Con Downing Street embanderada para el partido entre Argentina e Inglaterra, el primer ministro laborista, Sir Keir Starmer, pasó su último día en el cargo tras su renuncia, apremiado por el alcalde de Mánchester, Andy Burnham, que aspiraba a ocupar su puesto, ante el crecimiento de la ultraderecha en el país.

Una interna laborista cruel para un líder poco carismático para los británicos: abogado de derechos humanos y exprocurador de la Corona, más popular fuera del Reino Unido que en su propio país. La condecoración con la Legión de Honor por parte de Emmanuel Macron y su implacable defensa de Ucrania y su ayuda en la guerra así lo demuestran.

Keir Starmer se enfrentó el miércoles a las preguntas de la líder conservadora Kemi Badenoch en su última sesión de interpelación al primer ministro (PMQs), a partir del mediodía. Hubo palabras simpáticas de los diputados, que compararon su renuncia con una tarjeta roja de más de 400 árbitros de la Cámara de los Comunes, y mucha emoción.

"No me importa el resultado de esta noche, siempre que ganemos", bromeó Starmer, quien dimitió el 22 de junio tras meses de presión dentro de su propio Partido Laborista.

"El final de mi trayectoria política"

Starmer aplaudido al salir de la Cámara de los Comunes. Foto: EFE

"Este es el final de mi trayectoria política", declaró Starmer, quien se dedicó a ella a los 50 años, como última de sus respuestas en el interrogatorio parlamentario.

Respondía a una emotiva pregunta de Carolyn Harris, una de sus más firmes defensoras y amigas. Starmer agradeció a Harris su apoyo y amistad hacia él y su familia.

"Señor presidente, esta será mi última intervención desde esta tribuna. Todo primer ministro sabe, al asumir el cargo, que llegará el día en que deberá ceder el mando. Ese día ha llegado para mí. Este es el final de mi trayectoria política. En seis años, pasé de una derrota histórica en 2019 a una victoria histórica en 2024, y en dos años de gobierno dejo el país en mejor situación de la que lo encontré. Estoy orgulloso de todo lo que hemos logrado", dijo.

A continuación, agradeció a su equipo político, a los diputados y a los funcionarios públicos.

Starmer añadió: "A mi sucesor y a cada uno de ustedes, les brindo mi apoyo incondicional a todos mis colegas en la Cámara".

"A todos aquellos en la tribuna cuyas vidas han cambiado o mejorado gracias a este gobierno laborista, y a todos los que en todo el país luchan por ser vistos y escuchados: ustedes son la razón por la que entré en política. A mi esposa e hijos: los amo. Adiós", fueron sus últimas palabras, en medio de una ovación, con los diputados de pie despidiéndolo.

Stamer en la última intervención ante el Parlamento. Foto: EFE

El último "Question Time"

La actual líder conservadora, Kemi Badenoch, se ha ganado la reputación de ser una adversaria implacable de Starmer en las sesiones del Question Time al primer ministro. Cuando ella lo presionó sobre el nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos, la admisión de Starmer de que la persistente amistad de Mandelson con Jeffrey Epstein había surgido durante el proceso de evaluación provocó exclamaciones de sorpresa en la Cámara de los Comunes y un ambiente sombrío entre los diputados laboristas.

Otro intercambio memorable ocurrió el verano pasado, cuando Starmer cortó en seco a Badenoch con una respuesta de una sola palabra, al ser preguntado si planeaba mantener la promesa del programa laborista sobre impuestos. "Sí", dijo, poniéndose de pie y volviéndose a sentar rápidamente, lo que provocó risas en los escaños.

Como contexto: antes de las elecciones generales del año pasado, el Partido Laborista prometió no aumentar los impuestos a los "trabajadores", incluidas las cotizaciones a la Seguridad Social (National Insurance), el impuesto sobre la renta y el IVA.

Pero en este último intercambio se vio que existía una relación personal, privada y cálida entre el primer ministro y la líder de la oposición. Fue Badenoch quien deseó a él, a su esposa y a sus hijos un gran futuro. Starmer reconoció que ella lo había llamado privadamente cuando un terrorista quemó su casa, en un hecho que aterrorizó a su familia, o cuando su hermano murió de cáncer.

