El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, rompió finalmente este lunes por la tarde el silencio que mantuvo por varias horas tras el triunfo de Luiz Inacio Lula Da Silva en Brasil sobre Flavio Bolsonaro, un estrecho aliado del republicano: “Fueron terribles”, dijo Trump sobre los comicios y agregó que “parecía una elección fraudulenta”, aunque tomó cierta distancia del candidato perdedor cuando dijo que no había apoyado “a nadie” y que se llevaba “muy bien” con Lula.
"Sinceramente, no tomé partido, pero la imagen que dio es pésima. No apoyé a nadie ni respaldé nada. Pero vi las elecciones y parecían muy, muy corruptas", dijo.
A pesar de que las grandes potencias habían saludado al presidente electo de Brasil horas después de conocido su triunfo, Estados Unidos había permanecido sin reaccionar sobre la victoria de Lula por más de 3 puntos sobre Bolsonaro, por quien el jefe de la Casa Blanca había apostado sin fisuras.
Bolsonaro había ganado cómodamente la primera vuelta y había generado gran entusiasmo en el gobierno de Trump, que ya daba por sentado que tenía un nuevo socio ideológico regional. El resultado del domingo fue tan sorpresivo para la Casa Blanca que, según informó la Folha de São Paulo, el Departamento de Estado ya tenía un comunicado listo para saludar al pueblo brasileño tras la votación, pero lo demoraron por las denuncias de fraude de Bolsonaro.
Luego de varias horas sin reacción oficial, Trump fue consultado sobre el tema cuando abordaba el helicóptero para trasladarse a un acto de campaña: “A mí me pareció algo terrible. Me dio una impresión pésima. No tomé partido, pero pareció otra elección amañada. Francamente, no me puse de parte de nadie, pero fue una imagen nefasta ante el mundo. Ya saben, las elecciones deben ser indiscutibles, y a mí me dio una impresión muy mala”, respondió.
“Yo no gobierno Brasil. Yo gobierno Estados Unidos. Me gusta Lula. Me llevo muy bien con él. Simplemente creo que la forma en que se contabilizaron los votos dio muy mala impresión. La prórroga concedida fue muy extraña”, remarcó Trump, en referencia a la denuncia de Flavio Bolsonaro sobre la extensión por dos horas la votación, que según él resultó en beneficio de Lula.
De esta manera, Trump no reconoció al menos por ahora la victoria de Lula, pero también pareció guardar cierta distancia de Bolsonaro al decir que no había tomado partido por nadie, cuando en realidad lo ha apoyado abiertamente.
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva abrazado por André Janones, miembro de la Cámara de Diputados de Brasil. Foto Reuters
A la vez, resaltó el componente del fraude a pocos días de las elecciones legislativas en Estados Unidos, en las que él mismo insiste que podrían resultar manipuladas porque el sistema electoral no es eficiente y se permite votar por correo, a pesar de que nada indique que eso sea real.
Trump ha denunciado que hubo fraude en los comicios del 2020, cuando fue derrotado por Joe Biden, y aún ahora continúa agitando ese fantasma en los Estados Unidos en caso de que las elecciones no lo favorezcan.
De todas maneras, la victoria de Lula sobre Bolsonaro es un revés político para Trump, que había apostado por el regreso al poder de la familia, su principal aliada en el continente. “Es una gran victoria. Ajustada, pero es una gran victoria. Increíble, de verdad", había dicho Trump cuando Flavio ganó en primera vuelta.
Mientras la Casa Blanca demoraba su reacción, el triunfo de Lula provocó una rápida respuesta de legisladores demócratas estadounidenses, que felicitaron al mandatario y reclamaron respeto por el resultado electoral. “Anoche, el pueblo se pronunció en una de las mayores democracias del mundo. Felicito al presidente Lula por su reelección y aliento a todos a respetar el proceso electoral”, escribió en X la senadora Jeanne Shaheen, principal referente demócrata del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.
También saludó el diputado Gregory Meeks, líder demócrata del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes: “Felicitaciones a Lula por su victoria electoral. El pueblo brasileño hizo escuchar su voz y espero trabajar con el nuevo gobierno”. Y agregó una advertencia directa a la Casa Blanca: “La administración Trump debe apoyar una transición de poder pacífica y ordenada que refleje la voluntad del pueblo brasileño y respete el proceso democrático”
Relaciones complejas
La relación entre Estados Unidos y Brasil sufrió un fuerte giro con el regreso de Trump a la Casa Blanca en 2025. Con Joe Biden, Lula había mantenido una relación fluida con Washington: ambos gobiernos cooperaban en cambio climático, derechos laborales y defensa de la democracia. Incluso en 2023 lanzaron juntos una iniciativa internacional sobre derechos de los trabajadores.
Con Trump, en cambio, la relación se tensó rápidamente, en gran medida por el arresto de Jair Bolsonaro por golpe de estado en 2022. Jair era amigo, y aliado político e ideológico del jefe de la Casa Blanca, a quien describían como "un Trump tropical".
El republicano denunció como una "caza de brujas" el proceso judicial contra el expresidente brasileño y en julio de 2025 llegó a imponer un arancel adicional de 40% y hasta 50% a ciertos productos brasileños justificándolos por una presunta "persecución política" de Bolsonaro.
La tensión fue más allá del comercio. Washington sancionó a integrantes del Poder Judicial brasileño vinculados al caso Bolsonaro, mientras Lula acusó a Trump de interferir en los asuntos internos y en la soberanía de Brasil.
Mientras Jair Bolsonaro permanecía en prisión, su hijo Eduardo Bolsonaro se instaló en Estados Unidos y buscó activamente el apoyo de Trump y de dirigentes republicanos.
Sin embargo, tras un fuerte período de tensión bilateral, Trump y Lula fueron bajando gradualmente la confrontación. En octubre de 2025 acordaron iniciar negociaciones y Trump posteriormente retiró el arancel adicional del 40% a productos brasileños como café y carne vacuna. En mayo de 2026 Lula viajó a Washington y mantuvo unas tres horas de conversaciones con Trump en la Casa Blanca. Lula dijo después que habían dado un paso importante para estabilizar la relación, aunque no eliminó los conflictos con los aranceles y otras áreas como comercio digital y propiedad intelectual.
La elección brasileña volvió a colocar a Bolsonaro en el centro de la relación. Flávio Bolsonaro, hijo de Jair y candidato presidencial en lugar de su padre, se presentó mucho más alineado con Trump que Lula. Mientras tanto la tensión bilateral crecía y el republicano tomaba medidas como la retirada del visado a la embajadora de Brasil en Washington. Incluso semanas atrás Estados Unidos suspendió sus servicios consulares en Brasil por "motivos de seguridad".
El gobierno brasileño y el PT denunciaron durante la campaña que Washington estaba intentando influir en la elección mediante presión económica y política, mientras que el gobierno de Trump rechazó las acusaciones de interferencia.
Pero más allá de la afinidad ideológica con Bolsonaro y la tensión con Lula, EE.UU. sigue siendo el segundo socio comercial de Brasil y una fuente central de inversión, así que hay una relación económica estructural que ninguno de los países puede ignorar.
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