ciudad de Pereira es la cara más visible del desastre. Los equipos aún buscan gente con vida debajo de los escombros y debido al caos dictaron una restricción total para los vehículos particulares, salvo los que transportan a rescatistas.

Pereira, una de las capitales del eje cafetero colombiano, está devastada. La céntrica Plaza Bolívar está militarizada y con cintas de peligro que prohíben el paso. Las máquinas trabajan en las ruinas de un edificio de varios pisos que se desplomó por completo. La sede estilo colonial del Banco de Colombia está destrozada. Al ruido de las excavadoras se le suma el de varias alarmas de los bancos y el timbre del semáforo sonoro para peatones no videntes.

El centro de Pereira, en Colombia, quedó devastado por el terremoto. Foto: Juano Tesone/ Enviado especial

La tarde del miércoles marcó un caos en el tránsito vehicular. En los alrededores de la terminal de ómnibus de la ciudad de poco más de 400 mil habitantes avanzar una cuadra en auto llevó varios minutos.

Según las autoridades locales, al movimiento de los rescatistas, voluntarios y vecinos que buscan a sus familiares se le suma la presencia de curiosos. Clarín presenció un embotellamiento en el que una ambulancia con las sirenas encendidas quedó atrapada.

En medio de ese caos, el gobierno de Pereira lanzó una dura restricción. El alcalde, Mauricio Salazar Peláez anunció la prohibición de circulación de autos particulares desde la medianoche del miércoles hasta el lunes. Busca facilitar los trabajos de los rescatistas.

"La ciudad está colapsada. Muchas vías están cerradas y las pocas que tenemos disponibles debemos mantenerlas despejadas para que los organismos de socorro puedan circular, los carros de bomberos, los equipos médicos, para que las volquetas puedan avanzar con la recolección de los escombros”, anunció en sus redes sociales.

Según datos de la alcaldía, el terremoto en esta ciudad dejó 81 muertos, 278 heridos y 37 personas desaparecidas. Pero el daño también es estructural: cayeron 92 edificios, 60 centros educativos quedaron comprometidos y suman 26 viviendas averiadas. Aunque con el avance de los relevamientos estos números podrían crecer.

El escenario es apocalíptico. Casi sin vehículos, en una las calle semipeatonales del centro las personas deambulan mirando cada construcción afectada o caída.

Unos minutos después de las 8 de la mañana y a solo una cuadra de la plaza central, algunos agentes se agolpan sobre la cinta de peligro. En el 7-50 de la carrera 21, hay rescatistas en el interior de un edificio de tres pisos que se aplastó hacia atrás. Marlon López, vecino de la zona, señala que buscan a Humberto Vanegas Restrepo, un fotógrafo jubilado que quedó adentro.

Aunque primero les llegó la información de que había fallecido, no encontraron su cuerpo y por algunos sonidos que percibieron, creen que sigue con vida.

Los policías que están afuera levantan su puño, una señal para que todo aquel que está haciendo ruido se quede quieto. La tensión es total. Mientras esperan por alguna señal de Humberto -a quien todavía le suena el celular-, a los rescatistas les llega una alerta sísmica.

El desastre en una de las esquinas céntricas de Pereira, en Colombia. Foto Juano Tesone/ Enviado especial

A las 8.12 salen a paso ligero, el aviso de una réplica de magnitud 3,1 los obliga a abandonar el área. Los agentes evacúan la zona y piden que todos se muevan hacia la esquina. Minutos más tarde, los rescatistas reconocen que la estructura está muy comprometida y será difícil volver a ingresar.

Otro de los puntos críticos de la ciudad es la urbanización Las Lorenas. De los cuatro complejos de edificios residenciales de cinco pisos queda poco y nada. Algunos se cayeron por completo, en otros cedió uno de los pisos inferiores. Desaparecieron paredes laterales y hasta se ve el surco en la tierra que provocó el terremoto de 7.4 en la escala Richter del último lunes.

"Aquí eran 16 edificios de apartamentos, por cada piso había dos departamentos. Tres colapsaron por completo y algunos quedaron inclinados y con aplastamiento. Tuvimos seis muertos, se lograron rescatar dos personas con vida y mascotas. Necesitamos ayuda de todos los gobiernos del mundo para la reconstrucción", señala a Clarín Álvaro Guerrero, vecino del complejo e ingeniero civil. Remarca que era un complejo de viviendas de poder adquisitivo medio alto.

Al caer la noche, el panorama es aún más desolador. Hay personas que revuelven los montículos de escombros en búsqueda de hierros y chapas. A medida que disminuyen los peatones, los vendedores ambulantes abandonan el centro; se adaptaron a la tragedia y ofrecen barbijos a 1000 pesos colombianos (0,30 dólares). En las esquinas se agolpan las bolsas de basura que, tras el agobiante calor de Pereira, empiezan a emanar olores nauseabundos.

Así quedó el centro de Pereira después del terremoto en Colombia. Foto: Juano Tesone/Enviado especial

Algunos de los comercios que abren durante las 24 horas atienden al público pero desde afuera. Los supermercados que dejan pasar a los clientes tienen poca mercadería. En el ingreso tienen personal de seguridad. En las calles, aumentaron las recorridas de uniformados armados. Ante el temor de posibles saqueos, la militarización acompañó a las restricciones en el tránsito.

En uno de los puntos céntricos Clarín los observó que patrullar adentro de un camión frigorífico con sus puertas laterales abiertas.

Pese al colapso, en Pereira tienen fresca la memoria del último terremoto. El 25 de enero de 1999, un sismo de 6.2 en en el municipio de Córdoba, Quindío llegó a la ciudad. Ese temblor fue de 28 segundos.

"Desde ese terremoto hasta el de ahora hubo varios sismos pero leves. Lo que me sorprendió de este terremoto fue la duración. Fue bien largo", comenta a este diario Hernando Lozano, en el centro de Pereira.

Así luce una de las calles céntricas en Pereira después del terremoto en Colombia. Foto: Juano Tesone/Enviado especial

Según el Servicio Geológico Colombiano, los registros instrumentales de las estaciones ubicadas cercanas al epicentro mostraron un movimiento significativo de entre 90 segundos y dos minutos. Eso explica el grado de destrucción en esta capital del eje cafetero.