El reloj para el hijo de un relojero

Este intercambio sucedió tras su última reunión de gabinete, celebrada anteriormente, en la que algunos ministros derramaron lágrimas y el primer ministro recibió un reloj de sobremesa grabado con su nombre.

El viceprimer ministro, David Lammy, organizó una colecta para adquirir el reloj, creado por el mismo diseñador que se encargó de la renovación de la Torre Elizabeth, donde se encuentra el Big Ben. Los relojes tienen un significado personal para Starmer, ya que su padre era coleccionista de estos objetos.

Primer primer ministro laborista en 10 años

Starmer dejará el liderazgo del Partido Laborista el viernes y traspasará el poder a Andy Burnham, diputado por Makerfield, antes de abandonar Downing Street el lunes.

La noticia llega mientras Burnham afirma que es necesaria una revisión exhaustiva de la seguridad de los diputados, tras el asesinato de la exministra y diputada Ann Widdecombe. Las primeras palabras de Starmer fueron sus condolencias a la familia y a los amigos de Ann, a los conservadores y a Reform, los dos partidos en los que militó Widdecombe.

En medio de las secuelas del Brexit y el escándalo de Boris Johnson, el 4 de julio de 2024, Keir Starmer se convirtió en el primer primer ministro laborista en casi década y media, llevando a su partido a una histórica victoria en las elecciones generales. Llegó a Downing Street con la mayor mayoría parlamentaria de cualquier primer ministro desde Tony Blair en 1997. Sin embargo, apenas dos años después —casi exactamente en el mismo aniversario—, Starmer anunció su dimisión, primero como líder laborista y luego como primer ministro.

¿Por qué el mandato de Starmer no cumplió con las expectativas? ¿Fueron las políticas, la dinámica política o las personalidades lo que llevó al Partido Laborista a romper con la tradición y cambiar de líder a mitad de legislatura?

Antes de 2024, el Partido Laborista se centró más en la campaña electoral que en prepararse para gobernar. Resultaba revelador que, cada vez que se le pedía a Keir Starmer que explicara los logros de su gobierno —incluso casi hasta su discurso de despedida—, ponía el énfasis en la transformación del Partido Laborista y en la victoria electoral. Esos éxitos eran necesarios, pero distaban mucho de ser suficientes para desempeñar con éxito el cargo de primer ministro. El hecho de que Starmer centrara su atención en ellos influyó en el desarrollo posterior de su mandato.

Starmer basó su campaña en la competencia. De hecho, tanto él como su gabinete parecían creer que el mero hecho de que un gobierno laborista sustituyera a uno conservador bastaría para sacar a la economía británica del estancamiento de la última década. Pensaban que, simplemente actuando con competencia e integridad —cualidades cuya ausencia había reprochado a sus predecesores—, lograrían revertir la pérdida de confianza en la política.

Tras las elecciones, la falta de un plan de gobierno claro era evidente, al igual que la aparente distancia que Starmer marcaba entre su figura y las políticas que impulsaban sus ministros. Los planes carecían de coherencia, y lo que parecían ser "grandes ideas" —como un gobierno impulsado por misiones— se esfumaron en cuanto Starmer cruzó el umbral de Downing Street.

Al principio, Starmer parecía un primer ministro atípico, con un interés y un deseo genuinos de reformar el Estado. La campaña electoral de 2024 y los primeros meses de su gobierno estuvieron marcados por el discurso sobre "misiones" transversales y por cómo su ejecución requeriría "nada menos que una reconfiguración completa del Estado británico". Sin embargo, a las grandes palabras siguieron escasas acciones.

Starmer tiene el mérito de haber mejorado las relaciones entre ministros y funcionarios, aunque dicho acercamiento no perduró. La salida de Chris Wormald y el fulminante cese de Olly Robbins, que negoció el Brexit por el caso Mandelson, volvieron a deteriorar las relaciones entre los ministros y los funcionarios.

