Si Mónica Gonzaga tuviera que escribir su biopic, seguramente empezaría por el final. La consagración como actriz dramática en Barrabrava (la serie de Prime Video, protagonizada por Gastón Pauls, Matías Mayer y Ángelo Mutti Spinetta, sus hijos en la ficción), papel por el que recibió el Cóndor de Plata como Mejor Actriz de Reparto en drama en su rol de Gladys.
Después, iría desandando el camino de sex symbol, su casamiento con el director y productor Alejandro Sessa, el nacimiento de su hijo Adriano, la viudez prematura, su trayectoria en cine y televisión. De modelo a actriz de comedia y telenovelas, del explosivo romance con Julio Iglesias al amor apasionado con Cacho Castaña, las tapas de revista y su debut en la pasarela a los 13 años.
Hoy, Mónica espera la confirmación oficial de la tercera temporada de Barrabrava, que se rodaría en tres meses en Uruguay. Ella, hermosa y seductora mujer, ya comenzó su transición hacia Gladys, está engordando nuevamente y dejó de teñirse para entregarse cuando sea el momento a la interpretación de su vida.
-Fue notable el crecimiento de Gladys en la segunda temporada, no sólo por el protagonismo, sino por el trabajo corporal y gestual que lograste.
-Es toda una metamorfosis. Para la primera engordé 12 kilos, para la segunda 8, me teñí las cejas de blanco y me maquillé manchas en la piel que no tengo. Ahora estoy con 69 kilos y media cabeza de canas. Yo peso 63 y con los kilos de más viene papada y se hincha la cara. Tengo en stand by una telenovela de esas verticales de dos o tres minutos pero el personaje, una persona grande con Alzheimer, me permite que esté así.
-En algún momento de tu extensa carrera, ¿habías experimentado una transformación de estas características?
-Al contrario, como siempre tenía que hacer o una profesora de gimnasia, una modelo, una actriz o alguien glamoroso, por lo general bajaba kilos para estar dentro de cada uno de esos personajes.
Mónica Gonzaga es una de las grandes sex-symbols de la Argentina.
-Siempre has sido convocada por tu belleza, pero además de destacarte en la comedia hasta llegar a Gladys hiciste otros papeles comprometidos.
-Sí, mucha telenovela donde ya aparecía con un poco de drama, era la madre de protagonistas que sufrían, llorábamos, pero no requerían este cambio físico. Cuando me convocó Jesús Braceras -creador, coguionista y codirector de Barrabrava- pensé: “Tengo que estar, pero que no sea Mónica Gonzaga, lo que han visto hasta ahora”. Porque yo fui archi tapa de revistas en un momento de mi vida y mi imagen estaba muy ligada al glamour y hay muchas formas de crecer o envejecer. No es lo mismo una Gladys de una villa y desaliñada, que una señora de Barrio Norte que crece con su pelo impecable, menos kilos, vestida divina.
Situaciones límites en la ficción y la vida real
-Al igual que ella, tuviste que criar sola a tu hijo, en tu caso porque tu marido murió a los seis meses de nacer Adriano. En la serie Gladys fue víctima de abuso sexual, ¿viviste alguna situación límite similar?
-Viví situaciones límites, esa, y después otra que casi no cuento el cuento por una neumonía que me agarró en Punta del Este en el 2006, estuve 17 días en terapia intensiva y mi hijo tenía 7 años y se quedaba solo si algo me pasaba. Así que tuve un montón de material de memoria emotiva para poder ponerlo en estas escenas. Siempre digo que la actuación es sanadora y lo fue para mí.
-¿A qué situación te referís cuando decís “esa”?
-Al acoso de un abogado que hizo la sucesión de mi marido. Más que de acoso, de tirárseme encima y yo tener que evitarlo, y ya grande, a los 40 años. Sé cómo se siente cuando estás vulnerable y hay un hombre que te acosa, que además está en un nivel de superioridad, porque cuando enviudé me quedé sin fuerza, sin saber qué iba a hacer con ese bebé que tenía en los brazos y qué pasaba con el futuro...
Mónica Gonzaga Barrabrava, irreconocible y con canas en "Barrabrava", la serie de Amazon Prime para la que engordó más de diez kilos.
