Cuando Bashar al-Assad perfeccionaba su residencia de oftalmólogo en el hospital Cromwell de Londres, socializaba en Knightsbridge con el heredero al trono de Irak y las familias acordaban su matrimonio con la banquera Asma, nunca imaginó que la muerte de su hermano heredero en un accidente automovilístico y la desaparición de Hafez, su padre, lo convertirían en el efectivo líder de la dictadura siria.

Tampoco intuyó que sería condenado a muerte por su gestión de la guerra civil, los muertos, el gas y las "bombas de barril" de Alepo y Ghouta, los desaparecidos y torturados.

La extradición pendiente

Aún no está claro si las nuevas autoridades sirias lograrán la extradición de Bashar y Maher al-Assad desde Moscú. Esta no es la primera medida que toma el nuevo liderazgo sirio contra Assad. En diciembre pasado se emitió una orden de arresto contra él por cargos de asesinato y tortura.

Bashar llegó a Damasco con aires de primavera y cambio, y terminó con una guerra civil química, en colaboración con Hezbolá y los rusos, que dejó medio millón de muertos y desaparecidos y millones de desplazados.

Bashar al-Assad en 2023 en una cumbre de la Liga Árabe. Foto: Reuters

Assad huyó de la capital, Damasco, y viajó a Moscú en diciembre de 2024, después de que su gobierno cayera tras una ofensiva relámpago de las fuerzas opositoras al régimen, exyihadistas.

Maher, jefe de la temida 4.ª División del Ejército y su hermano militar, partió en otro avión desde la base aérea de Hmeimim, sobre el Mediterráneo, tras una serie de negociaciones con Vladímir Putin.

La condena a muerte

Este martes se conoció la sentencia en ausencia. Un tribunal sirio condenó el martes a muerte al presidente Bashar al-Assad, a su hermano y militar Maher y a otros exfuncionarios por crímenes cometidos durante la guerra civil, en las primeras sentencias contra miembros del antiguo régimen.

Las autoridades de transición, que derrocaron a Bashar al-Assad en diciembre de 2024 tras 13 años de una sangrienta guerra civil, se comprometieron a garantizar justicia por los crímenes cometidos durante su mandato.

Celebracinoes en Damasco tras la condena a Assad. Foto: AP

En abril, los tribunales iniciaron procesos judiciales contra Bashar al-Assad y otros funcionarios. En aquel momento, las ONG y los gobiernos extranjeros destacaron la importancia de la justicia transicional para asegurar el futuro del país.

Ante un tribunal de Damasco, el juez Fakhr al-Din al-Aryan declaró a Bashar al-Assad culpable de "crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra", incluyendo cargos de "asesinato premeditado, homicidio intencional de varias personas, homicidio intencional de menores de 15 años, tortura con resultado de muerte y privación de libertad". "Por lo tanto, queda condenado a muerte", declaró.

Bashar al-Assad. Foto: EFE

El líder derrocado fue condenado en rebeldía tras huir a Moscú en diciembre de 2024 con un pequeño grupo de colaboradores cercanos, mientras las fuerzas islamistas avanzaban sobre Damasco.

Abandonó a altos funcionarios y líderes de seguridad en su huida. Algunos se cree que se exiliaron en el extranjero o buscaron refugio en el bastión costero de la minoría alauita, de la que procede su clan, en Latakia.

La guerra civil siria se desencadenó por la sangrienta represión de las manifestaciones prodemocráticas tras la Primavera Árabe, una ola de levantamientos en toda la región. Decenas de miles de personas han desaparecido, muchas de ellas víctimas de los abusos generalizados en las cárceles del régimen. Se han encontrado docenas de fosas comunes y evidencias de torturas en las cárceles y regimientos.

Solo un acusado se presentó

El exministro de Defensa, Fahd al-Freij, y Louay al-Ali, quien dirigió la inteligencia militar en la provincia de Daraa, cuna del levantamiento de 2011, figuraban entre los condenados.

Fueron declarados culpables de "asesinato, tortura con resultado de muerte y privación reiterada de libertad", delitos considerados también "crímenes de lesa humanidad" y "crímenes de guerra".

Atef Najib. Foto: EFE

El único acusado que compareció ante el tribunal, Atef Najib, también fue condenado a muerte por "crímenes de lesa humanidad" cometidos durante su gestión como jefe de seguridad política en Daraa.