Su no a la guerra con Irán y a Trump

Si hay un legado de sir Keir Starmer, es su no rotundo a Donald Trump, a participar en la guerra con Irán y su indefectible apoyo a Ucrania y a su presidente, Volodímir Zelenski. También su acercamiento a Europa, tras padecer el fracaso del Brexit.

No logró reforzar presupuestariamente a las fuerzas armadas, un objetivo que cobra más relevancia si aumenta el conflicto con Rusia. John Healey, secretario de Defensa, dimitió por lo que calificó de "falta de voluntad" del Tesoro y "incapacidad" de Starmer para destinar los recursos necesarios al gasto en defensa. Menos de dos semanas después, Starmer anunció su dimisión.

La preferencia de Starmer por el procedimiento sobre la política dificultó su trabajo. El gobierno de Starmer en su conjunto nunca logró articular por qué quería estar en el poder, y la percepción era la de un primer ministro que deliberadamente rehuía la "visión" (una palabra que, según se dice, Starmer detesta), en favor de centrarse en el procedimiento. La gestión económica de Starmer y Reeves los puso en desventaja desde el principio. Esto se debió en parte a factores ajenos a su voluntad: heredaron posiblemente la situación fiscal más difícil de cualquier gobierno en las últimas décadas, con un elevado déficit y planes de gasto poco realistas. Pero algunos de sus problemas fueron responsabilidad suya.

Como despedida a Starmer, los diputados han aprobado la "Ley Hillsborough", con el objetivo de evitar encubrimientos relacionados con fallos del Estado tras la masacre en el estadio.

El gobierno también ha anunciado que los adolescentes mayores en el Reino Unido estarán sujetos a un toque de queda nocturno en las redes sociales, aunque podrán optar por no participar en él modificando la configuración de sus cuentas.

La Legión de Honor

Emmanuel Macron otorgó la Legión de Honor, la máxima distinción francesa, al primer ministro británico Keir Starmer, quien ha dimitido y será reemplazado el 20 de julio en Downing Street por Andy Burnham.

El presidente francés le entregó la condecoración el lunes, mientras Keir Starmer se encontraba en París para una cumbre de la Coalición de los Voluntarios, que reúne a los países que apoyan a Ucrania, y para asistir al tradicional desfile militar del Día de la Bastilla el martes por la mañana, según anunció el Palacio del Elíseo. Emmanuel Macron y Keir Starmer son los fundadores de esta Coalición de los Voluntarios, que brinda apoyo diplomático y militar a Ucrania.

Llega Andy Burnham como premier

El exalcalde del Gran Mánchester, Andy Burnham, tiene asegurada su sucesión al primer ministro saliente, Keir Starmer, tras haber obtenido el respaldo necesario de los diputados laboristas, según el recuento del partido. Burnham aún necesita el apoyo de tres organizaciones afiliadas, incluyendo al menos dos sindicatos, un paso considerado meramente formal.

Burnham recibió el respaldo de 27 diputados laboristas adicionales el lunes, elevando el total a 322, recibidos el jueves pasado, primer día de votación. Con el apoyo de 349 de los 403 diputados laboristas, ningún otro candidato puede alcanzar los 81 respaldos necesarios para postularse al liderazgo. El plazo para votar finaliza hoy.

Será investido oficialmente como líder del Partido Laborista el 17 de julio, en una conferencia extraordinaria, antes de trasladarse a Downing Street, tras reunirse con el rey Carlos III.

El exalcalde del Gran Mánchester, Andy Burnham, ganó una elección parcial el 19 de junio, lo que le permitió ocupar su escaño en el Parlamento, requisito indispensable para presentar su candidatura al liderazgo laborista. Ya había intentado liderar el Partido Laborista en dos ocasiones, en 2010 y 2015. Desde su regreso al Parlamento, Andy Burnham ha comenzado a esbozar sus prioridades para el gobierno, prometiendo, en particular, una ambiciosa iniciativa de descentralización destinada a impulsar el crecimiento.