"A tomar la Bastilla", pero no es una revolución. Las barricadas estudiantiles han regresado a Francia de la mano de los estudiantes secundarios que quieren una escuela mejor, sin ausentismo de profesores y edificios preparados para el frío o el calor, limpios y con baños adecuados. Los padres y los abuelos los acompañan y marchan con ellos para protegerlos de la violencia policial, que la presidenta de la Asamblea Nacional llamó a moderar. Los policías están furiosos y el gobierno, agobiado.

Este jueves, la plaza de la Bastilla era un mundo de gente, en un día con cielo azul y temperatura otoñal. Los jóvenes se treparon a la columna de la plaza, cantando canciones antifascistas en medio de enfrentamientos con la policía que respondió con gases lacrimógenos.

Los jóvenes se treparon a la columna de la plaza de la Bastilla. Foto: EFE

En esta cuarta movilización todas las escuelas privadas, los institutos privados, incluidos la elitista École Alsacienne, los liceístas, las universidades como Assas, los sindicatos, la Confederación Campesina, los agricultores y los universitarios se han sumado en solidaridad a los estudiantes secundarios y sus reclamos, junto a la Francia Insumisa, segunda en los sondeos de la elección presidencial de abril.

El 90 por ciento de las universidades están bloqueadas. Las principales organizaciones estudiantiles han hecho un llamamiento a continuar y ampliar la movilización, que se ha extendido a todo el país. Otra marcha está prevista para el 13 de octubre.

El gobierno bajo presión

"La movilización continúa", escribió la Unión Sindical de Estudiantes de Secundaria (USL) en sus redes sociales por la noche, tras una intervención del primer ministro que pretendía calmar los ánimos, pero que resultó decepcionante.

"Lecornu no ha anunciado nada satisfactorio anoche, ¡así que hay que seguir y lograr que ceda! Nuestras reivindicaciones son claras y seguiremos hasta ser escuchados. No cederemos", añadió la organización estudiantil.

"La movilización continúa", escribió la Unión Sindical de Estudiantes. Foto: EFE

"Acto IV"

A las manifestaciones las han bautizado Actos y van por el IV. Unión Estudiantil detalló el programa, especialmente para la región de Île-de-France: por este jueves: «"Bloqueamos nuestros institutos y campus"; concentraciones entre las 12:00 y las 14:00 horas "en cada departamento". Y a las 3 de la tarde, "convergemos todos en la Bastilla".

Varios sindicatos del sector educativo anunciaron el miércoles, en una rueda de prensa, su intención de manifestarse nuevamente junto a los alumnos de secundaria y universitarios.

"Nuestras cinco organizaciones apoyamos la movilización", concretamente "mediante la huelga", declaró Sophie Vénétitay, secretaria general del SNES-FSU —el principal sindicato de enseñanza secundaria—, en nombre de la CGT, FO, Sud y Unsa.

Criticó duramente las "respuestas tardías" del Gobierno, calificándolas de "desfasadas y desconectadas de la realidad, lo que demuestra que el Ejecutivo está contra las cuerdas". Añadió que su organización trabajaba, más allá del jueves, en "una movilización del personal educativo para principios de la próxima semana mediante una huelga".

"¡Ahí estaremos!", aseguró por su parte la FNEC FP-FO. "¡Los alumnos de secundaria han abierto una brecha! ¡Aprovechémosla!".

Por último, la central sindical CGT "llama a sus militantes a permanecer junto a la juventud" y a organizar, una vez más, "asambleas generales»" en los centros de trabajo, de cara a la movilización del 8 de octubre.

Francia Insumisa, el partido populista de ultraizquierda liderado por Jean-Luc Mélenchon, se lanzó en las redes sociales a "tomar la Bastilla" para acompañar a los estudiantes. Allí estaba el alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko, apoyando a los estudiantes y pidiendo al presidente Emmanuel Macron que pida disculpas a las familias por sus hijos heridos por la policía en las marchas.

Una movilización que se amplía

Bajo presión, el gobierno intenta buscar respuestas: Emmanuel Macron se reunió el martes por la noche con varios ministros, mientras que el primer ministro Sébastien Lecornu, antes de su intervención, había anunciado la habilitación de medias jornadas lectivas a partir del miércoles. Este tiempo de "democracia interna" busca permitir que alumnos y personal expongan sus dificultades y reivindicaciones.

El ministro de Educación, Édouard Geffray, visitó este jueves un instituto de Reims para participar en este "espacio estudiantil" y de "diálogo".

El candidato presidencial socialista independiente François Hollande alertó ante la ampliación de la marcha: «Cuando un movimiento comienza, los poderes públicos deben ser muy rápidos para aportar al menos una escucha, y enseguida una respuesta. Cuando se deja que los movimientos aumenten, es más difícil encontrar una salida», alertó Hollande.

Ese es el escenario hoy. El movimiento se amplía, va a durar y pueden sumarse nuevos protagonistas como los Chalecos Amarillos. El gobierno se enfrenta a una peligrosa crisis.

