Italia vive horas agitadas tras los graves desórdenes de grupos juveniles, sobre todo en Milán pero también en Roma, Bolonia y otras ciudades. En Milán, 220 de los 270 arrestados tras las devastaciones en el centro de la ciudad el domingo pasado tienen menos de 18 años y hay hasta un par de niños de solo 11 años de edad. El Papa y el presidente italiano Sergio Mattarella lanzaron llamados a la calma.
Con un nuevo diagnóstico alentador que descarta un tratamiento adicional para tratar el adenocarcinoma que le fue extirpado el martes pasado, el Papa se metió de lleno este jueves en la polémica social italiana e invitó a los jóvenes a “construir una civilización del amor, no de las contraposiciones”.
Al saludar en el Vaticano a los participantes del Congreso sobre Pastoral Escolar y Universitaria, León XIV lamentó que existan tantos estudiantes con "dificultades existenciales" y "familias heridas, soledad digital y sentimientos de insuficiencia o miedo ante un futuro aparentemente incierto".
El Papa León en el Vaticano, este jueves. Foto: EFE
El Papa Prevost, que se restablece muy bien de una operación de cáncer de pulmón realizada el martes, pidió además evitar "a los falsos maestros" y "los mensajes engañosos, que prometen respuestas rápidas a las preguntas de los jóvenes".
"Muchos caminan por los pasillos de nuestras escuelas y universidades, tal vez sintiéndose anónimos", dijo, y por ello instó a que las universidades "sean un ambiente acogedor".
Contención VS represión
"En un ambiente acogedor, los estudiantes pueden expresar su profundo deseo de comprender, de dar sentido a la realidad", dijo el pontífice en un llamado a contener a los más jóvenes en un contrapunto con el gobierno de Giorgia Meloni que acaba de disponer el arresto preventivo de menores de entre 14 y 18 años de manera inmediata tras los graves desórdenes en Milán, el fin de semana y que prometen regresar este sábado.
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"Manifestar es un derecho, pero devastar la ciudad no", advirtió Meloni.
La medida del gobierno recibió duras críticas de la oposición que considera injusto culpar y castigar a toda una generación por un problema social del cual no son responsables.
El presidente de la República, Sergio Mattarella, también intercedió en la polémica. Dijo que “la sociedad no puede dirigirse a los jóvenes con una mezquina subvaloración” y lanzó un llamado ante el malestar social de estos días.
También criticó las pretensiones de los monopolios de los gigantes tecnológicos, inoxidables a las reglas internacionales: “Es necesaria una amplia misión que, junto a las necesarias opciones institucionales, proponga energías al hacerse cargo del malestar, del sentido de inseguridad que con frecuencia los jóvenes advierten, del temor a la marginación. Tanto más en estos tiempos tan tumultuosos e inciertos”.
Mattarella concluyó señalando que “nuestra sociedad no puede dirigirse a los jóvenes con una actitud de indiferencia o, peor, de mezquina subvaloración”, evocando también la fuga de jóvenes italianos para buscar trabajo en el exterior.
El gobierno adoptó las medidas de represión para evitar que se repitan los graves destrozos producidos en Milán, donde miles de jóvenes asaltaron negocios causando serios daños y apropiándose de mercadería, sobre todo indumentaria. Incluso fue asaltada la librería Feltrinelli, el más importante negocio de venta de libros de orientación de izquierda en Italia.
Se teme que el sábado y domingo próximos salgan a la calle grupos estudiantiles. El ministro de Justicia, Carlo Nordio, advirtió que se respetará el derecho al disenso, pero se reprimirá la violencia.
El panorama social italiano se está deteriorando, además, con crecientes protestas de los sectores más castigados debido al aumento de los precios de la energía y el costo de vida. Algunos sindicatos auspician medidas de movilización que podrían culminar en una huelga general.
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