-¿Cómo viviste ese duelo?
-Trabajando. Mi hijo vino a todas las películas que hice entonces, estuvo en los sets durmiendo en las camas de los decorados o en el cochecito. Eran filmaciones de doce horas o más, lo llevaba conmigo, porque no era siempre fácil encontrar a alguien que lo cuidara, yo hice un poco de mochila a mi hijo.
De Lolita a femme fatale
-Cuando tenías 12 años te sacaron una foto en la playa y saliste en la revista Siete Días. ¿Cómo lo tomaron tus padres? ¿Eran conservadores?
-No, mi madre era totalmente liberal, una adelantada, porque tenía 13 años cuando empecé como modelo, lo que llamaban una Lolita. Mi madre me tuvo a los 36, y tanto ella como mi padre me dieron plena libertad; incluso en muchos momentos fui sostén de mi familia, porque las modelos ganábamos fortunas en esa época. No paraba de viajar y hacer desfiles todos los fines de semana por todo el país.
Una foto de Mónica Gonzaga en relax. Tuvo grandes amores, como Cacho Castaña y Julio Iglesias.
-¿Estabas en el colegio todavía?
-Sí, salía del colegio José Manuel Estrada en Constitución, me sacaba el uniforme, me ponía un pantalón y un suéter y me iba a los casting o a los desfiles. Terminé la secundaria, me recibí de perito mercantil y después me puse a estudiar idiomas; inglés en Los Ángeles, porque tenía una amiga allá. Hice dos películas norteamericanas, Stormquest y Amazonas, una en italiano (Colpo di fulmine) y en portugués (la versión de Amas de casa desesperadas). Acá estuve estudiando el neutro, pero todavía no me ha tocado nada, lo noto mucho más difícil que hablar otros idiomas, porque es muy parecido con distintas formas de pronunciación.
-Se nota que estudiaste neutro, porque la voz de Gladys no se parece a la “cheta” de Mónica Gonzaga.
-¡Tenés razón! La voz es una parte fundamental de la actuación. Cuando colocás todo el cuerpo para un personaje, como yo en Gladys, el plexo te tira y te lleva para ese lado, cambia tu voz, porque cambia la energía de todo tu cuerpo. Y aunque uno es uno y tiene su manera de hablar, de vestir, de todo, cada vez que aparece un personaje cambia.
Yo estudié con Julio Chávez, con Alberto Ure y con varios otros, pero creo soy más una actriz intuitiva. A los 20 empecé en cine. Toda la saga del amor (La carpa del amor, La playa del amor y La discoteca del amor) y los Bañeros... donde debutaron todos: Francella, Darín, un montón de actores, que hoy son como de otra escala, aunque los actores cuando se vuelven “actores un poco más comprometidos”, se olvidan.
-¿Reniegan de su pasado?
-No lo sé, pero no los escucho hablar de estas películas. Y lo más terrible de la situación es que esas películas juntaban 4 dólares la entrada y 1 dólar iba para el INCAA, y gracias a ellas, que metían mucho más de un millón de espectadores, había plata para hacer “las serias”, las que no eran comerciales.
Nosotros íbamos a la premiere vestidos de gala, nuestras películas bancaban a las otras, lo mismo que las de Porcel y Olmedo. Vos tenías seis películas fijas que te iba a entrar un montón de dinero para que después Fernando Ayala se diera el gusto de hacer Plata dulce o mi marido La noche de los lápices, por ejemplo. Siempre recuerdo el cine popular argentino porque los chicos que hoy tienen 40 años me veían en Los bañeros I y II y saben las líneas de la película de memoria. Era un cine bien argento.
Mónica Gonzaga como Gladys, su papel en la serie "Barrabrava".
-¿Cuándo supiste que querías ser actriz?
-No supe. Fui con mi book de modelo a una discográfica y en ese momento se había ido una actriz y se habían quedado sin la protagonista de La carpa del amor. Me llevaron directamente al set porque vieron que podía llegar a hacerla por edad y porque era “the girl next door”, la chica de al lado de la casa, una chica de barrio.
-Todo fue por “caer” en el momento justo...