Cómo se inició el levantamiento

El levantamiento sirio comenzó allí en marzo de 2011, en la frontera con Jordania, tras la detención de 15 estudiantes acusados de escribir consignas antigubernamentales en las paredes de la ciudad.

Según los residentes, estos estudiantes fueron torturados, lo que desencadenó una manifestación que exigía su liberación y que se tornó violenta. Las fuerzas de seguridad reprimieron con violencia las manifestaciones pacíficas y utilizaron munición real para dispersar las concentraciones en varios lugares.

Atef Najib, primo materno de Assad, fue destituido de su cargo tras la represión, mientras las protestas se extendían a otras provincias. Sin embargo, el juez Fakhr al-Din al-Aryan declaró que negaba las acusaciones en su contra, sin mostrar "ningún remordimiento".

Atef Najib, primo materno de Assad —actualmente detenido en Siria—, también fue condenado a muerte por dirigir la represión de 2011 en la provincia meridional de Daraa, donde más de una docena de adolescentes fueron detenidos y torturados por realizar pintadas contra el régimen.

La caída de Bashar al-Assad, quien sucedió a su padre Hafez en el año 2000, puso fin a más de medio siglo de gobierno indiscutible de su clan familiar.

"Bashar al-Assad utilizó organismos estatales para cometer crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad", declaró el juez Fakhreddine al-Aryan durante una sesión judicial transmitida en directo por la televisión estatal.

Un clan alauita en conflicto

Eran un clan más que una familia, con odios, peleas, balazos, ostracismo y penalidades entre ellos. Una de las jefas era Anisa Makhlouf, la madre ahora fallecida de Bashar al-Assad, y el otro, su hermano Maher. La familia no quería a su nueva integrante: la primera dama y banquera Asma, hija de un médico sirio residente en Acton, en Londres.

Bashar al-Assad , y su esposa, Asma, en 2012. Foto: EFE

Ella tenía el oído de Bashar al-Assad. Asma, la exbanquera británica de la City, se convirtió en la primera dama de Siria. Antes de que un cáncer la afectara y desapareciera en una clínica moscovita, se presentaba ante la comunidad como un símbolo de cambio y reforma en Siria.

Contrató costosas empresas de relaciones públicas, como Bell Pottinger, una firma de "gestión de reputación y marketing", uno de cuyos fundadores asesoró a la ex primera ministra británica Margaret Thatcher. La revista Vogue la describió como "una rosa en el desierto".

El estallido de la revolución siria en 2011 provocó un cambio gradual en su imagen, en particular por la insistencia de Asma en apoyar a su esposo en la sangrienta represión del pueblo sirio, a pesar de haber recibido una oferta de salvoconducto para salir de Siria con sus hijos y vivir una vida digna en su natal Gran Bretaña. Hoy no puede regresar al reino donde nació, ni siquiera a curarse.

Asma no solo apoyó a su esposo, sino que también contribuyó directamente a la opresión del pueblo sirio y a la exacerbación de su sufrimiento al establecer un imperio económico mediante el cual saqueó sistemáticamente la riqueza del país, incluyendo la ayuda internacional originalmente destinada al pueblo sirio.

Asma al-Assad. Foto: AFP

A través de una compleja red de monopolios económicos, donaciones forzadas de empresarios y la explotación deliberada de recursos humanitarios, Asma al-Assad amasó una inmensa fortuna personal, coincidiendo con el inicio de una de las crisis humanitarias más graves de la historia contemporánea de Siria.

La historia de Asma al-Assad no es solo un caso aislado de corrupción personal. También pone de manifiesto hasta qué punto las organizaciones humanitarias pueden ser explotadas por regímenes autoritarios como herramientas para consolidar su poder y acumular riqueza. Transformó sistemáticamente las organizaciones humanitarias en plataformas para el robo.

Cuando la familia se pelea

El gobierno sirio de Bashar al-Assad ordenó la incautación de los bienes de Rami Makhlouf, el empresario más rico de Siria y su primo más cercano, lo que pone de manifiesto una fractura en el seno de la familia que gobernó el país desde la década de 1970.

