Natacha Méndez tiene de Isabel Sarli ese erotismo casi pastoral, ingenuo, de algo que está, pero a la vez no. En una sala de Palermo Hollywood la nombran: “La Coca Sarli del Off”. Como si estuviera todo armado para el periodismo, ahí mismo una mujer llamativa baja de un Uber pidiendo alfombra roja, apenas con un tapado, medias de red y el entusiasmo de quien cree que puede volar.
En un ratito irá de acá para allá, medio alborotada, como buscando un saber. "¿Dónde está Tomasito?", pregunta por el fotógrafo de este diario, a quien acaba de conocer. Se le nota contenta. Por ahí es así o por ahí no se ríe desde enero. Trajo una valija con rueditas que pesa menos que un vaso de telgopor. "Acá está todo el vestuario de la obra", dice.
Natacha tiene un cuerpo y una vulnerabilidad atendible y algo arrabalera que la empareja con la Gata Varela.
Desde hace un mes actúa en 70 veces siete, obra de teatro basada en la película que protagonizó la musa de Armando Bó. Las dos propuestas están basadas en el libro homónimo de Dalmiro Sáenz, que primero pasó al cine dirigida por Leopoldo Torre Nilsson, en 1962, y que ahora tiene su versión sobre tablas.
"De esta obra de teatro no vivo, y es lo único que te voy a decir al respecto" tira, sin vueltas.
Truenito entre las hojas
Esa película fue una de las primeras apariciones importantes de Isabel Sarli en un "cine de prestigio". Allí, escasamente, hay un desnudo parcial, de sombra chinesca, y todo recibe un tratamiento dramático, ajeno a la famosa explotación carnal. Natacha, nuestro truenito entre las hojas, dice que le incomoda un poco la comparación, aunque asegura que no cambiaría su vida por ninguna otra.
Su carrera, acepta, es una carrera bastante desconocida para el ciudadano de a pie. "A veces siento que los laburos deberían tener más difusión y repercusión. La película con (José Celestino) Campusano fue algo que realmente quería hacer y se me dio. Pero me hubiera gustado que se supiera más del trabajo de una. Placer y martirio fue una película muy controvertida. Aposté mucho por ese protagónico, por el cine, y me hubiera gustado un mayor reconocimiento. Ganó el BAFICI como mejor director. Además el mío no era un personaje que dormía la siesta, era fuerte, jugado... En fin, sentí que me faltó un poco de cariño".
Natacha tuvo su "momento" como actriz al servicio del cine bruto y comunitario de Campusano. Diez años atrás decir Campusano era cool. Una película suya, Placer y martirio, había ganado en el BAFICI y ya empezaban las retrospectivas del realizador motoquero del conurbano profundo.
Natacha en "Placer y martirio", de Campusano. "Me hubiera gustado que se supiera más del trabajo de una".
Un día de julio, pero de 2015, el nombre de Natacha Méndez había aparecido por única vez en este diario, mencionada en el reparto de esa película. Placer y martirio: sexo limitado fue el titulo. El periodista Horacio Bilbao escribió: "Placer y martirio se transforma en una metáfora entre paródica y pueril del sexo insulso de las clases altas vernáculas. La película cuenta la oscura transformación de una mujer en una historia de la que no surge una sola gota de amor".
Coca, de entrecasa
Natacha se cambia detrás de una tela transparente iluminada por una luz tenue y pide que nos demos vuelta para no pensar cosas sucias y querer arrancarnos los ojos. Lo de ser la nueva Coca Sarli es más una provocación, pero lo cierto es que un emblema del cine nacional revive ahora en una coqueta sala de Palermo para no más de 80 personas.
Dice que protagonizó Matar a Julia (filme en etapa de posproducción) y que tuvo un papel en una película de terror que le valió el premio a mejor actriz del Festival Buenos Aires Rojo Sangre. Hizo el unipersonal Cleopatra Fragmentada, sobre textos de Shakespeare. José María Muscari la tuvo en performances de teatro y danza. Actuó en una publicidad de Danonino.
Natacha, rodeada por los actores del elenco, Daniel Barros y Pablo Lyonnet.
-¿Te estresa que te comparen con la Coca?
-Fuera del escenario, sí, un poco fuerte que me comparen con ella, pero cuando trabajo, en ese momento, no me pesa para nada. Hay personas que pueden creer que yo quise hacer este personaje de casualidad o porque me divierte o porque es sensual o porque es un clásico. Que piensen lo que quieran.
El libro de Dalmiro Sáenz ahora nos sitúa en una atmósfera portuaria donde una prostituta (Natacha) hace lo que puede en un burdel mientras imagina días mejores. De pronto uno de sus clientes habituales, un marinero (Daniel Barros), la invita a salir de ahí para vivir juntos en una casa de la Patagonia. Lo que ella supone una posibilidad, se esfuma entre el aburrimiento del ama de casa aislada y un hombre que no logra salir adelante. En la trama aparece otro sujeto (Pablo Lyonnet). Cuando una relación de dos se vuelve tensa, es probable que aparezca un tercero.
Mejor no hablar
"A veces siento que los laburos deberían tener más difusión y repercusión", sostiene Natacha.
-¿Qué edad tenés, Natacha?
-Soy joven.
-¿De qué vivís?
-De esta obra de teatro no vivo, y es lo único que te voy a decir al respecto. No me gusta transmitir nada personal, sino lo que yo soy como artista. En el teatro, y yo lo sé bien, se tiene que vivir del amor porque es mucho pero mucho lo que se da sin recibir. Si esto realmente no me gustara, sería muy fácil dejarlo.
-¿Por qué no sos más conocida?
-Bueno, creo que el medio tiene que darte un lugar para ser conocida o para activar ciertas posibilidades. Siempre se ven las mismas caras, hay actores y actrices que se ponen de moda, no sé... Es una verdadera incógnita por qué uno se hace conocido y otro no. Tampoco lo veo como un pesar, de verdad lo digo, es una forma de construir también. A mí no me gusta hablar de suerte.
Coqueta, no quiere decir su edad.
-¿Tu cuerpo cómo juega en tu carrera?
-Hace mucho que actúo, hice publicidad, hice de todo desde adolescente. Mi cuerpo, mi cuerpo es muy importante. Es lo que pongo en escena, mi dispositivo. Traté siempre de poner especial atención en la parte corporal de la actuación: danzas, entrenamiento, bailar tango. No concibo la actuación sin el cuerpo. No la concibo como una cosa intelectual o de pura palabra. El cuerpo seguro tiene que estar. Yo soy esto que ves.
(70VECES7 se presenta los sábados 1º y 8 de agosto a las 21 en Alquimia CC, Ravignani 1408, Palermo. Entradas por Alternativa teatral).
POS
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