-Exactamente, por azar. En el set estaban Cacho Castaña y Jorge Martínez, tuve que hacer una escena con el director Julio Porter. “Esta chica me sirve”, dijo. Y quedé.
-Y de pronto te empezaron a llamar para todo tipo de papeles. Del 2000 para acá te dirigieron, por ejemplo, Fito Páez en Vidas privadas, y Eliseo Subiela en Rehén de ilusiones. Y en Cama adentro trabajaste con Norma Aleandro.
-Fui metiéndome de a poco en esos lugares, aunque sea para hacer una escenita. Con Norma hicimos una escena en la peluquería y cuando terminamos me dijo: “Es chiquito, pero estuvo muy bien”. Esas cosas me fueron dando confianza. Lo mismo que Julio Chávez que me dijo: “Agarrá un director, un libro, ensayá y salí a hacer lo que quieras, porque vos podés hacer lo que quieras”.
-En 2023, se estrenó No salgas, la película de terror que produjo tu hijo y en la que actuaste con él.
-Sí, todo se hizo pulmón, es la manera de hacer cine hoy, con todos estos chicos que tienen una pasión total por filmar, que van juntando los pesitos y viendo cómo pueden hacer todo. No salgas se hizo acá, en mi casa, toda la utilería fue lo que tengo acá dentro. Adriano tiene 28 y se está por recibir de ingeniero, pero se dedicó al cine, heredó lo del padre y lo de su madre.
Mónica Gonzaga, junto a un afiche de Gladys, su personaje en la serie "Barrabrava".
-¿En qué momento pasaste de ser González a Gonzaga?
-Cuando hice La carpa..., porque Ayala, dueño de Aries Cinematográfica con Héctor Olivera, dijo “Ya está Martínez (por Jorge). Le vamos a poner Gonzaga, Mónica Gonzaga”. Y desde entonces soy más Gonzaga para todo el mundo y para mí misma que González.
-Esa película te cambió la vida para siempre.
-En todo sentido, porque en ese momento si quería que me tomen en serio no podía ser modelo y actriz, me hicieron un contrato por tres películas y me acuerdo que llegué tarde al último desfile, porque estaba filmando, ese día dejé mi carrera de modelo. Y en lo personal me cambió la vida rotundamente porque empecé a tener una pareja y de vivir con mis padres, a los 20 me fui a vivir con Cacho.
De amores y dolores
-¿Cuántos años viviste con Cacho Castaña?
-Cuatro. En Don Torcuato. Allí empecé a descubrir el mundo de la música. Era todos los domingos un asado en casa con diferentes artistas. Favio, Palito, Iva Zanicchi, Charles Aznavour... Por supuesto antes que a Cacho yo había conocido a Julio Iglesias que también era de la música, pero fue diferente.
Cacho Castaña y Mónica Gonzaga, un romance largo y duradero.
-¿Cómo lo conociste?
-En Venezuela, en un concurso de belleza al que yo había ido como modelo, y Julio cantaba; hicimos con él toda la gira y estuvimos un tiempo juntos. Después me vine acá para trabajar, y conocí a Cacho. Cuando terminamos volví a Los Ángeles, me reencontré con Julio y empecé a estudiar inglés y actuación.
-¿Cuántos años tenías en ese concurso?
-16 y viajé con una chaperona, una acompañante que me pusieron del concurso.
-Con Julio, desde los 16, tuviste una relación con “pausas” que se prolongó por años.
-Iba y venía, cada relación mía que terminaba volvía con Julio, estábamos un tiempo, regresaba acá por mi trabajo y después volvía a estar con él, hasta que ya no. Coincidimos cuando mi hijo tendría siete u ocho años en el Conrad de Punta del Este y siempre hubo una relación de mucho cariño mutuo.
Mónica Gonzaga recordó su relación con Julio Iglesias. Juntos fueron a la Casa Blanca, con Ronald Reagan como presidente.
-Entre tantas cosas, un día te llevó a la Casa Blanca...
-Porque él había sido invitado a cantar. Fui vestida de princesita, muy divertido. Ronald Reagan era el presidente y estaba con Nancy, su esposa, yo no estuve sentada en la mesa con ellos, porque el protocolo era para una mujer casada, digamos. Igual estuve en la fiesta y ellos saludaron persona por persona, a músicos, periodistas y a mí también.
