Francia parece la Pampa húmeda en diciembre. Un mar amarillo, pero no de trigo, sino de pasto seco y estéril. Si llueve, el agua no podrá penetrar esa tierra muerta, dura, y habrá inundaciones. El próximo drama.

Primero fue la ayuda sin cuartel de los agricultores a los bomberos durante los incendios forestales en Francia. El país se lo agradeció. Ellos fueron los que evitaron, con sus tractores y maquinarias, que las llamas se expandieran; con sus "cortafuegos" de centenares de hectáreas, los que salvaron las casas de sus vecinos y los animales.

Ahora es este "enorme agotamiento moral y físico" que sienten al ver sus cultivos muriendo por la "canicule", la falta de agua y su futuro. Un grito y un pedido de ayuda para una catástrofe sin antecedentes, producto del cambio climático y las cinco olas de calor de más de 40 grados en todo el país.

Un "annus horribilis", como diría la reina Isabel II. Ante una sequía histórica, toda la agricultura francesa se enfrenta a grandes dificultades. Los sectores hortofrutícola y ganadero sufren los efectos combinados de las olas de calor y la grave sequía, hasta el punto de que algunos temen escasez de alimentos.

Un campo de maíz busca sobrevivir en medio de la ola de color y la sequía, en Bordeaux. Foto: Reuters

El mismo fenómeno se reproduce en Gran Bretaña. Piensan que no va a haber alimentos, verduras ni leche. La temperatura no baja de 38 grados en el reino.

"Los efectos combinados de la sequía y las repetidas olas de calor han arrasado literalmente el pasto". En un comunicado conjunto (PDF), las federaciones de ganaderos de vacuno (carne y leche), ovino y caprino de Francia instan al gobierno a abordar este "fenómeno histórico".

Sequía atroz con secuelas

En términos generales, todos los sectores de la agricultura francesa lamentan las enormes consecuencias de la sequía que azota Francia.

Météo-France lo confirma: julio de 2026 fue el mes más caluroso y seco jamás registrado desde que comenzaron las mediciones en 1900, lo que ilustra los efectos del cambio climático.

Bomberos trabajan en un incendio en Gironde. Foto: Reuters

"Los suelos están incluso más secos que en 2022 y 2025 en la misma época del año", explican.

No es el trigo o el maíz solamente, sino las hortalizas, las legumbres, las papas, las vides y las frutas las que hoy son las víctimas.

La situación es crítica para los productores de frutas y hortalizas. Las estimaciones iniciales indican pérdidas de entre el 30 % y el 70 % en algunos cultivos.

Las pérdidas de rendimiento afectan a todos los sectores agrícolas y ascienden a miles de millones de dólares. Los agricultores exigen ayuda financiera para sobrevivir. Piden al gobierno y a la Unión Europea.

Horticultura, fruticultura, ganadería, viticultura… Todos los sectores agrícolas franceses se están viendo gravemente afectados por las numerosas olas de calor que azotan Francia este verano. Se ha iniciado esta semana la quinta ola de calor, con temperaturas que llegarán a los 42 grados. Nunca visto.

La palabra de los productores

"La situación en la agricultura francesa ya no está al borde del colapso, como en 2022 (el último año de sequía severa y altas temperaturas). Esta vez, está en el abismo", resume Serge Zaka, doctor en agroclimatología. "Probablemente estemos experimentando uno de los mayores desastres agrícolas a escala nacional desde 1945, quizás incluso el mayor".

Granjeros prestan agua a los bomberos en Lège-Cap Ferret. Foto: Bloomberg

Arnaud Rousseau, agricultor de cereales y presidente de la FNSEA, el mayor sindicato agrícola de Francia, junto con los Jóvenes Agricultores, cree que se trata de "una catástrofe climática de una magnitud nunca vista en la agricultura durante un período tan prolongado".

Un simple recorrido por el campo francés revela las consecuencias directas del calentamiento global: campos quemados por el sol y amarillos, árboles con hojas marchitas, frutales raquíticos, huertos vacíos, ríos sin agua.

El resultado es un colapso de la producción agrícola. "Todavía no tenemos las cifras definitivas para 2026. Pero las pérdidas agrícolas de los cultivos sembrados en primavera, como el maíz, son drásticas", explicó Serge Zaka.

Afortunadamente, las pérdidas suelen ser más moderadas para los cultivos de invierno, como el trigo y la cebada, que en gran medida se han librado de lo peor de la sequía y las olas de calor del verano.

Crisis en frutas y hortalizas

La situación es, sin duda, más crítica para los productores de frutas y hortalizas.

"Nunca había visto nada igual en los veinte años que llevo dedicándome a la horticultura", comenta Jonathan Chabert, productor de frutas y hortalizas, experto en hortalizas de la comisión nacional de la Confederación Paysanne.

Entre los casos más críticos, algunas explotaciones especializadas en frutos pequeños, como fresas, grosellas y arándanos, han registrado pérdidas del 100 %, tras las dos olas de calor de mayo y junio.

En Bretaña, algunas explotaciones se han quedado sin agua y ya no pueden regar. Es decir, la temporada también ha terminado para ellas. Sin ayuda del gobierno, se verán obligadas a cerrar. En el departamento de Deux-Sèvres, el 30 % de las huertas y frutales están o estarán en mora. El sector está sufriendo "un enorme agotamiento moral y físico".

Alarmante la crisis del ganado vacuno, porcino y ovino

La situación de las explotaciones de ganado vacuno, porcino, ovino y avícola es igualmente alarmante. "Estimamos que la disminución de forraje y pasto en los pastos es del -30 %", explica Serge Zaka.

La producción láctea se está desplomando. Si bien las vacas lecheras pueden tolerar temperaturas moderadas, superiores a 29 grados Celsius, comen menos y producen menos leche.

"Estamos observando descensos muy claros en la producción de leche, al menos un 10 %". "La mortalidad por vacas alcanza el 20 %, y hasta el 30 % en días de ola de calor, con temperaturas superiores a los 29 grados Celsius", afirma Philippe Lecompagnon, ganadero de una explotación de 150 vacas cerca de Avranches (Manche).

"Cuando las temperaturas vuelven a la normalidad, algunas vacas recuperan su producción, pero otras no, por razones que desconocemos. Ya no nos arriesgamos a mantenerlas y las vendemos porque nos estamos quedando sin pasto. Ya estamos agotando nuestras reservas de invierno", continúa el ganadero, mientras teclea en la pantalla de control de su robot de ordeñe.

La tasa nacional de mortalidad por cerdos se estima entre el 5 % y el 7 %. Los lechones sufren retraso en el crecimiento y tardan más en alcanzar el peso necesario para su venta.