Por estos días la austral ciudad chilena de Punta Arenas está envuelta en una doble controversia. Por un lado, todavía resuenan los ecos de la polémica que desataron las declaraciones del jefe de la Fuerza Aérea, el brigadier general Gustavo Javier Valverde, respecto de la soberanía del Estrecho de Magallanes; y por otro, el municipio de la localidad, inició esta semana una serie de reuniones con más de 40 empresarios de Malvinas con el propósito de convertirse en el principal proveedor de las islas desplazando a Uruguay. Esto a pesar de que el presidente chileno José Antonio Kast le ratificó hace unos días a su par Javier Milei el apoyo histórico reclamo de la Argentina sobre la soberanía del archipiélago.
En Chile, Punta Arenas es considerada la ciudad que más cerca está de convertirse en una comunidad con todas las características de lo que habitualmente se llama el primer mundo. Está, para ser exactos, en la base de lo que sería el desarrollo total, similar a algunas localidades de Portugal o Irlanda, para más precisiones. El expresidente de Chile, Gabriel Boric, nació y se crio allí en un hogar de clase media alta.
Aunque la pobreza en la región de Magallanes, que abarca también Puerto Natales, entre otras pequeñas localidades, alcanza el 9,9%, Punta Arenas tiene desde hace años apenas unos 6.000 pobres. Tiempo atrás el propio municipio tenía registrado con nombre y apellido los casos de unas 300 personas que mostraban fuertes dificultades económicas. Todo esto sobre una población de unos 150 mil habitantes.
Salvo los barrios semirrurales la ciudad está completamente pavimentada y es objeto de continuas mejoras estructurales por parte del municipio local. Su estándar de vida es alto y se observa en detalles que ya se convirtieron es una cuestión común para los puntarenenses. Hay numerosos restaurantes, cines, hoteles, que absorben parte del turismo internacional que se dirige al Parque Nacional Torres del Paine y al continente antártico. Más de 450 mil turistas por año caminan por las calles de la ciudad que en rigor, se caracteriza por su actividad industrial.
La costanera que da al Estrecho de Magallanes, en otros tiempos solitaria y triste, es en la actualidad un atractivo paseo de varios kilómetros. Desde el piso 12 del hotel 5 estrellas Dreams, con imponentes vistas al estrecho, los vecinos acostumbran tomar un pisco sour o una piscola.
Punta Arenas, en Chile, tiene casi pleno empleo. Foto EFE / Ignacio Cárdenas
La ciudad tiene más de 100 edificios históricos de la época en que reinaban apellidos como Braun y Menéndez, los empresarios que impulsaron la Patagonia en sus orígenes. Todavía quedan en pie algunos de sus verdaderos palacios convertidos hoy en hoteles de lujo, oficinas bancarias o museos.
En Punta Arenas hay pleno empleo y esto se explica por la conjunción de varias industrias y actividades. La ciudad es el centro administrativo de la región de Magallanes, pero también concentra parte de las operaciones de la salmonicultura, que entrega unos ocho mil empleos, y de la extracción de gas y petróleo de la empresa ENAP.
Magallanes exporta hoy por US$ 1.600 millones, y recibe US$ 400 millones producto del gasto que dejan los turistas de todo el mundo que visitan el sur. Sus principales productos de exportación son el salmón (US$ 650 millones), el metano (US$ 340 millones) y otros productos del mar y del campo por más de US$ 200 millones.
La industria es un fuerte de Punta Arenas. Foto Tamara Merino / Bloomberg
La Zona Franca ubicada no lejos del centro histórico factura US$ 450 millones y recibe unos 10 millones de visitantes por año, entre ellos numerosos argentinos que vienen en busca de ofertas desde Santa Cruz y Tierra del Fuego.
Punta Arenas, la aldea grande con alto nivel de vida que busca desbancar a Ushuaia
El salario promedio ronda los mil dólares, pero los profesionales técnicos que trabajan en las industrias locales superan los US$ 1.500, mientras que el personal que trabaja para la administración municipal o el estado, supera, por lo general, los US$ 1.800. En Magallanes un director de área municipal gana unos 4.000 dólares, lo mismo que un director de escuela, y los maestros oscilan entre US$ 1.200 y los US$ 2.200. Estos sueldos son básicamente la regla en una ciudad donde un alquiler pequeño cuesta unos 700 dólares y una casa grande supera los mil.