-Con Cacho viviste en un ambiente muy musical, ¿te compuso alguna canción?
-Él decía que Pasarela de cristal (Corazón de maniquí, del disco Definitivamente, 1981). Y yo pensaba que Mi dulce aventurera (del disco Lo llaman el Matador, 1979). Creo que son los dos temas que compuso para mí. Con Cacho tuve una relación muy larga en el tiempo, el amor se transformó en ternura y en una amistad enorme y muy profunda hasta el último de sus días.
-Adriano suele bromear que podría haber sido hijo de él o de Julio Iglesias.
-Se ríe y yo me río cuando lo dice. En realidad, Cacho no podía tener hijos, lo digo porque lo contó en su libro. Y con Julio, aunque él me decía que quería tener hijos, tanto mi madre como yo veíamos que podía no ser sólido como padre, porque vivía dando vueltas por el mundo. Después tuvo un montón de hijos, yo sabía que iba a ser así porque siempre me lo decía.
Mónica Gonzaga y su hijo Adriano.
-¿Vos querías ser mamá?
-Sí, pero primero quería casarme y después, un hijo. Fui mamá a los 39.
-¿Cuándo conociste a Alejandro Sessa, tu marido y papá de Adriano?
-En 1986 viniendo de Los Ángeles. Alejandro se dedicaba a la parte exterior de Aries Cinematográfica, con Roger Corman, uno de los productores que más películas hizo en los Estados Unidos. Alejandro me contactó para hacer Stormquest (El ojo de la tormenta), nos fuimos a filmar a las Cataratas, nos enamoramos y ya no nos separamos hasta que se murió (el 10 de julio de 1998).
Nos casamos el 3 de febrero de 1995 en el Registro Civil de la calle Uruguay, para la boda hicimos una comida en el Museo de Arte Decorativo y fue muy emocionante.
-¿Casarte antes de tener un hijo era tu mandato?
-Mi mandato era ese, para tener un hijo tenía que estar bien económicamente y casada. Cumplí con esas cosas, pero viste lo que es la vida, a los seis meses de nacer nuestro hijo falleció mi marido. Por más que uno planee y decrete, las cosas pasan como tienen que pasar. Alejandro era 19 años más grande que yo y falleció muy joven, a los 60 (ella hoy tiene 68).
Mis padres murieron cuando yo tenía treinta años y mi suegra fue un apoyo enorme cuando quedé viuda, una segunda madre, una mujer muy especial que, por suerte, me acompañó hasta sus 98 años.
Mónica Gonzaga se reinventó como actriz y ganó un Cóndor de Plata por su papel en "Barrabrava".
-Te llevó mucho tiempo volver a formar pareja.
-Bastante. Recién con Adriano ya más grande formé pareja con Rosendo Fraga (el politólogo), estuve unos cuatro años con él y le agradezco mucho todo lo que hizo por nosotros, de acompañarme y compartir lo que es la adolescencia de un varoncito.
-Siempre hablás bien de tus amores.
-Es que no he tenido malas experiencias, gracias a Dios y a la Virgen. La gente que se cruzó por mi vida fue muy buena. Con mi primer novio es el día de hoy que seguimos hablándonos por teléfono para saber cómo estamos. No íbamos a la misma escuela, pero fue mi primer noviecito cuando tenía 14 o 15 años y siguió la amistad hasta hoy.
-¿Te gustaría volver a enamorarte?
-Hace quince años que estoy sola. Me gustaría volver a tener una pareja, un compañero más que nada, alguien con quien ir al cine o al teatro, con quien charlar y compartir lo bueno y lo malo de la vida. Veremos...
-¿Por qué no? Tu hijo dice que sos una genia de la vida.
-Él me ha visto batallar la vida desde chiquitito. La mejor enseñanza que le puedo dejar es no darse por vencido, transpirar la camiseta, pasar por lo que haya que pasar y sobreponerse. En definitiva, la vida es eso. Recibir la trompada, tratar de ponerse lo mejor posible, lavarse la cara y “next”, ver qué es lo que viene.
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