Las principales organizaciones estudiantiles —entre ellas Fage, Union Étudiante y Unef— aseguran que seguirán movilizándose hasta lograr que se atiendan las 10 reivindicaciones recogidas en una petición, que incluyen el fin de la «selección mediante Parcoursup y Mon Master», el aumento de las becas y la creación de "250.000 plazas en la educación superior". El ministro de Educación Superior, Philippe Baptiste, se reunió con ellos el miércoles por la tarde.

Este jueves las clases están «total o parcialmente suspendidas» en 375 de los 3.700 centros educativos del país, según el recuento provisional del Ministerio de Educación Nacional. «Por tanto, el 94% de los centros están abiertos, ya sea total o parcialmente».

Paralelamente, el gobierno es objeto de críticas por su gestión del orden público, tras varios incidentes graves. Las cifras oficiales registran 215 alumnos y 85 miembros del personal educativo heridos, así como 800 policías y gendarmes lesionados.

Más CPE que mayo del 68

En mayo de 1968, el Barrio Latino fue tomado por estudiantes que buscaban liberarse de las ataduras de un país próspero pero conservador. Su levantamiento, que precipitó una crisis histórica en Francia, se desarrolló en medio de exigencias de mayor libertad, reformas sociales de gran alcance y «placer sin límites». «Sean realistas, pidan lo imposible», rezaba uno de los lemas.

Este movimiento se parece más a las protestas del CPE, el movimiento estudiantil más exitoso de Francia.

El movimiento contra el CPE (Contrato de Primer Empleo) fue una importante protesta social que tuvo lugar en Francia en 2006. El CPE era un contrato de trabajo propuesto por el entonces primer ministro, Dominique de Villepin, dirigido a jóvenes menores de 26 años.

La cláusula más controvertida permitía al empleador despedir al trabajador sin causa justificada durante un período de «consolidación» de dos años. Lo aprobó forzosamente con el artículo 49.3, sin apoyo parlamentario.

Una intensa movilización de estudiantes universitarios y de secundaria paralizó numerosas universidades y centros de enseñanza. Los sindicatos de trabajadores se sumaron al movimiento, organizando huelgas y manifestaciones multitudinarias que reunieron a millones de personas en toda Francia.

Ante el bloqueo político y la presión de la calle, Dominique de Villepin cedió y anunció oficialmente la retirada del CPE. El proyecto de ley quedó definitivamente descartado. Este conflicto social supuso un importante revés político para el gobierno de Villepin y sigue considerándose una de las últimas grandes victorias de los movimientos estudiantiles en Francia.

La nueva movilización y sus raíces

Los universitarios, los sindicatos y los educadores han abandonado las aulas para unirse a este movimiento iniciado por alumnos de bachillerato, que protestan por las condiciones de sus liceos, la destrucción de sus estructuras, el abandono y el ausentismo de los profesores, especialmente en los suburbios más desfavorecidos de París y otras ciudades.

Maxim Osipov, de 20 años, estudiante de Relaciones Internacionales en el King’s College de Londres que participa en un programa de intercambio en Sciences Po, declaró: «Estoy aquí en señal de solidaridad con mis amigos, que han crecido en Francia. No son solo estudiantes; también hay profesores, profesionales y otras personas descontentas».

Tenía razón. Si la rebelión de mayo del 68 se alimentaba de sueños de un mundo mejor, este movimiento está impulsado por el descontento de una nación atrapada en un ciclo de declive económico y bloqueo político.

El movimiento comenzó el 18 de septiembre con una protesta de alumnos de bachillerato en un suburbio del este de París y ha cobrado fuerza rápidamente. Más de 6.000 personas han sido detenidas, el 85 % de ellas menores de 18 años. Las protestas han traspasado las fronteras hacia Bélgica e Italia, donde los estudiantes también se han enfrentado a la policía debido a las condiciones escolares.

Las reivindicaciones

Las reivindicaciones son concretas y no son políticas. Los estudiantes franceses se quejan del deterioro de los centros educativos, la falta de profesores sustitutos, el hacinamiento en las aulas y un sistema de acceso a la universidad que consideran injusto.

También se quejan de las largas jornadas educativas, las más largas de Europa. «Estoy en el instituto desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde», comentó un joven de 16 años durante la marcha a la Bastilla en París. «Veo más a mis profesores que a mi madre. Quiero más libertad en el centro».

Laurent Nuñez, ministro del Interior, calificó el movimiento de protesta de «inédito» y señaló que había derivado en una «violencia grave». Se han lanzado artefactos pirotécnicos contra la policía y se han registrado incendios provocados y actos vandálicos en centros educativos, causando daños por valor de decenas de millones de euros.

Varios cientos de agentes de policía han resultado heridos, así como más de 80 profesores y otros miembros del personal escolar.

Una joven de 16 años, que afirmó haberse unido a las protestas debido a la falta de sustitución de los profesores ausentes en su instituto, sostuvo que la violencia era necesaria. «Sin violencia, nadie te hace caso», declaró. «Es la única forma de hacer oír tu voz en este país».

Otros señalaron que las tácticas policiales excesivamente contundentes fueron las causantes de los disturbios. «A los agentes de policía se les conoce oficialmente como "guardianes de la paz"», dijo Agathe, de 21 años y estudiante de Derecho. «Pero, en realidad, son ellos quienes rompen la paz».