Cada presidente o gobierno francés deja un legado arquitectónico en París cuando se va. François Mitterrand eligió la pirámide de cristal del Louvre y la Ópera de la Bastilla. El presidente Jacques Chirac optó por su pasión por el arte primitivo y construyó el magnífico Museo Branly. Ahora, una nueva herencia de los diputados está generando una fenomenal polémica en la Asamblea Nacional, ese espectacular monumento donde sesionan los legisladores en Francia.
La propuesta de construir un pabellón de cristal, respaldada por los centristas del presidente Emmanuel Macron y por muchos sectores de la izquierda en la Asamblea, ha sido criticada como un derroche "grotesco" de dinero público. Al menos 95.000 firmas se oponen a ella, en un movimiento iniciado por la ex diputada socialista y ex candidata presidencial Ségolène Royal.
Una ilustración del nuevo edificio, que se construirá a la derecha de la columnata de la Asamblea Nacional, muestra el pabellón con una fachada de cristal adyacente al llamado Palacio Borbón. Un palacio con una historia agitada, partida por la Revolución francesa.
Los salones dorados, los techos pintados y las galerías de espejos del Palacio Borbón no fueron concebidos originalmente para el debate parlamentario o para negociar diferencias, sino para el placer y las intrigas cortesanas.
Louise-Françoise de Bourbon —la extravagante hija de Luis XIV y de su amante, Madame de Montespan— hizo construir el palacio en la margen izquierda del Sena, entre 1722 y 1728, con jardines perfectamente cuidados que se extendían hasta la orilla del río. Luego llegó la Revolución. En 1791, el palacio fue confiscado y declarado "propiedad del pueblo".
El Museo de Louvre con su pirámide de cristal también generó polémica. Foto Xinhua
Casi de la noche a la mañana, el edificio se transformó. Donde antes nobles empolvados intercambiaban chismes por los pasillos, las autoridades revolucionarias habilitaron una sala de debates semicircular —el hoy llamado "hémicycle"— e instalaron el Consejo de los Quinientos. Con el tiempo, se convirtió en la sede de la actual Asamblea Nacional, la cámara baja del parlamento francés.
De palacio a pabellón
El Palacio Borbón se encuentra ahora en el centro de una intensa polémica política debido a un proyecto —respaldado por los centristas del presidente Macron y por muchos sectores de la izquierda— para construir un moderno pabellón con fachada de cristal junto a su frente neoclásica.
Napoleón hizo remodelar la fachada a principios del siglo XIX, añadiendo una gran columnata al estilo de los antiguos templos griegos. Hoy en día, ese pórtico de estilo corintio, que mira hacia la plaza de la Concordia y la iglesia de la Madeleine en la margen derecha, es uno de los monumentos más emblemáticos de París y la sede de la Asamblea. No hay turista que no lo vea.
Los conservadores y los defensores del patrimonio afirman que el pabellón de cristal de 53 millones de euros, calificado de "horrendo y grotesco", desfigurará un monumento histórico. Incluso algunos sectores de izquierda se oponen al proyecto debido a sus costos.
El nuevo edificio albergaría un vestíbulo de entrada, una cafetería, guardarropas y la librería de la Asamblea, además de dos niveles subterráneos destinados a exposiciones inmersivas.
En la fachada que da al Sena, una nueva sección compuesta por cuatro cilindros de cristal pretende representar los cuatro valores constitucionales de la República Francesa: indivisible, laica, democrática y social.
La polémica recuerda al rechazo que suscitó la pirámide de cristal del Louvre en los años ochenta. Otra incorporación contemporánea a una joya arquitectónica centenaria que, con el tiempo, ha sido aceptada por muchos parisinos como un emblema por derecho propio. Pero la modernidad es difícilmente aceptada por los parisinos, así como la nueva arquitectura.
El proyecto de la Asamblea Nacional cuenta con el respaldo del Ayuntamiento de París —liderado por los socialistas— y de Yaël Braun-Pivet, presidenta de la Cámara y política de centro estrechamente vinculada a Macron.
Desde que la Cámara suspendió sus sesiones por el verano el pasado 11 de julio, el Palacio Borbón ha disfrutado de una inusual tregua en las acaloradas disputas entre diputados enfrentados de distintos bandos políticos.
Al no contar ningún partido con mayoría absoluta, han tenido dificultades para aprobar leyes y no han logrado acordar un presupuesto. El gobierno recurrió a un impopular mecanismo de decreto ejecutivo para sacarlo adelante, sin someterlo a votación parlamentaria.
La batalla del verano
Tampoco parece probable que alcancen un acuerdo sobre el futuro del edificio, ya que los detractores del pabellón de cristal están dedicando parte de sus vacaciones estivales a intentar bloquear el plan.
Rachida Dati, alcaldesa del conservador séptimo distrito de París y exministra de Cultura, declaró: "El actual pabellón de entrada de piedra labrada, que data de 1888, será demolido y sustituido por 4.000 metros cuadrados de vidrio y hormigón. Debemos movilizarnos para impedir esta destrucción de nuestro patrimonio".
En el extremo opuesto del espectro político, Ségolène Royal, excandidata presidencial socialista y expareja de François Hollande, ha condenado "este plan escandaloso de despilfarro de dinero público" en un momento de fuertes recortes presupuestarios.
Sébastien Chenu, diputado de la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen, ha exigido que se abandone el proyecto, argumentando que la Asamblea debe dar "ejemplo en materia de gasto público".
Ante las crecientes críticas a la construcción de un nuevo pabellón de entrada para la Asamblea Nacional, su presidenta, Yaël Braun-Pivet, se declaró "abrumada" el viernes.
La diputada de Yvelines ha apoyado el proyecto, cuyo costo se estima en 52,8 millones de euros. A sus detractores les responde que "desconocen" el plan arquitectónico, cuyo objetivo es mejorar el acceso de los visitantes al Palacio Borbón.
PB
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