¿Qué se necesita para ser una leyenda del rock? Además del talento musical, existen elementos que agrandan la figura de los artistas: un halo de peligro y mística que hace que ir a un show genere el entusiasmo de ver qué locura puede suceder tanto arriba como abajo del escenario.
La línea entre realidad y ficción es delgada. Hay músicos con vidas volcánicas que protagonizaron excesos genuinos a pura inconsciencia, mientras otros entendieron temprano que el espectáculo se alimenta del mito y supieron usar la exageración a su favor.
De las teatralidades de Ozzy Osbourne, Alice Cooper, Kiss y Keith Moon a los exabruptos criollos de Billy Bond, Charly García, Calamaro y Pappo, un recorrido por las historias más salvajes del rock.
Lado A: Teatralidad, murciélagos y destrucción en el rock internacional
Ozzy Osbourne y la noche que nació una de las leyendas más grandes del heavy metal
Ozzy Osbourne. El Príncipe de las Tinieblas y un mordisco accidental que lo llevó al hospital. Foto: AP/Jeff Geissler
Si bien su público lo llamaba "El Príncipe de las Tinieblas", el 20 de enero de 1982 ocurrió el episodio que forjó su imagen para siempre. Alejado de su banda Black Sabbath, Ozzy Osbourne estaba en la gira de su segundo disco solista, Diary of a Madman (Diario de un hombre loco), donde se instaló la sangrienta tradición de lanzar al público trozos de carne cruda y partes de animales. Rápidamente, los fanáticos comenzaron a acudir a los recitales "armados" con sus propios proyectiles orgánicos para devolvérselos al escenario.
En esa atmósfera de caos en Des Moines, Iowa, algo pequeño y negro cayó cerca de los pies del músico. Convencido de que era un juguete de goma para Halloween, Ozzy lo levantó para sumarle dramatismo al show y le arrancó la cabeza de una mordida.
"Inmediatamente sentí que algo andaba mal. Mi boca se llenó de un líquido cálido y pegajoso y sentí que la cabeza se movía convulsivamente", recordaría. Un espectador le había arrojado un murciélago real. La función se interrumpió para trasladarlo de urgencia al hospital e iniciar un doloroso tratamiento con vacunas contra la rabia. Un error nacido del exceso y del propio ritual que el cantante alimentó, convirtiéndolo en leyenda mundial.
Alice Cooper y la sangre de gallina
Alice Cooper, ahora con las manos negras. Las supo tener rojas de sangre.
Mucho antes que Ozzy, Alice Cooper sentó las bases del "shock rock", mezclando música con elementos teatrales e inspirados en el cine de terror. ¿Cómo surgió? En 1969, la banda se presentaba en el festival de Toronto junto a The Doors y John Lennon con la Plastic Ono Band.
Hasta entonces, los shows de Cooper terminaban con una suelta de plumas impulsadas por tubos de oxígeno, pero ante semejante cartel, su mánager decidió que debían hacer algo más. Al lanzar el plumaje, apareció en el escenario una gallina blanca y el joven Cooper creyó que, por tener alas, el ave volaría, así que la arrojó hacia el público.
A los pocos segundos, el animal volvió por el aire, pero en sentido opuesto: fue devuelto desde las primeras filas completamente destrozado. Le habían partido el cuello con saña. El músico tomó el cuerpo inerte y quedó perplejo, momento ideal para que los fotógrafos inmortalizaran la escena con decenas de tomas de Cooper y los restos ensangrentados en sus manos.
Al día siguiente, los diarios titularon: "Alice Cooper mata a una gallina en el escenario y bebe su sangre". En lugar de desmentirlo, Cooper dejó que la prensa alimentara el morbo y el mito quedó creado.
Kiss: Sangre en la imprenta y la infamia de los pollitos
Kiss, en el Campo de Polo argentino, en 2022. Con esas botas, podrían haber pisado cualquier cosa. Foto: Martín Bonetto
Otros que continuaron la escuela provocadora de Alice Cooper fueron los integrantes de Kiss. Sin embargo, los neoyorquinos se distinguieron por algo claro: no sólo querían coquetear con lo prohibido, sino ganar muchísimo dinero con eso. Gene Simmons, Paul Stanley, Ace Frehley y Peter Criss transformaron a la banda en una franquicia gigante de superhéroes de carne y hueso.