Tiempo atrás este cronista visitó los nuevos barrios destinados a trabajadores que levantó el Estado nacional a varios kilómetros del centro comercial. Las casas en general están compuestas de dos pisos, levantadas con buen gusto y calidad estructural. En su interior, dos dormitorios, cocina, living, espacio para un estudio y todo en un ambiente cálido y flamante. En los últimos pocos años se han levantado alrededor de 4.500 viviendas de este tipo sacando de la humildad o de la base de la pirámide económica a miles de personas en Punta Arenas y toda la región.
Se estima que solo la ciudad recibió unos US$ 2.000 millones en inversiones privadas pero el Estado espera invertir otros US$ 2.500 millones en la región en el marco del Plan Especial de Desarrollo de Zonas Extremas.
El puerto de Punta Arenas, un enclave estratégico de negocios en Chile. Foto Claudio Monge / AFP
“Punta Arenas es una ciudad. Aunque a veces, la mayoría, parece una aldea grande. 'La Perla Del Estrecho', la llamaban y aún hoy ese apodo le calza. Es una ciudad tranquila. Los jóvenes, como es natural, siempre se han querido ir. Sobre todo los jóvenes de la clase media puntarenense. Uno de ellos llegó a ser presidente, pero esa es otra historia”, explica a Clarín el sociólogo y escritor Javier Ruiz. “Lo que también pienso es importante, es que el camión de basura pasa todos los días, y las calles casi no tienen hoyos. ¿Es Punta Arenas una ciudad que se parece más a una del mundo desarrollado? Quizás, quizás, solo faltaría más amabilidad, más conciencia del otro”, agrega el autor de la novela El director.
En Punta Arenas no se observan vehículos viejos, un segmento importante de la población se volcó a los autos chinos, en especial las camionetas que se consiguen desde US$ 13.000 en Zona Franca. En la práctica, el puntarenense puede comprar barato y renovar sin demasiados problemas. En la zona libre de impuestos cualquier persona puede ir y salir con su 4x4 pagada, por ejemplo, en 12 cheques sin interés.
Punta Arenas busca ser el principal destino de turismo antártico y compita con Ushuaia. Foto Reuters / Pablo Sanhueza
La diferencia estructural entre Punta Arenas y una ciudad similar en habitantes como Río Gallegos se va volviendo abismal con los años. El municipio que lidera el alcalde Claudio Radonich, un político con características de empresario, tiene unos 600 empleados, mientras que el de Gallegos ronda los cuatro mil. El presupuesto municipal de la ciudad chilena es de US$ 50 millones contra los US$ 100 millones de la capital santacruceña.
Radonich pretende que su ciudad profundice en aquello que la caracteriza desde sus primeros años de existencia: el comercio. Por eso le obsesiona recuperar el intercambio con las Islas Malvinas que le dejarán a los proveedores locales US$ 20 millones. Parece poco, pero Radonich espera seguir profundizando los lazos comerciales con el mundo, incluido Malvinas, donde desde ya han trabajado cientos o miles de chilenos en los últimos 50 años.
Pasado el boom del hidrógeno que prometió inversiones por más de US$ 40.000 millones y terminó pinchándose a nivel global, en la localidad dejó “al menos” unos US$ 11.000 millones que llegarán con el proyecto aprobado de amoniaco de HNH Energy.
La ronda de negocios de las Malvinas y la chilena Punta Arenas este lunes y martes, desafía el reclamo de soberanía argentino sobre las islas
Ahora el alcalde y los empresarios locales se concentran en el turismo antártico, en el marco del cual esperan desbancar a Ushuaia. El negocio representa unos US$ 1.200 millones directos pero se amplía a los US$ 6.000 millones cuando se suman los servicios que requieren las compañías.
En este marco, el gobernador Jorge Flies impulsa la creación del Centro Antártico Internacional que costará alrededor de US$ 42 millones y en el futuro será capaz de albergar a 500 científicos de todo el planeta. Ciencia, sí, pero también buenos negocios.
DS
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