Un sondeo clave de la firma de demoscopía Datafolha registró un empate total entre el senador conservador Flávio Bolsonaro y el presidente Lula da Silva, con 50% de los votos validos para cada uno con vistas al balotaje del domingo. Un sondeo anterior de esta misma empresa daba dos puntos de ventaja al desafiante, 51% contra 48%.
Este dato, junto con otros que indican desde hace días una paridad técnica torna la elección totalmente imprevisible con un crecimiento claro del líder del PT que perdió la primera vuelta el 4 de octubre. En el total de votos, que incluye votos en blanco, nulos y, en el caso de esta encuesta, indecisos, el hijo mayor de Jair Bolsonaro obtuvo el 47% y el presidente, el 46%. El 5% indicó que votaría en blanco o nulo, y los indecisos representaron el 2%. El margen de error también es de dos puntos porcentuales. La Juiticia electoral solo toma en cuenta los votos validos.
Se nota un fuerte nerviosismo en los dos campamentos, pero con vibraciones diferentes. Del lado de Bolsonaro, esperaban que el camino a la vuelta definitoria consolidara la victoria que obtuvo en la cita inicial por 1,8% de los votos. Eso se ha revertido. En el PT, la preocupación se alimenta en el dato objetivo de que no hay antecedentes de que la derrota en la cita inicial de paso a una victoria en la segunda. Se requiere de un giro importante en el electorado. El empate indicaría que tiene posibilidades.
El politicólogo Jairo Nicolau ayuda a comprender el tamaño del desafío. “Para darle la vuelta al resultado, Lula necesita restar votos a Flávio. Cada elector que cambia de bando cuenta doble: resta un voto a un candidato y lo suma al otro”, afirma. Con una diferencia de 2,4 millones que obtuvo Bolsonaro en la primera vuelta que ganó, “Lula necesitaría convencer a cerca de 1,2 millones de electores de Flávio, poco más del 2% de quienes votaron por él en la primera vuelta”, explica. Es la dura matemática del viraje como lo llama este especialista.
En el PT y entre otros observadores cercanos al gobierno, especulan que parte de los sufragios en contra del presidente fueron un voto castigo por los apremios sociales que confronta la base de la pirámide social. Lula perdió respaldo en zonas que antes estaban verticalmente alineadas, como en el nordeste. De modo que estos asesores explican el empate actual en que parte de esos votos castigo pueden estar efectivamente mutando en un voto arrepentido.
La imagen del presidente de Brasil y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, y del candidato presidencial Flávio Bolsonaro, en Brasilia (Brasil). Foto EFE
Del lado de Bolsonaro, la estrategia es atacar constantemente al mandatario para que ese supuesto no se produzca. Las campañas así se han tornado muy duras, por momentos sucias y estridentes. Pero también aprovechando cada resquicio para ganar espacio de atención. La gran apuesta final es el último debate este viernes. Después del fracaso mutuo del primero, en el que no hubo ganadores, pero sí claramente perdedores, es la única oportunidad de persuadir personalmente antes de las urnas.
Entre tanto el gobierno está lanzando a toda su tropa para demandar el voto. El canciller Muro Vieira, en una amplia entrevista a O Estado apareció esta semana alertando que Estados Unidos está interfiriendo en la elección. Y lo hace en diversas ventanas, pero especialmente con la intervención de las empresas tecnológica que apañan al candidato opositor, una mirada que busca estimular el clásico nacionalismo brasileño que cruza a todas las ideologías.
Pero el golpe más significativo es una publicidad que comenzó en estas horas en la que aparece el general Santos Cruz, ex jefe de la Secretaría de Gobierno durante la gestión de Jair Bolsonaro, el padre del candidato opositor, que califica el ex mandatario de cobarde y pide el voto por Lula.
Una definición voto a voto
Vieria afirmó sobre la Casa Blanca: “Miren, participaron, tomaron partido, se tomaron fotos. Hoy la prensa está llena de artículos que afirman que se manipularon algoritmos en los mensajes”. Lo señala en relación la denuncia contra Meta, la dueña de Instagram, WhatsApp y Facebook, que adujo problemas técnicos para recortar el tráfico de mensajes del oficialismo, pero liberó los de Bolsonaro. El funcionario aclaró además que “acá no hay disidentes” al desconocer un supuesto pedido de Washington para que se permita actuar políticamente al ex mandatario Jair Bolsonaro, preso por golpismo.
El canciller también cruzó los ataques del presidente argentino Javier Milei que insulta reiteradamente a su colega brasileño y acaba de sugerir que podría haber fraude en el comicio. “Ante todo, el ataque va dirigido contra Brasil, contra la democracia brasileña y contra el sistema de voto electrónico, responsabilidad del Tribunal Electoral”, afirmó.
“Las agresiones del presidente argentino son injustificadas y se vienen produciendo desde hace tiempo. La víctima no tiene la culpa de la agresión. Este tipo de comportamiento es grave; es grave que el presidente de un país amigo difunda noticias falsas sobre el voto electrónico. El presidente argentino ni siquiera es original; repite noticias falsas, tal como lo hizo su compatriota Fernando Cerimedo, aliado de Bolsonaro, en 2022, quien actualmente se encuentra encarcelado en Bolivia por intento de feminicidio”, señala.
Por otra parte, La publicidad que sumó al militar Cruz, apunta precisamente a intentar ganar a votantes no del todo convencidos que eligieron a Bolsonaro en la primera vuelta. "El general, que formó parte del gobierno y la familia de Bolsonaro, tiene un mensaje para usted", arranca un cartel que abre el segmento final del anuncio. “Este extremismo no es de derecha, es un engaño”, afirma el general refiriéndose a los seguidores del postulante y de su padre. Respecto a Flávio, el exministro declara que el candidato carece de identidad y solo representa los intereses de su familia.
El anuncio de campaña apeló fuertemente a los votantes de derecha indecisos, diferenciando siempre entre la derecha y la extrema derecha, además de promover la imagen del vicepresidente Geraldo Alckmin , una figura histórica del liberalismo. "Amigos, es muy sencillo: los de izquierda votan por el 13, los de derecha votan por el 13, Geraldo Alckmin. El bolsonarismo no es de derecha", advierte una persona dirigiéndose al espectador. En otras palabras, la derecha real está con Lula. Nada que sorprenda.
Si la alternativa más difícil se produjera el domingo con una victoria del líder del PT. este mensaje va a constituir uno de los datos centrales del análisis sobre el posible cambio y de la personalidad política que ha intentado construir el mandatario en sus tres mandatos.
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