La ruptura surgió cuando el gobierno exigió a Syriatel —la compañía de telefonía móvil de Makhlouf— el pago de 180 millones de dólares en impuestos atrasados y comenzó a detener a sus directivos. Aunque esta cifra es insignificante para Makhlouf —cuya fortuna se estimaba en 6000 millones de dólares—, él expresó sus quejas en Facebook, denunciando una "imposición fiscal injusta".

Makhlouf utilizó su fortuna para ayudar a sofocar la rebelión de nueve años contra su primo. Cuando la rebelión había llegado prácticamente a su fin, la solidaridad que mantenía unidos a los primos se desmoronó.

Makhlouf ha insinuado que la esposa del presidente, Asma —quien mantiene estrechos vínculos con la antigua élite empresarial sunnita—, estaba detrás de esta maniobra de presión, tal vez con el objetivo de asegurar para su hijo Hafez una parte de la riqueza de la que disfrutan los hijos de Makhlouf.

Bashar Assad (der.) y su hermano Maher Assad, centro, durante el funeral de su padre, Hafez, en Damasco en 2000. Foto: AP

Una posible causa de la discordia podría haber sido la presión de Moscú, donde los medios de comunicación han criticado la corrupción del régimen de Assad, lo que sugiere que los intereses empresariales rusos aspiran a obtener una porción de la economía.

La caída del imperio de Makhlouf podría servir de concesión al presidente Putin, cuya fuerza aérea fue decisiva para cambiar el curso de la guerra.

La familia Assad, en el poder desde el golpe militar protagonizado Hafez al-Assad, pertenece a la rama alauí del islam, que representa apenas el 11 % de la población. La familia vivió una fractura similar en 1983, cuando Rifaat —hermano de Bashar— movilizó tanques hacia Damasco en un intento por hacerse con el poder; fracasó y acabó en el exilio.

La familia Assad gobernó Siria desde 1971 —cuando Hafez al-Assad asumió la presidencia bajo el Partido Baaz tras el golpe de Estado de 1970— hasta que Bashar al-Assad fue derrocado el 8 de diciembre de 2024.

Los Assad son originarios de Qardaha, en la gobernación de Latakia. Pertenecen a la tribu alauí Kalbiyya. En 1927, Ali Sulayman cambió su apellido de al-Wahsh —que en árabe significa "el salvaje"— a al-Assad —"el león"—, posiblemente en relación con su estatus social como mediador local y sus actividades políticas. Todos los miembros de la familia extendida Assad descienden de Ali Sulayman y de su segunda esposa, Naissa, quien provenía de una aldea en la cordillera costera de Siria.

Durante la etapa inicial de su mandato en la década de 1970, Hafez al-Assad creó redes de clientelismo formadas por élites del Partido Baaz leales a su familia. Los miembros de la familia Assad tomaron el control de amplios sectores de la economía siria, y la corrupción se volvió endémica tanto en el sector público como en el privado. La burocracia y el sector empresarial sirios también estaban dominados por miembros de la familia Assad y personas vinculadas a ella.

Hafez al-Assad y su familia configuraron su régimen con el culto a la personalidad, tan oriental. Imágenes, retratos, citas y elogios a Assad se exhibían en todas partes, desde escuelas hasta mercados públicos y oficinas gubernamentales.

En la ideología oficial del régimen, se hacía referencia a Hafez como el "Líder Inmortal" y al-Muqaddas (el "Santificado"). Hafez reorganizó la sociedad siria bajo líneas militaristas, recurrió constantemente a una retórica conspirativa sobre los peligros de complots respaldados por potencias extranjeras y alentados por quintacolumnistas, y promovió a las fuerzas armadas como un elemento central de la vida pública.

Tras la muerte de Hafez al-Assad, su hijo y sucesor, Bashar al-Assad, heredó el culto a la personalidad existente. El partido lo aclamaba como el "Joven Líder" y la "Esperanza del Pueblo".

Influida por la veneración a la dinastía Kim en el modelo de liderazgo hereditario de Corea del Norte encabezado por Kim Il Sung, la propaganda oficial en Siria atribuía rasgos divinos a la familia Assad y reverenciaba a los patriarcas Assad como los padres fundadores de la Siria moderna. Hasta la partida de Bashar al exilio en Moscú, donde vive aislado y paranoico por su seguridad.