Esa visión alcanzó su punto alto en 1977, cuando se asociaron con Marvel Comics para lanzar A Marvel Comics Super Special!: Kiss. Para convertirlo en un evento histórico, los cuatro se extrajeron sangre en camarines. Los frascos fueron congelados y trasladados bajo custodia hasta la imprenta de Borden Ink en Nueva York. Allí, ante Stan Lee y con un escribano público que certificó el acto, mezclaron su sangre con la tinta roja en un gran contenedor. El cómic se vendió masivamente; de hecho, en la portada se leía: "Printed in real Kiss blood" (Impreso con sangre real de Kiss).
Al apelar a acciones de alto impacto, sectores conservadores intentaron demonizarlos. Fue así como promovieron el rumor de que en sus shows arrojaban pollitos vivos al escenario para pisarlos con sus botas de plataforma. El propio Gene Simmons tuvo que desmentirlo durante décadas como una mentira absurda. El cómic con sangre fue una desmesurada realidad corporativa; la masacre de los pollitos, una simple difamación que sirvió para agrandar el mito.
Keith Moon: un pequeño hombre con un mito gigante
Keith Moon. El baterista de The Who tuvo un largo historial de excesos. Foto: Tom Hill
Si alguien convirtió la destrucción de hoteles en una disciplina profesional, fue Keith Moon, el impredecible baterista de The Who que con poco más de 1,70 metros llegó a destrozar un establecimiento entero.
Su pasatiempo favorito era volar inodoros con explosivos, pero la cima del descontrol ocurrió en su cumpleaños 21 en Flint, Michigan. La celebración comenzó con una guerra de tortas que dejó a los invitados y las paredes cubiertos de merengue. Fuera de sí, Moon quitó el freno de mano de un Lincoln Continental para manejarlo al fondo de la piscina del hotel, cerrando la noche en la comisaría tras perder un diente al intentar huir de la policía.
Lado B: El descontrol con sello argentino
Así como la escena internacional construyó su leyenda entre bambalinas, el rock nacional forjó la suya con un sello propio moldeado por la calle, la resistencia a la censura y una transgresión puramente criolla.
Billy Bond y el "¡Rompan todo!" que marcó una época
Billy Bond y La Pesada del Rock and Roll, en el Luna Park. El "Rompan todo" quedó como grito de guerra.
El 20 de octubre de 1972 marcó uno de los momentos más trascendentales del rock argentino. En el Luna Park se desarrollaban las Jornadas para la Juventud, un festival con una grilla estelar que reunía a Pescado Rabioso, Aquelarre, Color Humano, Litto Nebbia, Pappo's Blues y La Pesada del Rock and Roll. Argentina vivía bajo la dictadura militar de Alejandro Agustín Lanusse y los jóvenes eran mirados con sospecha por las fuerzas de seguridad.
La tensión venía acumulándose desde la tarde ante la aglomeración de gente y el violento accionar policial para dispersarla. La Pesada abría el festival y, al ver desde el escenario cómo golpeaban a los pibes de las primeras filas, su líder Billy Bond tomó el micrófono y soltó el grito de guerra: "¡Si todos ustedes son tan locos y la policía nos pega así, entonces rompan todo!".
La respuesta fue devastadora: los jóvenes derribaron las vallas, enfrentaron a la policía y destrozaron el lugar. El músico terminó detenido y Tito Lectoure prohibió los shows de rock en el estadio por años. Las crónicas titularon "Hordas de hippies arrasaron el Luna Park", pero con los años Billy aclaró que no fue una arenga vandálica, sino un desahogo ante la represión, convirtiéndose en el acto fundacional del mito del descontrol en el rock argentino.
Charly García: Un vuelo de 16 metros a la inmortalidad
Para la historia. El salto de Charly García a la piscina de su hotel en Mendoza.
Si hay un hito que cruza la delgada línea entre el mito popular y la hazaña física real, ocurrió el 3 de marzo de 2000 en Mendoza. Durante años se repitió que Charly García saltó desde la ventana de un noveno piso impulsado por un brote o un rapto de locura. Sin embargo, la historia real es mucho más precisa y fascinante.
El contexto venía caldeado. La madrugada previa al salto, el músico terminó demorado en una comisaría tras una discusión con una mujer en un pub. Luego de declarar y quedar liberado a primera mañana, regresó al Hotel Aconcagua. Cerca del mediodía, el lobby estaba desbordado de periodistas por una conferencia de prensa de un ministro nacional. Charly, molesto con el acoso policial, las cámaras y el revuelo mediático, decidió dar su propia respuesta.
