Con la presencia en Caracas del secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, encargado de supervisar el potencial energético de Venezuela, el gigante petrolero Chevron confirmó este miércoles que ampliará sus operaciones en ese país, días después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciara “el acuerdo más grande de la historia mundial” que otorga al Pentágono una participación en los beneficios.
Chevron, la única petrolera estadounidense que tiene una presencia importante en Venezuela, dijo el miércoles que se le han asignado superficies adicionales en la Faja del Orinoco, donde la empresa ya tiene una posición consolidada. Los planes del emprendimiento conjunto incluyen invertir más de 7.000 millones de dólares durante los próximos cinco años, y más que duplicar la producción hasta rondar los 600.000 barriles diarios en comparación con 2026.
En el palacio de Miraflores en Caracas, Wright de reunió con la presidenta interina Delcy Rodríguez, que reemplazó al dictador Nicolás Maduro luego de su captura en enero pasado en un operativo militar estadounidense. La funcionaria chavista cultivó una estrecha relación con el gobierno de Trump, que busca reforzar sus reservas petroleras, bajar el precio del combustible en Estados Unidos y frenar la influencia de China en la región. La visita de Wright de tres días a Venezuela tiene el objetivo de avanzar con la implementación de los acuerdos.
Trump tiene la mira puesta en el petróleo venezolano desde la captura de Maduro, y sus asesores apuntan que es una forma de dejar de depender del crudo de Oriente Medio. El presidente ha presionado para que empresas estadounidenses restablezcan su presencia en el país, aunque muchas mostraron cautela porque las inversiones en el sector son a largo plazo y hay dudas sobre si las nuevas reglas serán duraderas.
El lunes sugirió que otras petroleras se estaban preparando para hacer negocios en Venezuela. “Tenemos a Exxon entrando, tenemos a Chevron entrando. Tenemos a nuestras grandes compañías petroleras entrando”, dijo.
Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela (derecha), y Chris Wright, secretario de Energía de Estados Unidos. Foto Bloomberg
Pero mientras EE.UU. apunta al petróleo y refuerza su estrategia regional, el gobierno de Trump dice no ver por ahora un escenario posible de retorno a la democracia en Venezuela. Además, colocó a un controvertido hombre de negocios, Alejandro Betancourt, con lazos chavistas, en un lugar clave para los acuerdos.
Wright calificó la firma como “un día histórico en la transformación de Venezuela” y dijo que la misión de Trump es llevar “paz, libertad, oportunidades y prosperidad” al pueblo venezolano. Hubo otros acuerdos adicionales, más allá de Chevron, que incluyen a Eni en petróleo y a GE Vernova en electricidad, entre otros.
Pero el centro de la atención está en el “acuerdo petrolero más grande de la historia mundial” anunciado por Trump el viernes y por el que Venezuela concede a la empresa North American Blue Energy Partners (NABEP) derechos por 100 años sobre 17 campos petroleros, con unos 65.000 millones de barriles de reservas probadas, aproximadamente una quinta parte de todas las reservas venezolanas. Algunos de esos campos estaban bajo influencia de empresas chinas y rusas.
Por este pacto, el gobierno estadounidense obtiene derechos sobre un 35% de NABEP, a través del Office of Strategic Capital del Pentágono. Según la Casa Blanca, sin costo para el contribuyente estadounidense. Estados Unidos tiene poder de veto en el directorio de la empresa y la mayoría deberán ser ciudadanos estadounidenses.
El Departamento de Estado tiene garantizado comprar el 20% de toda la producción a costo de producción, no a precio de mercado. Incluye además derecho de preferencia sobre el 80% restante.
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, conversa con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez. Foto Reuters
NABEP promete invertir hasta US$100.000 millones en infraestructura y llevar su producción desde unos 200.000 barriles diarios hasta aproximadamente 1 millón de barriles diarios. Parte del petróleo adquirido por EE.UU. se destinaría a las reservas petroleras estratégicas y a necesidades militares estadounidenses.
La Casa Blanca calcula que Venezuela recibiría aproximadamente US$200.000 millones en impuestos y regalías durante los primeros 25 años.
