Si los atentados a las Torres Gemelas del 11-S presentaron al mundo a la red Al Qaeda y su jefe Osama bin Laden, las consecuencias de esos ataques y las posteriores guerras en las que se embarcó Estados Unidos para hacer frente al "terrorismo islámico" colocaron en el centro de la escena al ISIS, siglas en ingles del autodenominado Estado Islámico de Irak y Siria. Nacido en 2003 ligado a Al Qaeda surgió, entre muchas otros grupos, en marzo de 2003 en Irak, como reacción a la invasión norteamericana que derribó al régimen de Saddam Hussein.
La característica de la organización era que cortaba la cabeza de sus víctimas. De la mano de su brutalidad cobró una rápida notoriedad, con la que obtuvo poder y "prestigio". La dirigía un jordano, Abu Abu Musab al Zarqawi, quien murió en 2006 a manos de las tropas de EE.UU. No era más que otro sello sanguinario en medio de una multitud de organizaciones que se formaron en la convulsión de ese país tras la invasión que derribó a Saddam.
La conducción la tomó luego un clérigo sunnita, Ibrahim Awwad Ibrahim, que adoptaría posteriormente el nombre del primer sucesor del Mahoma, Abu Bakr, al que agregó Al Baghdadi (Bagdad, su ciudad natal) y al Samarrai (ciudad shiíta iraquí, dando a entender que gobernaría a todo el mundo musulmán). Este individuo estuvo preso en el penal norteamericano de Camp Bucca, en Irak, donde lo apodaron Maradona por su afición al fútbol. Lo liberaron considerándolo inofensivo.
La organización se involucró en la guerra civil que estalló en Irak impulsada por la venganza de la mayoría shiita contra los sunnitas minoritarios que gobernaron con Hussein en base a la masacre continuada de sus rivales, con la ayuda de EE.UU. que traspasó al tirano material bélico y armas químicas.
El grupo reapareció años después en marzo de 2011 con un significativo potencial en el capítulo sirio de la llamada Primavera Árabe, una serie de manifestaciones populares, levantamientos y rebeliones armadas antigubernamentales a favor de la democracia que se extendieron por gran parte del norte de África. Contaban con enorme cantidad de fondos y una importante milicia mercenaria, postulando una versión propia del Islam que autorizaba todo tipo de masacres y hasta violaciones de menores.
E líder del grupo Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, siendo entrevistado por el medio de comunicación Al-Furqan, perteneciente a su grupo, en 2019. Foto AP
El ISIS exponía un supuesto islamismo inclemente, con una versión propia del Corán que les permitía incluso violar niñas y utilizando con gran habilidad la red internet para exhibir asesinatos consistentes en degüellos o la quema pública de jaulas con enemigos encerrados en ellas. Ese impacto global les generó aliados fanáticos en Occidente, que cometieron la década pasada resonantes atentados en Europa y EE.UU. aunque nunca quedo claro que tuvieran alguna relación con el grupo original.
Baghdadi instauró un califato entre Irak y Siria que llegó a tener unos 7 millones de personas bajo su poder. Operó financiado por fortunas árabes con el objetivo de contener los brotes de fervor democrático que se extendían por entonces en el norte de África, pero particularmente operó contra blancos de Irán, el enemigo principal entonces, especialmente, de los millonario del reino de Arabia Saudita.
La popularidad se intensificó con el uso de las redes para exhibir con enormes espadas la decapitación de periodistas o rivales políticos. Ese destaque motivó el surgimiento de “lobos solitarios” que en su nombre, pero sin contacto con el grupo, realizaron resonantes atentados en Europa o EE.UU.
Durante su breve existencia, esta banda terrorista combatió al pueblo kurdo sumando denuncias de una potente ayuda que le habría brindado Turquía con el movimiento de camiones militares de ese país cruzando la frontera. Sin embargo, su blanco principal era la dictadura pro iraní en Siria, que conducía Bashar al Assad. El grupo, que llegó a acumular fortunas contrabandeando antigüedades y vendiendo petróleo, y se consideraba eterno, entró en el ocaso cuando Rusia ingresó en la guerra de Siria en 2015 y giró el conflicto poniendo a salvo el régimen. Turquía se alió a Rusia e Irán y las fortunas árabes abandonaron al grupo.
Yihadistas del ISIS decapitaron en Siria a un secuestrado estadounidense, en 2013. Foto AFP
Cuando Rusia entró en la guerra de Siria dando vuelta el conflicto a favor de Damasco, el ISIS dejó de tener utilidad para sus patrocinadores, incluyendo Turquía que lo había usado para enfrentar a los kurdos sirios. En 2018 el ISIS perdió Raqqa, su bastión en ese país árabe y antes Mosul, su principal capital en Irak. Abu Bakr escapó pero fue localizado por la inteligencia kurda que avisó a los norteamericanos que lo liquidaron en octubre de 2019 en Siria. Su derrota apagó la oleada de atentados en Occidente. De 94 ataques en 2014, pasaron a 3 en 2023.
Antes de su desaparición, el autodenominado Estado Islámico atacó París, Francia, el 13 de noviembre de 2015, con un saldo de 130 muertos, en su mayoría franceses. El presidente François Hollande declaró el 14 de noviembre que los ataques fueron organizados desde el extranjero “por Daesh con colaboración interna. Dos sías desúés, la aviación francesa atacó posiciones del EI en la ciudad siria de Raqqa.
Desde entonces aparecieron diferentes organizaciones en Oriente Medio, África y Asia que buscaron aprovechar la marca y se auto nombraron ISIS. El más impactante es un ISIS-K que surgió recientemente en Afganistán y mató a 95 civiles en enero del 2024 en Irán. En marzo del mismo año, el Estado Islámico del Gran Jorasán o bajo sus iniciales, ISIS-K se adjudicó el ataque en el que cinco hombres masacraron a 144 personas que asistían a un concierto en Moscú.
En las primeras horas de 2025, Shamsud-Din Jabbar arrolló a varios peatones en Bourbon Street en Nueva Orleans, Estados Unidos. Luego se bajó del vehículo y disparó con un rifle de asalto contra los demás peatones que se encontraban en el área, y fue abatido por la policía. Además del atacante, en el atentado murieron otras 14 personas y otras 57 resultaron heridas. Jabbar era un ciudadano estadounidense que se convirtió al islam algún tiempo antes del ataque y que también juró lealtad al Estado Islámico.
En diciembre del año pasado, dos atacantes, Sajid Akram y su hijo Naveed, mataron a 15 personas en una celebración de Janucá en la playa de Bondi, en Sidney, Australia, y el gobierno los vinculó con los remanente del viejo ISIS.
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