Desde su suite, se veía la piscina del hotel, en la terraza del segundo piso. Las crónicas aclararon la verdad: no fueron 9 pisos de caída sino 7 (unos 16 metros de altura), y tampoco fue un acto suicida. Charly -que de chico practicaba natación- había estado tirando algunos objetos para calcular la trayectoria al detalle para salvar los tres metros de distancia horizontal hacia el centro de la pileta. Primero probó la puntería tirando un muñeco de madera y luego un inflable del gato Silvestre.
Luego del salto, Charly salió de la piscina de muy buen humor.
Ante la mirada espantada de todos, el camarógrafo de TN Daniel Raquela encendió su cámara a tiempo para registrar los 3 segundos más famosos del rock argentino. Charly se lanzó en un vuelo certero e impactó en el centro de la pileta. A los pocos segundos, emergió nadando tranquilo ante la guardia de seguridad. Más tarde soltó con su ironía inconfundible: "Esta es la primera cosa deportiva que realmente estoy disfrutando". Un tiempo después inmortalizaría el salto en su canción Me tiré por vos.
Andrés Calamaro: de la furia al bate de béisbol
Andres Calamaro y un final tempetuoso entre los '90 y los 2000. Foto: Emmanuel Fernández
Entre finales de los '90 y principios de los 2000, la era Say No More de Charly García se cruzó con un Andrés Calamaro en su momento más explosivo. La histórica amistad entre ambos se fracturó por rencores cruzados, celos profesionales y la disputa en torno a una figura femenina cercana a ambos. Lo que comenzó como un duelo de chicanas en los medios, escaló a niveles insólitos: enardecido por las declaraciones de García, Calamaro se apareció en la puerta de la casa del Bicolor armado con un bate de béisbol y seguridad privada para dirimir las cosas por la fuerza. Charly no bajó, pero respondió en televisión tildándolo de "Calamarete asqueroso" y recriminándole el episodio entre risas e insultos.
Ese mismo impulso, llevó a Calamaro a protagonizar un recordado ataque de ira en el local de Tower Records de la avenida Santa Fe. Indignado por cómo exhibían la música local frente a los discos importados, irrumpió en la tienda y arremetió a batazos limpios contra los exhibidores, destrozando material a su paso. El mito dice que, de todas formas, los álbumes que más destrozó eran los de Charly.
Para la prensa, ambos episodios fueron síntoma de un tiempo donde los excesos marcaban el pulso de los referentes locales. Con los años las aguas se calmaron, la paz le ganó al escándalo y aquella amenaza con el bate en Coronel Díaz quedó guardada como una postal insólita del folclore rockero.
Pappo Napolitano: mangueras escatológicas y blues en calzoncillos
Riff, banda seminal del heavy metal argentino. De izq. a der. Vitico, Pappo, Boff y Michel. Hombres duros en camperas de cuero.
Si hay un personaje que sintetiza el espíritu salvaje del rock nacional, ese es Norberto "Pappo" Napolitano. El Carpo no necesitaba inventar mitos: su día a día era una mezcla constante de comedia negra y asfalto.
En una anécdota rescatada por su compañero Vitico, se cuenta que en los '80, en un festival con público punk, Pappo se cansó de los escupitajos al escenario. Frenó el show y amenazó: "Si no paran de escupir, voy a traer una manguera con mierda y los voy a bañar a todos". Santo remedio: el público entendió al instante.
Pero una historia que agiganta su figura ocurrió en 1992, cuando B.B. King tocó en Obras y Pappo fue telonero. El legendario guitarrista venía llegando en su limusina, escuchó un solo de guitarra del Carpo desde la calle y quedó deslumbrado: "Quiero a ese tipo en mi show", ordenó.
Sin embargo, a Pappo nadie le avisó a tiempo. Apenas bajó del escenario, se dio un baño de inmersión. Segundos después, un asistente entró corriendo: "¡Carpo, vestite ya que el negro te está llamando al escenario!".
Pappo salió chorreando agua e intentó ponerse su ajustado pantalón de cuero. Entre la humedad y el apuro, el pantalón se le trabó en las piernas. Sin tiempo que perder, apareció en el escenario semidesnudo ante un B.B. King incrédulo. El maestro le alcanzó una guitarra y terminaron zapando juntos.
Final feliz. Pappo, en el Madison Square Garxden junto a B.B. King.
Aquella desfachatez selló una amistad inquebrantable. Pappo le regalaría una enorme horma de queso en camarines -por lo que B.B. King lo rebautizó como "Mr. Cheese"- y en 1993, el Rey del Blues cumpliría el sueño de invitarlo a tocar como huésped de honor en el Madison Square Garden. Una postal eterna del blues que nació entre el barro, el cuero y los pantalones a media asta.
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