En una entrevista con un periodista venezolano, el secretario de Estado Marco Rubio explicó que el acuerdo era algo más amplio que una compra de petróleo y lo definió como una forma de transformar la relación con Venezuela mediante intereses económicos compartidos. Dijo que el mecanismo convierte a NABEP en una empresa privada que trabaja conjuntamente con Estados Unidos para “normalizar la economía venezolana”. Según Rubio, el Departamento de Defensa participa mediante un instrumento especial que permite al gobierno estadounidense tomar una participación en esos activos.
La lógica, según Rubio, es que NABEP aumentará la producción, lo que permitirá atraer inversión privada, desarrollar los campos y generar ingresos para Venezuela. Lo resumió políticamente como transformar una disputa en “un acuerdo de cooperación económica” y sostuvo que eso representa “elegir la paz”, no la subordinación de Venezuela.
El nombre polémico
Uno de los puntos más controvertidos del acuerdo es la persona que controla NABEP. Se trata de Alejandro Betancourt López, venezolano de 46 años, que se enriqueció con contratos eléctricos durante el chavismo a través de Derwick Associates y pertenece al grupo de empresarios conocidos en Venezuela como bolichicos. Hoy su compañía es el segundo productor privado de petróleo de Venezuela, detrás de Chevron.
El empresario venezolano Alejandro Betancourt en Madrid, en octubre de 2016. Foto Reuters
Betancourt ha sido objeto durante años de investigaciones por supuesto lavado de dinero relacionadas con Venezuela. The Washington Post reveló la semana pasada que fue arrestado dos veces en Gran Bretaña en 2025 por pedidos relacionados con investigaciones de España y Suiza, y que durante meses tuvo restricciones para abandonar Reino Unido. No ha sido acusado formalmente ni condenado por delitos en Estados Unidos, Suiza, España o Venezuela.
Cuando se le preguntó a Rubio por que habían elegido NABEP dijo que “es la segunda, empresa más grande privada que existe”. Y sobre Betancourt señaló: “Hemos chequeado con todas las autoridades (en EE.UU) y no existía ninguna investigación dentro de nuestro sistema en contra de él”.
La opinión de un experto argentino
Consultado por Clarín, Ariel Bosio, fundador y vicepresidente de la Cámara Argentina-Texas y con experiencia en la industria petrolera estadounidense, se refirió desde Houston al acuerdo extraordinario de EE.UU. Explicó que el "control" estadounidense de petróleo “combina concesiones por 100 años a la empresa NABEP, 35% de acciones para el Departamento de Guerra, poder de veto y compra con descuento para EE. UU”. “No obstante, advierte, habrá que monitorear la evolución del proceso, ya que enfrenta graves riesgos legales en Venezuela y en Estados Unidos a corto y mediano plazo”.
Señaló que “es un beneficio tripartito con primacía geopolítica estadounidense. EE.UU. obtiene acciones, veto y petróleo "barato" sin gasto público. Además, retira a China y Rusia del sector. La firma privada controlada por EE.UU logra una enorme reserva comercial por un siglo. Venezuela recibe ingresos vitales proyectados en $200.000 millones de dólares para su reconstrucción e infraestructura, acelerando la monetización de sus reservas y desarrollando su cadena de valor”.
Bosio cree que el acuerdo no necesariamente garantiza una baja del precio de combustible en Estados Unidos. “Podría reducir costos a mediano y largo plazo indirectamente. Garantiza petróleo a precio de costo para la reserva estratégica y el ejército. Procesar crudo pesado abarataría la refinación en el Golfo de México, pero la baja al consumidor dependerá de las inversiones para elevar la producción y la evolución global de precios del crudo”.
Consultado sobre si este acuerdo podría tener un impacto en el interés por Vaca Muerta, Bosio señaló que “no hay competencia directa por tipo de crudo (pesado versus liviano) ni tipo de activo (convencional versus no convencional). La competencia será muy puntual por preferencia de portafolio en fondos internacionales. Sin embargo, el costo de equilibrio en Vaca Muerta (bajo los $45 por barril) y el avance en los distintos proyectos de exportación, la mantiene sustentable y atractiva a mediano y largo plazo”.
PB
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