La victoria de Lula da Silva en un dramático balotaje es una hazaña extraordinaria que amontona un puñado de récords y al mismo tiempo abre un panorama inesperado en una región que se anunciaba de un perfil homogéneo. Al margen de la decisión del candidato opositor Flávio Bolsonaro de no reconocer su derrota y pedir la anulación de las elecciones, algo improbable, el líder del PT es desde este domingo el primer presidente de la historia de Brasil con cuatro mandatos; también el primer candidato que gana el segundo turno después de perder el primero.
Pero también el primer presidente del subcontinente que rompe con la maldición de los oficialismos condenados a la derrota y que además quiebra el diseño del presidente norteamericano Donald Trump y su canciller Marco Rubio de control de la región que en las últimas siete elecciones se zanjó con dirigentes alineados de modo vertical con la Casa Blanca. Entre ellos el jefe de Estado argentino, Javier Milei, que se involucró en este comicio con una retahíla de insultos contra Lula, a despecho de que atacaba al principal socio comercial de nuestro país colocando la relación al borde de la ruptura. La gran pregunta es cómo se vuelve de ahí. El canciller brasileño había propuesto a su colega, Pablo Quirno alguna solución para la crisis, pero el ministro argentino no le dio importancia, revelaron a Clarín en Itamaraty.
Atento a la influencia de Brasil, que tiene frontera con diez naciones y es la segunda economía del hemisferio, esta novedad es de una magnitud imprevisible. Lo es tanto para la visión dominante del trumpismo como para ese puñado de gobernantes de la llamada ola azul que ya enfrentaba el desafío por el posible recorte de poder del mandatario de EE.UU. en las inminentes legislativas norteamericanas. Desde esa perspectiva, se abre una bisagra. Perder Brasil para la Casa Blanca es perder a Latinoamérica, un revés con consecuencias para el arquitecto de la ofensiva sobre la región, el canciller Marco Rubio y sus ambiciones presidenciales.
Para quienes en el vecindario regional se apuren a festejar y tomar cuotas para su balance político de esta noticia, vale aclarar que este no es el Lula que se fantasea. Logró esta victoria de la mano de una enorme transformación política, agudizando su giro pragmático que ya evidenció en sus dos primeras presidencias y profundizó en la actual. El líder del PT, al revés de muchos de sus aliados y simpatizantes, más allá de estas fronteras, puede exhibir una economía con reservas de casi 400 mil millones de dólares, un riesgo país bajo y estable (1,7% por encima de la tasa norteamericana) y más de 70 mil millones de inversión directa internacional. Ese diseño acaba de convertir a Brasil en la octava potencia económica mundial por encima de Italia según el FMI. Cualquier político de la región que busque sentirse parte de esta victoria debería demostrar logros parecidos.
Segunda vuelta
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