Brasilia. Enviado especial. Un hombre solitario agita dos banderas coloridas de candidatos distritales, una en cada mano, en una plaza junto a una avenida. El tipo cumple la tarea sin demasiado entusiasmo y finalmente deja caer las banderas y se sienta en el césped. Es el único magro testimonio de clima electoral frente a las cruciales elecciones presidenciales del domingo, que encuentra este enviado en un viaje entre la Plaza de los Tres Poderes, en el centro político de Brasilia y el distrito hotelero de la zona sur.
En anteriores comicios que le tocó cubrir a este cronista, aun con fuerte ausentismo y mucha tecnología para relevar a la militancia, las cosas eran significativamente diferentes. Se multiplicaban los puntos de promoción de candidatos. Había carpas, volanteos y hasta música y los automóviles en su gran mayoría llevaban afiches en la luneta destacando a sus preferidos. Tanto dirigentes locales, estaduales, como el plato fuerte de la pelea presidencial. Hoy no hay nada de eso. La gente de Brasilia, la capital federal del gigante sudamericano, parece darle la espalda a las urnas.
En el taxi de Rolando, Clarín decide recorrer la ciudad para determinar si aquello fue una excepción. Y prepara la cámara para ver qué encuentra. Brasilia tiene la forma de una cruz curva que recuerda la figura de un avión con un Asa Norte (ala) y una Asa Sul. Tiene un eje que forma el fuselaje del avión, que va de este a oeste con las sedes administrativas, monumentos, edificios públicos y la catedral y una gran avenida curva que atraviesa las dos alas.
Un solitario vehículo con banderas de la campaña electoral en Brasilia.
Bien, en toda el Asa Sul, solo encontramos algunos carteles solitarios de dirigentes distritales, no más de uno o dos en alguna esquina y fatigados por el viento. Nada relacionado con los candidatos presidenciales. En el Asa Norte y después de una recorrida de 40 minutos, bajo las sombras del mediodía tórrido apareció un auto estacionado con una bandera de Lula da Silva y su vice Geraldo Alckmin y el número 13 de la fórmula.
El periodista que por fin encontró algo para fotografiar, llamó la atención el pequeño grupo del vehículo. “Ehhh viva Argentina”, gritaron medio chacoteando cuando este enviado se presentó. Paolo, uno de ellos, dijo que cada tanto recorrían ese barrio y la zona comercial pero que era cosa de ellos. “Queremos que gane Lula”, dice “pero la gente no se mueve como antes”, agrega resignado para explicar la ausencia de afiches, marchas o de lo que se trate hacer campaña.
Poco antes de la zona donde se juntan la sede gubernamental (Planalto), la cancillería (Itamarati) y el Poder Judicial en la Esplanada dos Ministérios, hay un espacio verde donde siempre opera una feria de artículos artesanales y ropa. Era común ver ahí las carpas de promoción política. Esta vez casi no se distinguían.
Brasilia tiene algunas características particulares, es una de las ciudades más caras para vivir en competencia de costos con San Pablo, Río de Janeiro y Florianópolis. Quizá anda por ahí que sus habitantes sientan que esto de las elecciones les queda lejos. Pero es una opinión muy discutible.
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